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7 de enero de 2018

Llegaron los Reyes, llegó la nieve...y llegaron los problemas

Las predicciones se han cumplido; se formó la borrasca fría que se preveía desde hace varios días y AEMET emitió, además de los avisos específicos del plan Meteoalerta, un aviso especial de nevadas para amplias zonas de la Península. Sin embargo, han vuelto a producirse graves problemas de tráfico sobre todo en la autopista radial de Madrid a La Coruña, fundamentalmente en zonas de su recorrido por las provincias de Ávila y Segovia, cercanas en general al límite con la de Madrid, áreas para las que, si no me equivoco, había un aviso de nivel naranja, además del aviso especial. 

(Foto: Susana Ramos/El Mundo)

Tal como voy observando, las reacciones en medios y en redes sociales van dirigidas básicamente en dos direcciones: la imprevisión -o falta de medios- de los responsables de la autopista (de peaje) y la imprevisión de los automovilistas por haber salido en esta situación sin llevar al menos cadenas o neumáticos de invierno. En cuanto al primer planteamiento, al no tener conocimiento de la gestión y la operación de la empresa responsable y de su coordinación con medios estatales, no puedo opinar demasiado, aunque es evidente que algo importante está fallando.  Es una situación para la que existía muy buena información y que, por desgracia,  no es en absoluto desconocida. 

Sí quiero detenerme algo más en el comportamiento de los automovilistas. ¿Cabe pensar que si durante la mañana de ayer, día de Reyes, hubiera llegado a sus móviles un mensaje en el que se comunicara la importancia de la situación meteorológica, acompañada con las posibles repercusiones en el tráfico y las recomendaciones específicas a tener en cuenta, se hubieran puesto en camino? Probablemente algunos, acuciados por las prisas o bajo un planteamiento muy optimista, lo hubieran hecho, pero estoy seguro que otros muchos hubieran aplazado su viaje o buscado otras alternativas. Es verdad que la gran mayoría de los conductores eran conscientes de que podía nevar, e incluso algunos que el aviso era naranja en algunas zonas, pero es claro -y esto se entendió en Estados Unidos hace mucho tiempo- que las personas necesitamos tener en este tipo de situaciones, no sólo la información meteorológica sino, unida a ella, y como decía antes, información sobre los impactos que se pueden originar en nuestras actividades -y muy especialmente en el tráfico- y recomendaciones claras y específicas sobre las mejores acciones a adoptar. Y todo ello, recibido fundamentalmente como mensaje en los teléfonos móviles de todas aquellas personas que decidieran recibir esta información y que, si se hace una eficaz campaña de información y difusión, serían la mayoría.

Ya he comentado con frecuencia mi opinión de que la planificación y la operación de los avisos meteorológicos no es sólo cuestión de meteorólogos o de responsables de Protección Civil, sino también de psicólogos sociales y expertos en comunicación. Y de que, con su colaboración, debe ser revisado el Plan Meteoalerta incluyendo además una revisión profunda de los umbrales y definiciones de los distintos avisos.  Además, para que esa revisión sea eficaz,  creo que sería importante contar con la propia experiencia de las personas que se han visto afectadas mediante encuestas -aunque no sean perfectas- con preguntas tales como: ¿qué imformación tenía?, ¿le resultaba clara?, ¿tuvo conciencia de que corría un riesgo?.. Y si la tenía...¿por qué decidió correrlo? Son estas informaciones, obtenidas cada vez que las personas se ven afectadas por situaciones de este tipo, las que pueden iluminar claramente los cambios a adoptar, cambios de los que siempre se habla cuando ocurren este tipo de situaciones pero que luego suelen quedar en el olvido.

Y una última reflexión sobre la decisión recientemente adoptada de poner nombres a determinadas borrascas. En este caso la borrasca que nos afecta no ha recibido ningún nombre propio. Indudablemente ello está de acuerdo con el protocolo adoptado por los Servicios Meteorológicos de Francia, Portugal y España en el que se contempla que, por ahora, sólo se nombrarán las borrascas que sean muy profundas y puedan generar fuertes vientos sin incluir, al menos por ahora, a las mediterráneas. Sin embargo, el planteamiento que se hizo en Estados Unidos al poner nombre a las grandes borrascas invernales era que, la población estaría mas atenta y receptiva a las informaciones meteorológicas; algo sobre lo que yo siempre he albergado dudas de que ocurriera una vez transcurrida la novedad. En cualquier caso, ¿habrían sido aquí las cosas distintas si la borrasca que nos afecta hubiera sido "bautizada"? Lo dudo pero, sí así fuera, ¿por qué no nombramos también a las borrascas que pueden desencadenar importantes temporales  de lluvia y de nieve?

Creo que la restricción de sólo nombrar a las borrascas que pueden dar fuertes vientos y además obviando, al menos por ahora, a las mediterráneas, puede ir bien en aquellos países donde están más acostumbrados a la nieve  y no están sujetos en general a fuertes lluvias convectivas y fenómenos asociados (recordemos el tornado de ayer en el campo de Dalías en Almería), pero en el caso de España, más afectada por danas y borrascas frías, y con un mar Mediterráneo, buen generador de borrascas, pequeñas pero a veces muy intensas, el planteamiento debe de ser otro. Sé que se está trabajando en ello, que no es un tema fácil y que los acuerdos internacionales son muy difíciles, pero si aún así se decide el "bautismo"... pregunto ¿no hubiera sido mejor esperar a una decisión de la OMM o al menos a un acuerdo de todos los países europeos? Y sí, sé que la respuesta no es fácil pero me parece importante plantearla. 

2 de enero de 2018

Esperando a los Reyes...y a sus "juegos de chorros"

Al igual que los niños que, tras los regalos navideños, están todavía a la espera de la llegada de los Reyes, profesionales y aficionados de la meteo no dejamos de escudriñar las sucesivas actualizaciones de los modelos de predicción para ver si se confirma la evolución atmosférica que nos conduciría a unos días de Reyes más fríos -como suele ocurrir en esas fechas- con abundantes precipitaciones, incluso bastantes de ellas en forma de nieve. Sería el mejor regalo que podríamos recibir cuando, salvo algunas zonas cantábricas y pirenaicas, seguimos estando bajo los efectos del largo periodo de sequía que poco han podido aliviar hasta ahora las fugaces vaguadas que han atravesado parte del territorio durante las últimas semanas. 

En efecto, el rápido crecimiento y avance hacia el este de una dorsal atlántica podría dar lugar a una profundización de la vaguada que le precede y que alcanzaría la Península Ibérica el día 5 con abundantes precipitaciones, sobre todo en la vertiente atlántica. 

Topografía de 500 hPa para el 5 de enero a las 00 UTC (ECMWF). Las zonas más o menos moradas pueden interpretarse como indicación del grado de mayor  o menor incertidumbre de acuerdo con el sistema de predicción probabilística. Una vaguada en proceso de profundización se acerca a Iberia a la que alcanzará rápidamente, con precipitaciones abundantes en la vertiente atlántica, ya el mismo día 5. La profundización mayor o menor de la misma y, a su vez, la abundancia y ubicación de esas precipitaciones, va a depender en buena medida de la velocidad y dirección específica del máximo del chorro que aparece sobre Azores y sobre el que todavía se mantiene una ligera incertidumbre. A su vez, el juego entre ese chorro descendente y el ascendente sobre Terranova van  a condicionar la evolución de la dorsal atlántica y la posible formación de una borrasca fría sobre la Península. 

Al día siguiente, lo que parece más probable, según maneja el modelo del Centro Europeo, el "juego de chorros", es que la vaguada colapse y de lugar a una borrasca fría que, dependiendo de la zona concreta donde se ubique, puede potenciar las precipitaciones en distintas zonas durante los dos o tres días siguientes y hacer bajar la cota de nieve hasta alcanzar bastantes zonas llanas. En principio no parece que su ubicación vaya a ser la ideal para que se generara una situación de precipitaciones abundantes y continuadas en las vertientes atlántica y mediterránea, sino que, más bien, cabría esperar chubascos de distribución irregular, a veces de cierta intensidad, salvo en el extremo nordeste donde serían más persistentes. Pero la evolución podría ser otra, tal como puede inferirse de los mapas siguientes: 


Mismo mapa y simbología anterior pero para 48 horas más tarde, 7 de enero. El modelo operativo centra a la borrasca fría sobre Pirineos aunque el sistema probabilístico tiene sus reservas sobre sí su ubicación final. Si se ubicara algo más hacia el sur/suroeste podría darse una ciclogénesis mediterránea en las zonas de Palos y Alborán, lo que, a su vez daría lugar a un temporal de lluvia y nieve, al menos en la mitad oriental peninsular y Baleares. Por el contrario, si la ubicación es la que refleja el operativo, gran parte de las zonas quedarían en la zona posterior de la baja recibiendo solamente algunos chubascos ocasionales, en su mayoría en forma de nieve o nieve granulada. Esa ubicación final depende del "juego conjunto" entre los vientos que rodean a a la baja en altura. 

Un día después, a las 00 UTC del día 8 la baja sigue sobre el nordeste peninsular según el modelo operativo pero hay síntomas de que podría haber una cierta retrogresión hacia el sur. En ese caso todavía cabría esperar la ciclogénesis a que antes me refería.  

Y ya, puestos a soñar un poco, parece que el regalo podría ser aún mejor dado que los modelos probabilísticos no descartan que el régimen de precipitaciones pudiera seguir en días sucesivos con más entradas sucesivas de borrascas frías. 

Ya para el día 11, y aunque, por supuesto, con una gran incertidumbre asociada, el modelo operativo muestra un marcado flujo del suroeste sobre la Península y la posible llegada de otra borrasca fría. 

Si eso fuera así...¿estaría empezando ese cambio de ciclo hacia un 2018 bastante húmedo como algunos expertos en Astrometeorología - que ya apostaron por un 2017 muy seco- vienen vaticinando desde hace ya mucho tiempo? Ojalá que 2018 sea generoso en lluvias. 

De momento centrémonos en los próximos días y observemos la evolución atmosférica. ¡Y pensar que el que nos llegue o no nos llegue ese temporal que tanto deseamos, pueda depender de que un máximo de viento tenga 20 o 30 nudos de más o de menos! 

29 de diciembre de 2017

Meteo 2017: Hechos y opiniones

Se acaba un año pródigo en acontecimientos meteorológicos. De varios de ellos me he ocupado en este blog, bien desde un punto de vista analítico, o desde las preguntas y retos que con frecuencia nos han planteado. 

Si damos un rápido vistazo a las entradas de 2017 nos encontramos para empezar con el fuerte temporal de nieve en la Comunidad Valenciana y zonas del bajo Aragón en enero, con graves problemas originados en el tráfico ferroviario y automovilístico y que destacó, entre otros aspectos, por su actividad convectiva y la aparición de algunas posibles lluvias engelantes, extremo éste que quedó sin determinar claramente. 




A mediados de marzo destacaron los fortísimos vaivenes térmicos con caídas de 12 a 14ºC en 24 horas y algunas precipitaciones muy significativasEn este contexto es impresionante el caso de Alicante que pasó de batir el récord de temperatura máxima de marzo y abril con nada menos de 34,8ºC en su aeropuerto a alcanzar, tres días después, otro récord: el de máxima precipitación en 24 horas, con 137 mm, algo verdaderamente significativo ya que las lluvias mediterráneas más intensas siempre las hemos atribuido al periodo otoñal.

Ya en junio nos sorprendió con una fortísima ola de calor -no sólo en España sino también en buena parte de Europa- que batió muchos récords y que no hizo sino seguir confirmando los estudios que indican que el verano le va robando días a la primavera.



 Julio tampoco se quedó atrás en temperaturas máximas de modo que Córdoba alcanzó la máxima absoluta nacional con 46,9ºC el 13 de julio, algo que provocó un gran debate sobre la obtención y validación de temperaturas en los distintos observatorios de la red secundaria donde, al parecer, se registró algún valor todavía más elevado. 



Pero julio también tuvo en su comienzo unos días de fuertes tormentas con crecidas relámpago en algunos torrentes que originaron algunas víctimas mortales, de modo que volvió a plantearse la eficacia en la difusión de los avisos de fenómenos adversos. 

Justo en su comienzo, agosto nos proporcionó un nuevo episodio de altas temperaturas que afectó al área mediterránea con la aparición de algunos fenómenos locales que intensificaron más si cabe el efecto de la propia entrada cálida. Fue muy destacable en esta situación la gran extensión meridional de la estrecha vaguada en cuya zona delantera se produjo la advección cálida. 

Imagen de Meteosat canal WV del 1 de agosto

En octubre nos sorprendió la trayectoria del huracán "Ophelia" pero sobre todo su mantenimiento como tal huracán hasta latitudes muy elevadas así como su posible relación, más o menos directa, con los fortísimos incendios forestales que se registraron coincidiendo con su paso -aunque a cierta distancia- en Portugal y Galicia. Una cuestión -la de esta posible relación, no sólo por viento- que, como ya indiqué en la entrada correspondiente, creo que debería estudiarse más a fondo.

A las 19 UTC del 15 de octubre, cuando los incendios surgían con gran intensidad en el noroeste peninsular. Ophelia pasaba cerca de Galicia y provocaba sobre estas zonas una notable entrada de aire tropical al menos en la troposfera media, con un claro aumento del viento en superficie. 

Y ya, en diciembre, la novedad ha sido el inicio del bautismo de borrascas intensas habiendo recibido hasta ahora a "Ana" y "Bruno", que no han dejado de ser las típicas borrascas, sobre todo muy ventosas, del principio del invierno. Como decía en la entrada correspondiente, bienvenida la decisión de bautizar si éste es el acuerdo de tres Servicios Meteorológicos si bien sigo pensando que debería ser una decisión de la OMM. En cualquier caso creo que sigue existiendo el riesgo de que se asocien biunívocamente nombres y peligrosidad. 

Pues bien, en el contexto de todas estas situaciones he ido expresando mis opiniones sobre aquellas cuestiones que a mi juicio deberían abordarse para lograr un mejor servicio público en un sentido amplio. En cualquier caso, ahora, a punto de finalizar el año, me quedo con dos de ellas que me parecen fundamentales. 

Por una parte, y como tantas veces he apuntado, creo muy importante la revisión en profundidad del Plan de Avisos Meteorológicos o Meteoalerta.  Pienso que esa revisión debería abordarse desde un punto de vista multidisciplinar para mejorar sobre todo la determinación de los umbrales de aviso y asegurar la mejor difusión y comprensión de los mensajes. Es un servicio público fundamental que no es sólo responsabilidad de AEMET, aunque sea "el actor" principal, sino también de las Protecciones Civiles, expertos en gestión del territorio, psicólogos sociales y comunicadores. 

Por otro lado, algunas de las situaciones atmosféricas que se han producido enmarcadas en el contexto de una tendencia ya observada durante varios años, hacen pensar en cambios en las circulaciones a gran escala que afectan a la Península. Estudiar -y explicar- la mayor o menor relación de ellas con el calentamiento global, así como la evolución que cabría esperar en esas circulaciones atmosféricas -polares y subtropicales-, y su impacto en nuestra vida, me parece también de gran importancia.

Y antes de finalizar, no quiero dejar de señalar algo que me resulta muy positivo y es la mayor accesibilidad gratuita a productos del Centro Europeo tanto a través de las webs de AEMET y Tiempo.com. Además, y aún con las dificultades que subsisten, el uso y la comprensión de los productos probabilísticos  por parte de los aficionados va creciendo lentamente, así como su presencia -todavía muy discreta- en algunos espacios  de información meteorológica. Al menos para mí, es un avance significativo. 

Y ahora ya esperemos la evolución de todo ello en 2018....y las nuevas sorpresas de la atmósfera. Mientras tanto, mis mejores deseos para todos los amigos y seguidores de este blog en este nuevo año.

9 de diciembre de 2017

Recibiendo a "Ana"

En varias ocasiones he expresado mi opinión contraria al hecho cada vez más extendido de "bautizar" con nombres propios a borrascas intensas o con potencial peligrosidad con el fin -se dice- de llamar más la atención del público sobre los riesgos asociados. He justificado esa opinión por dos razones. La primera, por la posibilidad de que se asocie necesariamente nombres con peligrosidad, de tal modo que, sí una borrasca u otro fenómeno atmosférico no lo tiene, se pueda bajar la guardia al suponer que no se van a producir fenómenos adversos. Es algo parecido a lo que ocurrió hace unos años en Estados Unidos con "Sandy" cuando dejó de ser "Sandy" o el ejemplo de aquí mismo con la asociación entre "gotas frías" e inundaciones, asociación que, aún dándose en ocasiones, no se verifica siempre ni en uno ni en otro sentido. La segunda razón estaba basada en mi convencimiento de que una decisión de este tipo debe adoptarse en el seno de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) con unos criterios y normas que afecten a todos los Servicios Meteorológicos, y a las que podrían incluso sumarse algunas empresas privadas de meteorología que también han decidido utilizar esta práctica. 

La verdad es que esperar a que la OMM tome una decisión en este aspecto implica aguardar pacientemente, incluso años, dada el complejo funcionamiento de una estructura de este tipo y la necesidad de buscar consensos ante opiniones muy distintas. Quizás sea esa razón, junto con la de que no quede una iniciativa de este tipo en manos de organizaciones privadas, la que ha llevado a AEMET, Météo-France y el Instituto Portugués del Mar y la Atmósfera a establecer un acuerdo para nombrar a borrascas de especial peligrosidad con nombres propios. En él, se establecen unos criterios conjuntos de funcionamiento, y también una coordinación con los Servicios Meteorológicos de Gran Bretaña y de Irlanda que ya utilizan esta práctica desde hace algún tiempo. Se pretende, además, ir extendiendo esta iniciativa al resto de Servicios europeos.

Si bien sigo todavía sin ver la utilidad real o el beneficio de una acción de este tipo más allá de un primer impacto mediático, creo que, una vez tomada la decisión, los criterios establecidos son bastante adecuados y prácticos. Quizás, como ya pasó en el caso de los avisos meteorológicos agrupados en Meteoalarm, sea una demostración de este tipo a nivel europeo, y la constatación de su posible eficacia, lo que abriría camino a la iniciativa de la OMM a escala mundial. En cualquier caso creo que habrá que hacer hincapié en que el hecho de que una borrasca no lleve nombre no quiere decir necesariamente que haya que bajar la guardia ante ella y a eso va a ayudar desde luego que en estas situaciones siempre tienen que darse en paralelo con avisos rojos o al menos naranjas. Y ésto es, si cabe, aún más necesario teniendo en cuenta que, al menos en principio, sólo recibirán nombre las borrascas atlánticas y no las mediterráneas. 

Pues bien, nada más puesta en vigor esta iniciativa (lo ha sido el 1 de diciembre) ya se presenta la primera aplicación práctica en una época climatologicamente muy adecuada como es el inicio del trimestre invernal. A partir de mañana domingo se pone en marcha un proceso de ciclogénesis explosiva que va dar lugar a una borrasca muy profunda, con paso rápido por el Golfo de Vizcaya hacia el interior europeo, que va a provocar vientos muy fuertes, temporal duro en la mar y lluvias copiosas en algunas zonas. De acuerdo con la lista consensuada de antemano, ya tiene nombre: "Ana" y así figura ya en algunos productos de los Servicios Meteorológicos afectados. AEMET ya la denomina de este modo en su último aviso especial  o en su mapa de superficie previsto para las 00 UTC del próximo lunes:
Mapa de presión en superficie previsto por AEMET para las 00 UTC del próximo lunes. "Ana" aparece en el golfo de Vizcaya.
También lo hace el Servicio Meteorológico portugués en este comunicado especial . Por su parte, Météo France, aún haciendo ya referencia a esta situación no parece que aún haya hecho referencia explícita a "Ana" aunque pueda hacerlo en cualquier momento.  Por su parte, en los mapas del Met. Office británico no aparece aún esta denominación:

Mapa de presión en superficie previsto por el Met. Office para las 00 UTC del próximo lunes. Como no puede ser de otra manera es casi idéntico al emitido por AEMET aunque, al menos hasta ahora, a la borrasca del golfo de Vizcaya no se la distingue con ningún nombre. 
Por otra parte, tengo curiosidad por conocer cuál será la decisión adoptada por el departamento de Meteorología de laUniversidad Libre de Berlin que lleva ya muchos años bautizando borrascas y anticiclones de acuerdo con una lista propia. ¿Será respetada la denominación de "Ana"?

En fin, aunque sigo siendo algo escéptico, acojo con mucho interés esta iniciativa y deseo que se vaya demostrando su utilidad. Recibimos pues a "Ana" por una parte con alegría por las lluvias y nieves que pueda traer, y con preocupación por otra, por los posibles destrozos y problemas que el viento pueda ocasionar. Esperemos que no sean tan graves como, al igual que en el caso de los huracanes muy dañinos, se decida quitar su nombre de sucesivas listas, algo que podría llegar a plantearse en alguna ocasión con este tipo de borrascas. De momento, tras Ana, llegará "Bruno" aunque aún no atisbamos su nacimiento. 







27 de noviembre de 2017

Dos cabalgan juntos (O cómo obtener lluvia del modo que sea)

Mientras seguimos esperando una bajada en bloque del chorro polar que nos traiga un temporal de lluvias atlánticas, o una dana colocada en el lugar adecuado para generar una adecuada situación de lluvias mediterráneas, y con un poco de suerte, también atlánticas, buena es cualquier situación que, mediante un mecanismo u otro, nos regale la deseada precipitación. Pues bien, una de ellas, que no es de los más corrientes, es la que va a tener lugar durante las últimas horas del martes y el miércoles y  podría dar lugar a lluvias, algunas significativas, en la mitad sur peninsular.

Comencemos viendo la imagen del canal de vapor de agua de Meteosat de primera hora de esta mañana. 

Imagen del canal de vapor de agua de Meteosat de hoy, a las 09 UTC. Son de destacar las dos amplias bandas de carácter tropical-subtropical fluyendo casi paralelamente. La más oriental corresponde al chorro subtropical mientras que la más occidental está provocada en buena medida por la circulación asociada a la baja atlántica. 

Destaca con toda claridad la amplia borrasca atlántica situada al suroeste peninsular y la amplia banda de la circulación tropical-subtropical que, por su flanco delantero, se dirige, subiendo poco a poco de latitud, hacia la Península. Si bien la imagen refleja la gran humedad existente entre los 500-600 hPa aproximadamente, la que muestra el agua total precipitable - que de algún modo nos marca la intensidad y recorrido de los denominados "ríos atmosféricos"- nos indica que esa circulación contiene globalmente mucha humedad. Es la que, en combinación con un mecanismo adecuado como ascensos verticales dinámicos, o choques con obstáculos orográficos, puede dar lugar a esas cantidades significativas de precipitación.



Pues bien, a partir de mañana ese "río" va a enfocarse más hacia el sur-suroeste peninsular y la cuestión que cabe preguntarse ahora es sí va a encontrarse con un mecanismo -aparte de los orográficos- que provoque ascensos que, a su vez, sean capaces de generar espesas nubes precipitantes. Pues parece que sí, vamos a buscarlo.

En la zona norte de la imagen de Meteosat empieza a destacarse, aunque todavía se ve con dificultad, una zona oscura sobre Gran Bretaña que va unida a la formación de una vaguada del chorro polar. Esa vaguada se va a ir profundizando más, al tiempo que el chorro, en cuyo seno se encuentra, va a descender de latitud encontrándose ya mañana por la noche sobre el área Cantábrica. Va a ir acompañada por un frente frío en superficie que recorrerá la Península de norte a sur durante la noche del martes al miércoles y el propio miércoles.

Este mapa nos muestra las posiciones e intensidades de los chorros al nivel de 300 hPa a primera hora del miércoles 29. Puede observarse al chorro polar sobre el norte peninsular y, por otra parte, a un ramal de la circulación subtropical que rodea a la baja atlántica y que ha remontado desde el suroeste curvándose anticiclónicamente. Es importante el acercamiento entre ambas circulaciones.

Por sí misma, esta situación daría precipitaciones abundantes de lluvia y nieve en las áreas Cantábrica y pirenaica, mucho más débiles en otros macizos montañosos de la mitad norte y de forma ya muy aislada y casi testimonial en algunas de las sierras béticas. Sin embargo, en este caso, la masa de aire frío del frente, se va a encontrar en el tercio/mitad sur peninsular con el aire húmedo arrastrado por la circulación subtropical. Ese aire frío, al ser más denso, entraría en cuña bajo el aire húmedo y lo levantaría potenciando la formación de nubes. En ese proceso también ayudan los ascensos verticales que normalmente acompañan a zona delantera de la vaguada en altura. Todo ello es ya de por sí suficiente para que se generen precipitaciones; pero hay algo más.

Sin que la circulación subtropical parezca que sea un chorro potente -aunque eso se vería mejor en el nivel de 200 hPa- vemos que los mapas previstos de chorros para el miércoles sí nos muestran el acercamiento del chorro polar a la circulación subtropical. Llegan, no tanto a confluir sus núcleos principales -porque el subtropical suele encontrarse por encima del polar-, sino probablemente a superponerse uno sobre otro y, en cualquier caso, reforzando la intensidad del chorro polar o, ahora, chorro superpuesto (jet superposition o superposed jet en la literatura anglosajona). Debo confesar -y por eso he puesto el título que he puesto- que cuando me encuentro con ese discurrir conjunto de ambos chorros siempre me acuerdo de aquella estupenda película del oeste dirigida por John Ford titulada "Dos cabalgan juntos".

Durante la tarde del miércoles, la circulación del chorro polar ha confluido con la subtropical apareciendo sobre el sureste peninsular un máximo relativo de viento. La zona de "entrada" con curvatura anticiclónica se encuentra sobre el suroeste peninsular e irá acompañando al máximo en su desplazamiento hacia el norte de África. 

Pero ¿que nos puede aportar esa "cabalgada" conjunta?. Pues, como ya hemos visto, una intensificación de una zona del chorro, un máximo de viento que se iría propagando desde el suroeste por el sur peninsular. Es bien sabido que la zona delantera del lado ciclónico de un máximo de viento -zona normalmente difluente- suelen darse marcados ascensos del aire pero, sin embargo, quizás sea menos conocido que también se dan ascensos en esa zona anticiclónica trasera "de entrada", que acompañaría al máximo de viento en su recorrido por el sur. 

Por tanto, como vemos, existen varios potenciales mecanismos que podrían dar lugar a precipitaciones significativas en zonas de la mitad sur, siempre que haya una interferencia "constructiva" más que "destructiva" entre unos y otros. En cualquier caso, potencialidades para algunas precipitaciones interesantes existen.

Precipìtación acumulada desde hoy hasta el próximo jueves, día 30, a las 06 UTC. Pueden verse dos zonas claramente diferenciadas: la del norte, debida a la entrada del aire polar y la de la mitad sur, consecuencia en buena medida de la interacción entre la circulación polar y subtropical y sus masas de aire asociadas. 

A partir del jueves-viernes, esa "cabalgada conjunta" se alejará por el Mediterráneo-norte de África mientras que la Península y Baleares quedaran ya bajo la circulación del chorro polar. Éste, junto con el frío, nos regalará de nuevo nevadas en las áreas cantábrica y pirenaica,  más débiles  y dispersas en el resto de los sistemas montañosos y, quizás, en algunos altos páramos de Castilla y Aragón. A falta -todavía- de grandes temporales, bienvenida sea el agua por uno u otro mecanismo. 

17 de noviembre de 2017

¿Cuándo va a llover?

Antes que nada, y para evitar gasto de tiempo y no llevar a equívocos al lector que, ilusionadamente, haya abierto esta entrada, esperando encontrar la respuesta a esa pregunta, debo decir que, lamentablemente, no va a encontrar aquí una respuesta concreta. Sí la pongo como título es porque refleja la gran cuestión que hoy está en la conversación de muchísimas personas, en los medios de comunicación y en las redes sociales. 

He notado que, en el fondo de esas conversaciones y comentarios, late una cierta decepción y un punto de tristeza al constatar que, en una época de tantos avances científicos y tecnológicos, la meteorología no pueda aún ofrecer una respuesta concreta más allá de unos días vista, al menos para nuestras zonas geográficas. La complejidad del sistema Sol- Océano-Atmósfera, es tanta que, aunque cada vez conocemos un poco más,  no es suficiente todavía para modelizarla adecuadamente de modo que podamos obtener predicciones más certeras. Y a ello hay que unir la propia naturaleza caótica de la atmósfera con la necesidad de establecer siempre predicciones de carácter probabilístico. Todo ello hay que explicarlo con sencillez y asumirlo al igual que también asumimos con satisfacción la espectacular mejora de las predicciones a corto y medio plazo durante los últimos 15 o 20 años. 

Sin embargo, la constatación de esta dificultad predictiva así como la del conocimiento del carácter cíclico de las sequías en la cuenca mediterránea, no parece que aún hayan convencido del todo a los distintos responsables para tomar medidas más eficaces sobre la gestión del agua. Ya en primavera, a la vista de la situación en aquel momento, comentábamos las dificultades que íbamos a experimentar si el otoño venía seco, como así está siendo. No veníamos ya de una situación de superávit hídrico: si tomamos los datos de los informes publicados en los últimos años por AEMET, cabe recordar que el último año con carácter de "muy húmedo" fue el 2010 (el único que ha habido hasta el momento al menos desde 2005). Después, 2011 y 2012 fueron secos, 2013 y 2014 aproximadamente normales, 2015 muy seco, 2016 normal y 2017....ya vemos como se está comportando. 

Pero, más allá del carácter concreto de cada año en los que se refiere a valores absolutos de precipitación, es muy importante tener en cuenta dos cosas más. La primera es la importancia que tiene el "cómo llueve", es decir, si esas lluvias son las más adecuadas para rellenar acuíferos y embalses y ayudar a la agricultura o bien su distribución irregular durante el año y/o su torrencialidad no las hace las más adecuadas, como en buena medida viene ocurriendo. Por otra parte, el carácter cálido o muy cálido predominante de estos últimos años está favoreciendo mucho evaporaciones y evapotranspiraciones contribuyendo así de un modo notable al déficit hídrico. 

Y no nos puede servir de mucho consuelo pensar que, de acuerdo con las proyecciones climáticas, las lluvias, aunque disminuyendo, lo harán de forma muy pausada. Aún en el caso de que eso sea cierto, lo que sí parece muy probable es que su irregularidad o torrencialidad y la acusada evaporación se mantengan o incluso puedan aumentar. Ante este panorama creo que debe ir abandonándose, o al menos matizádose mucho, ese comodín de que las sequías son cíclicas en el área mediterránea y de que, al final, siempre llueve. Más bien deberíamos asumir la alta probabilidad de que nuestros recursos hídricos van a ir siendo menores por las causas expuestas. Y desde esa asunción, planificar a largo plazo una adecuada gestión hídrica si no queremos vernos en serias dificultades. 

En cualquier caso, si algún lector ha llegado hasta aquí, creo que merece que hagamos algún intento de acercamiento, más que de respuesta, a la pregunta que da título a esta entrada. Pues bien, si consultamos los mapas probabilísticos del Centro Europeo, vemos que entre mediados y finales de la próxima semana algunas vaguadas atlánticas pueden acercarse al oeste peninsular y provocar lluvias en el noroeste y puntos de la mitad oeste.  En cualquier caso la incertidumbre es bastante alta y todavía podría haber cambios en uno u otro sentido.
Predicción probabilista del Centro Europeo para el sábado 25 de noviembre. La configuración del modelo determinista facilitaría la aparición de lluvias en la vertiente atlántica, pero los fuertes tonos morados al oeste nos indican todavía bastante incertidumbre, de modo que la vaguada o borrasca fría pudiera quedarse al oeste peninsular y provocar una entrada cálida sobre la Península Ibérica.

No son muy optimistas tampoco los mapas de predicción del mismo Centro para las próximas tres semanas, ya que siguen apuntando a anomalías cálidas y secas sobre nuestras zonas. Y es muy preocupante porque, de cumplirse, noviembre podría acabar muy seco y con él, el trimestre otoñal. 

Anomalías de precipitación y de temperaturas para la semana del 20 al 26 de noviembre. Lluvias en general por debajo de lo normal salvo en el oeste-noroeste peninsular donde serán normales y temperaturas en todas las zonas, por encima de los valores normales. 
Anomalías para el 27 de noviembre al tres de diciembre y del 4 al 10 de ese mismo mes.  Las precipitaciones van tendiendo a la normalidad en la mitad norte y las anomalía cálida se va debilitando. 

Nos toca confiar ahora en el invierno. Aunque es verdad que, en general, el otoño es siempre más lluvioso que el invierno, ha habido algunos de éstos que nos han ofrecido sorpresas interesantes. Recordemos por ejemplo el año 2009 cuando, tras once meses secos o muy secos, la segunda quincena de diciembre fue especialmente lluviosa, algo que se prolongó durante enero y febrero de 2010. ¿Pasará así en esta ocasión? Es posible, pero, al menos desde la meteorología "ortodoxa", no lo sabemos. Ojalá sea así. Lo que sí sabemos es que en una sociedad actual no podemos ligar solamente nuestro bienestar a esa idea, desde mi punto de vista muy peligrosa, de que "al final siempre acaba lloviendo".

20 de octubre de 2017

Ophelia, el fuego y la lluvia

En mi entrada anterior me refería al interesante y relativamente extraño proceso de formación del huracán Ophelia y de su trayectoria hacia el occidente europeo. Al mismo tiempo expresaba mi convencimiento de que cada vez debemos estar más atentos a los desarrollos y trayectorias de las circulaciones ciclónicas tropicales y subtropicales y, en general, del comportamiento del chorro subtropical en nuestra área geográfica.


Imagen del canal 5 (WV) de Meteosat a las 19 UTC del sábado 14 de octubre. Se ve claramente a Ophelia a mucha distancia de la Península Ibérica

Pues bien, una vez que la profunda borrasca extratropical en que, finalmente, se convirtió Ophelia se ha desvanecido en el seno de la atmósfera, me parece interesante incidir sobre dos consecuencias relacionadas con ella en mayor o menor medida, que me han llamado la atención y que  nos han afectado en los últimos días. Una, la ocurrencia de los incendios en el noroeste peninsular. La otra, las fuertes lluvias que siguieron en gran parte de la Península, provocando una rotura muy transitoria del régimen anticiclónico en el que llevamos instalados de forma casi permanente. 

Por lo que se refiere a los incendios, antes de nada, me parece importante recordar el escenario general ambiental en el que se desarrollaron y que queda en buena parte reflejado por el mapa del Standard Precipitation Index (SPI) de octubre de 2016 a septiembre de 2017, y que nos da una idea de la escasez de lluvias en ese periodo: 


Los colores "cálidos" aparecen en zonas de déficit de precipitación respecto a valores normales desde octubre de 2016 a septiembre de 2017. Impresiona la situación del noroeste peninsular

En cualquier caso, la escasez de lluvias en el noroeste peninsular viene ya de largo, como puede verse en este otro mapa de SPI correspondiente al conjunto de los tres últimos años. 

Entre octubre de 2014 y septiembre de 2017, el déficit de precipitación se extendió por todas las zonas aunque con mayor intensidad en el noroeste y nordeste. 

Pues bien, en ese contexto de extrema sequedad, ocurrió el fuerte remonte  de aire tropical, cálido y seco, del suroeste que afectó desde mediados de la semana pasada a la Península, y que lo hizo con mayor incidencia en el tercio occidental de la misma, tal como se ve en este mapa del Centro Europeo.


Topografía de 500 hPa y campo térmico a 850 hPa del sábado 14 de octubre a las 12 UTC (fuente: Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo)
Y fue en este escenario cuando durante la tarde-noche del domingo 15,  huracán Ophelia, ya en plena transición extratropical, pasó a no gran distancia de las costas occidentales peninsulares produciendo un aumento del viento cálido y seco, facilitando el traspaso del peligroso umbral 30-30-30 en las regiones del noroeste. Unas condiciones que han ocurrido en Galicia en más ocasiones, pero supongo que no tantas en octubre y tras una escasez de lluvias tan prolongada.



A las 19 UTC del 15 de octubre, 24 horas después de la imagen anterior, y cuando los incendios surgían con gran intensidad en el noroeste peninsular. Ophelia pasaba cerca de Galicia y provocaba sobre estas zonas una notable entrada de aire tropical al menos en la troposfera media, con un claro aumento del viento en superficie. 

No soy muy experto en incendios forestales pero creo que, en esas condiciones, las chispas procedentes de pequeños fuegos, voluntarios o involuntarios, pudieron prender con facilidad en piñas o ramas de árboles que el fuego transportó a gran velocidad y con tremenda eficiencia.

Sin embargo, sí hay un detalle meteorológico que probablemente no tuvo ninguna relevancia en el rápido desarrollo y propagación de los incendios pero que sí quiero comentar por si alguien experto en su dinámica le puede resultar interesante. En las imágenes de algunos canales de Meteosat, muy especialmente, en el 6 y en el 9, se observa sobre Galicia, aunque con cierta dificultad, una nubosidad típica de ondas gravitatorias. No se generaron allí sino que se vinieron propagando a lo largo del día 15 sobre la primera banda o filamento nuboso  que se acercaba desde el océano.


En esta imagen del canal 6 de Meteosat correspondiente a las primeras horas de la noche del día 15, se observa como Ophelia  está completando su transición extratropical cerca de Galicia, al tjempo que advecta sobre el occidente peninsular una masa de aire tropical relativamente húmedo en los niveles troposféricos medios. En el seno de esa masa, y al menos sobre la mitad oriental de Galicia, se observan esas nubes transversales, típicas de ondas gravitatorias. 

Ese tipo de estructuras conviene tenerlas en cuenta porque, a veces, su rotura provoca movimientos verticales del aire que puede producir reventones cálidos o, al menos, cierta turbulencia. No tengo ninguna constancia de que ello ocurriera, y casi con toda seguridad fue el viento en aumento el responsable de la rápida propagación del fuego...pero me parecía interesante reseñarlo. 

Por lo que se refiere al temporal de lluvias fuertes que nos afectó a continuación he de confesar que me "chirriaban" un poco algunas expresiones que apuntaban a que Ophelia podía abrir el paso de las borrascas atlánticas hacia la Península. Sin embargo, vista la evolución de las topografías de 500 hPa de los días 16 al 19, sí que considero la posibilidad de que pudo ser la interacción de Ophelia con la vaguada del chorro polar  la que forzó a la circulación a reestructurarse, dando lugar a que la vaguada que venía a continuación se frenara, se estrechara después y, finalmente, acabara dando lugar a la dana que nos ha acaba de afectar.  Esa evolución puede verse en los siguientes análisis de las topografías de 500 hPa:



Análisis del 16 de octubre a 00 UTC. La vaguada con la que ha interaccionado Ophelia se encuentra al noroeste de Galicia. Una segunda vaguada del chorro polar la sigue en pleno Atlántico. 

Análisis del 17 de octubre a 00 UTC. La segunda vaguada ha bajado de latitud y se acerca al noroeste peninsular


Análisis del 18 de octubre a las 00 UTC. La vaguada se estrecha, al tiempo que avanza muy lentamente hacia el este.


Análisis del 19 de octubre a las 12 UTC. La vaguada ha dado ya lugar a una dana sobre el interior peninsular.

Tiende a reafirmarme más en ello, el hecho de que, tras su paso, la gran dorsal norteafricana se vuelve a extender sobre España y parece que va a seguir haciéndol0 al menos hasta fin de mes. Sin embargo, a favor de que Ophelia no hubiera intervenido significativamente, está el hecho de que la dana se haya formado en unas fechas climatológicamente muy proclives para procesos de este tipo  en nuestra zona. 

De una forma u otra, supongo que no tendremos que esperar a una nueva interacción de alguna estructura tropical o subtropical con el chorro polar para que vuelvan las necesarias lluvias. En cualquier caso, y como apuntaba anteriormente, creo que debemos estudiar, conocer y vigilar cada vez más la atmófera tropical y subtropical, esa atmósfera que parece ascender cada vez más hacia el norte.