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29 de junio de 2012

"Records" que hacen pensar

Aunque las altas temperaturas todavía se mantendrán algo mas en el sureste peninsular, lo cierto es que finaliza ya el episodio caluroso que ha afectado a buen parte de España desde el pasado lunes y que ha dado lugar a la superación de efemérides absolutas, o dicho de otra manera,  a que se hayan batido récords absolutos tanto en las máximas como en las mínimas mas altas en muchos observatorios.

Aunque, como ya decía en mi última entrada, no existe una definición universalmente aceptada de "ola de calor", creo que el público en general ha calificado así este episodio. Es verdad que, en cuanto a duración, ha superado de forma muy justa ese intervalo temporal de "tres días o más" de temperaturas muy superiores a los valores normales de la época y quizás en algunos puntos no lo haya hecho. Aún así, tanto por intensidad como por extensión geográfica, creo que el episodio puede recibir tranquilamente esa denominación.

En cualquier caso, más allá de esta polémica de "galgos o podencos", lo que si me parece muy significativo es tener en cuenta que las zonas donde se han batido récords de máximas y mínimas mas altas ha sido en observatorios de Castilla La Mancha, Levante y sobre todo de Castilla y León. En algunos de ellos los récords han sido por nada menos que 2 grados lo que desde el punto de vista climatológico es un valor muy, muy importante. Si no recuerdo mal en la ola de calor de agosto del 2003, las anomalías fueron del orden de unos tres grados.

La justificación "sencilla" de estas anomalías puede darse a la vista de los análisis de  temperatura a 1500 metros de estos días pasados. Puede verse en ellos como la "cúpula" de aire cálido norteafricano penetra en cuña sobre la Península con la "frontera" de los 24º extendiéndose por Castilla y León. Este umbral de temperatura es importante ya que suele coincidir en verano en Andalucía y sur de Castilla La Mancha con el alcance del umbral de los 40º en superficie siendo ya la de 26 la que suele ir aparejada con valores de 42º o algo más. Y digo con toda intención "Andalucía y sur de Castilla La Mancha" porque, en general, esa "frontera" de los 24 o 25 no suele remontar mucho mas hacia el noroeste, incluso en el mes de julio. El hecho de que esta vez sí lo haya hecho puede justificar la aparición de los "récords" a que antes hacía referencia.

Pero, como es lógico, la pregunta que viene a continuación es cual es la causa de que esta vez haya llevado a cabo esa "remontada" mas bien inusual. No existe una respuesta adecuada a esa cuestión hasta que no se realice un estudio riguroso y detallado de la situación. Desde un punto de vista meramente especulativo pienso que puede estar en relación, al menos parcial, con el calentamiento del Ártico que a su vez origina un "chorro" mas débil, mas "alto" de latitud y con mas meandros. Ésta es, a su vez, una configuración que da lugar a mas fenómenos adversos y en concreto a olas de calor mas intensas y extensas tal como comenté en una entrada anterior de este blog.

Sería interesante, y estoy seguro de que se va a llevar a cabo, que tanto por parte de Aemet como por algún Departamento universitario se realizaran algunos estudios referidos, por una parte al mecanismo atmosférico que ha dado lugar a esta situación en relación con algunas particularidades de la circulación general como, por otra, a la posible atribución de este episodio al cambio climático tras un análisis riguroso de las series climatológicas de los observatorios en las zonas afectadas como ya se ha hecho para otras zonas de Europa y América desde hace poco tiempo. Una vez obtenidos los resultados, una adecuada y cuidadosa divulgación de los mismos sería de capital importancia tanto desde el punto de vista de la debida y necesaria información a los ciudanos como a su mayor concienciación sobre el cambio climático.



25 de junio de 2012

¿Ola de calor?


Siempre que llega un periodo de temperaturas muy elevadas a finales de la primavera, verano o principio de otoño surge la polémica sobre si se trata o no de una “ola de calor”. Y si salta la polémica es, lógicamente, porque no existe una definición clara del fenómeno.

 En sentido amplio podríamos decir que una ola de calor es un periodo de varios días en los cuales, tanto las temperaturas máximas como las mínimas, alcanzan valores muy superiores a los que podrían considerarse climatologicamente normales para el lugar de que se trate y la época del año. Como puede verse en esta “definición” es necesario concretar dos cosas. La primera es qué se entiende por “muy superiores” y la segunda cual sería el número mínimo de días que deben registrarse esas temperaturas.

Sin que haya una base oficial sobre la que fundarse se acepta generalmente que el periodo ha de ser al menos tres días consecutivos. Sobre los umbrales a partir de los cuales se hablaría de “ola” creo que se podría alcanzar un amplio consenso entre los climatólogos  si nos situáramos en el percentil 90 o el 95 de la serie histórica del observatorio en cuestión, es decir, en los valores de máximas y mínimas en las zonas “más altas” de su serie.

En España y en concreto en el sistema Meteoalerta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) existen avisos específicos de temperaturas extremas altas o bajas de acuerdo a unos umbrales establecidos. En el caso de la “ola”, al no existir esos umbrales, y sobre todo al no poder considerar este fenómeno dentro del sistema de avisos ya que, por acuerdo europeo, el alcance máximo de los mismos es de unas 60 horas y se refieren a días concretos, lo que se emite, si se estima necesario, es un aviso especial. Se hace como, cuando en estos días, aún sin existir esos umbrales de carácter general, a juicio de los predictores es probable que se alcancen unos valores máximos y mínimos de las temperaturas y una duración del fenómeno en la línea de los que me refería mas arriba.

Lo que si existe es el denominado el “Plan de Prevención de los efectos  de altas temperaturas” del Ministerio deSanidad, Servicios Sociales e Igualdad. En el mismo se contemplan unos “niveles de riesgo” teniendo en cuenta específicamente el impacto de las altas temperaturas sobre las personas. En ese Plan sí existen unos umbrales y unos criterios  para todas las capitales de provincia considerando duración del periodo y valores de máximas y mínimas. A partir de ahí se establecen unos niveles caracterizados por los colores verde, amarillo, naranja y rojo. De acuerdo con ellos se establecen una serie de actuaciones por parte de la Administración central y se proponen otras a las Comunidades Autónomas. Cabe decir que este Plan se elaboró a partir de un estudio conjunto entre técnicos del Ministerio y de Aemet y se nutre diariamente de las predicciones de máximas y mínimas para varios días suministradas diariamente por la Agencia.

¿Deberían utilizarse estos umbrales como de carácter general para definir una ola de calor? ¿Sería necesario tener en cuenta otros impactos de un periodo prolongado de calor en otros ámbitos? ¿Sería suficiente disponer de ellos sólo para las capitales de provincia o habría que estudiar y definir otros para otras poblaciones o zonas de alto interés? ¿Sería coherente hacerlo?...¿O quizás el aviso de “ola de calor” debe mantenerse como “aviso especial”, tal como ahora se viene haciendo dejando, a los predictores de AEMET establecer con su buen criterio que se trata de una “ola”? El debate está abierto…desde hace mucho tiempo.

En cualquier caso lo importante, mas allá de las denominaciones, es que exista un sistema efectivo de información y asesoramiento a la población en este tipo de situaciones y aunque por supuesto todo es mejorable, creo que se está consiguiendo.

24 de junio de 2012

Sol de San Juan


La noche y madrugada del día de San Juan (24 de junio) son tiempos llenos de tradiciones y ritos ancestrales que se celebran desde muy antiguo sobre todo en el mundo rural y en el área mediterránea. Parece que su propósito principal era “dar fuerza al sol” que ya, justo tras el solsticio de verano, empieza a declinar desde el punto de vista astronómico si bien,  desde un punto de vista climatológico, es cuando los calores empiezan a apretar.

Son innumerables las leyendas y tradiciones llenas de misterio y de magia que encierra esta noche y madrugada y una muy curiosa es que el sol baila en su salida al amanecer.  A mí, por  alguna razón que desconozco, me atrae mucho esa madrugada y desde hace varios años acudo a un cerro desde donde se divisa buena parte de la Mancha para participar en directo en esa amanecida…aunque por supuesto sin mirar nunca directamente al sol y por lo tanto sin llegar a saber si realmente “baila” ;-) ¡Supongo que lo hace!...pero no invito a nadie a que lo compruebe; siempre hay que mantener un cuidado extremo.

Más allá del sentido personal de “estar” en esa amanecida, la ocasión es estupenda para observar y fotografiar la atmósfera ese día del año a la misma hora. Nunca me he encontrado con dos situaciones muy parecidas.


Hoy la amanecida estaba clara y sólo unos leves y lejanos cirros hacían que el sol, recién salido, no se mostrara en todo su esplendor:




Ha habido ocasiones en que me he encontrado con un denso manto de calima y el sol tuvo que ascender bastante sobre el horizonte hasta poder contemplarlo totalmente, 


 En otra ocasión una nube convectiva se deshacía en la lejanía tras una noche tormentosa


mientras que en una tranquila madrugada aparecían algunos cirros “perdidos” en el cielo...


a sin embargo la mas atractiva para mi fue ésta en la que un banco de altocúmulos parecía emerger del sol…


Pero lo  mas normal es encontrar un cielo despejado con una calima mas o menos definida ensombreciendo la perspectiva...



En cualquier caso, para mi, San Juan marca ya el comienzo definitivo del verano...y desde luego este año así va a ser al iniciarse hoy un periodo muy caluroso que durará varios días y en el que veremos como algunas temperaturas máximas se acerquen a sus récords de junio aunque no es probable que lleguen a superarlas.


Feliz día de San Juan. Feliz verano.





21 de junio de 2012

Verano y tormentas "de calor"


Hoy a la una de la madrugada se ha iniciado el verano astronómico. Desde el punto de vista climatológico el trimestre veraniego se inició el 1 de junio mientras que el meteorológico… depende en gran medida de las distintas sensibilidades personales para calificar al tiempo como veraniego.

En verano el chorro polar asciende de latitud y por tanto es difícil que sus borrascas afecten a la Península Ibérica. Lo habitual es que predomine sobre ella una gran masa de aire cálido y estable extendiéndose desde el norte de África y dando lugar a un tiempo seco y caluroso. En superficie reina el anticiclón, si bien sobre el centro de la Península la presión baja algo por efecto de ese calor lo que origina una entrada de aire del este-sureste, el llamado viento “solano” en el interior peninsular, que con su sequedad aviva aún mas la sensación de agobio. A veces el extremo de un frente frio roza el área Cantábrica pudiendo afectar ocasionalmente al resto de la mitad norte. Si lo hace, aparecen tormentas y las temperaturas se suavizan un par de días.

Sin embargo hay una situación veraniega que es la que origina las incidencias meteorológicas más significativas y que, además es la que suele dar más problemas a los predictores. Tiene lugar cuando una débil perturbación atlántica en niveles medios-altos de la atmósfera, descolgada de la circulación del chorro que queda muy al norte y con algo de aire frío en su interior, se acerca lentamente desde el área de Azores-Madeira hacia la Península. Delante de ella predominan los vientos de componente sur con aire cálido de carácter tropical o subtropical. Si la vaguada está lo suficientemente cerca este aire proviene del norte de África y llega muy seco con polvo en suspensión. El cielo se torna blanco-plomizo y la sensación de bochorno y agobio es total. Se suelen registrar temperaturas muy altas que pueden ser las más altas del verano si la situación ocurre en la segunda quincena de julio o en los primeros días de agosto.

Unas veces la vaguada se queda estacionaria en esa posición y se suceden los días de temperaturas muy elevadas: estamos en una ola de calor. Otras, la vaguada se mueve hacia el noroeste de la Península con dirección hacia Francia o las Islas Británicas dando lugar a que, tras ella, entre sobre España aire atlántico más fresco limpiando el ambiente y suavizando las temperaturas. La tercera posibilidad es que la vaguada se acerque mucho o finalmente se decida a atravesar la Península dando lugar a una amplia y potente actividad tormentosa.

Este tipo de tormentas no ligadas a frentes o borrascas frías se las llama a veces “tormentas de calor”. La idea popular que subyace en esa denominación es que “ha hecho tanto calor que al final las tormentas han saltado”. No es así; en una masa de aire cálida y estable a todos los niveles no “saltan” espontaneamente las tormentas.  En ese caso tendríamos tormentas en muchos días del verano. Lo que a veces ha llevado a esa conclusión es que, justamente durante los dos o tres días anteriores, las temperaturas han sido muy altas  al reforzarse la entrada de aire del  sur o del sureste por el acercamiento de la perturbación en altura.

Un  recordado meteorólogo español decía que las tormentas necesitan “pies calientes y cabeza fría”. Es decir, es necesario que aparezca algo de aire más frío por las capas medias y altas de la atmósfera de modo que el aire cálido de  las capas bajas pueda ascender y formar las nubes tormentosas. A veces, incluso ocurriendo esto, la humedad del aire que asciende es tan baja que las nubes que se forman tienen su base muy alta y difuminada entre la calima y sólo aparecen algunos amagos tormentosos con  alguna  actividad eléctrica… los también mal llamados “relámpagos de calor”.

Por tanto, desde mi punto de vista, no hay estrictamente “tormentas de calor”. Hace falta además que algo ocurra “por arriba”. Lo que pasa es que a veces es tan poco definido que sólo se ve si se hace un análisis adecuado de los mapas previstos a más de 9000 metros de altura o mediante una eficaz interpretación de las imágenes de Meteosat, sobre todo en el canal de absorción de vapor de agua.

En cualquier caso las “tormentas de calor” y los “relámpagos de calor” forman parte de la tradición veraniega española. Esas denominaciones tienen su encanto, -a mi me gustan- y no es mi intención luchar contra ellas. Deseo únicamente que no den lugar a conceptos equivocados.



18 de junio de 2012

"Tropical", "moderado", "variable"...


Cada año, cuando llega el calor, aparece de nuevo el debate sobre el concepto de “noche tropical” que se suele aplicar cuando la temperatura mínima durante la noche y madrugada no baja de ¿20…22…24 grados?  Aunque parece que la definición más “oficial” es la de los 20º no parece lógico que el mismo umbral pueda servir para cualquier zona. Personalmente, para España prefiero la expresión “noche cálida” o “noche muy cálida” pero, en cualquier caso, sería necesario que, al igual que se hizo cuando se estableció el plan de avisos “Meteoalerta”, se  establecieran a partir de estudios estadísticos umbrales específicos para distintas zonas de España. De esa forma el término se adecuaría a lo que los habitantes de cada región sienten cuando se refieran a él.

Sin embargo, el objeto de esta entrada no es el de participar en el debate sobre la “noche tropical” sino referirme a un tema más amplio, al que éste da pie, como es del lenguaje utilizado en las predicciones meteorológicas. Tanto términos como “moderado”, “disperso” o “variable” como el propio estilo de la redacción o la estructuración de los textos de las predicciones han sido y siguen siendo objeto de debate. Se dice a veces que son términos nada o poco definidos, que, aun definidos no son adecuados o que, incluso definidos y adecuados, el público no los conoce.

Por lo que se refiere a su definición no es verdad que no lo estén. El entonces Instituto Nacional de Meteorología creó hacia la década de los 90 un grupo de trabajo para establecer un manual de los términos meteorológicos usados en sus predicciones. Participé muy directamente en aquellos trabajos y doy fe de las tremendas dificultades que supone realizar un trabajo de este tipo que sea por una parte fiel a lo establecido internacionalmente, que responda a las características españolas y que, además, sea comprensible para el público. La publicación que resultó de ese trabajo se denominó “Manual de estilo de términos  meteorológicos” y una versión del mismo está disponible en el web de AEMET. Posteriormente, con motivo de la puesta en marcha del citado plan “Meteoalerta”, se elaboró un documento más específico dedicado a explicar los criterios que se establecían para emitir los avisos así como para ayudar a la comprensión de los términos utilizados. Por tanto creo que la Agencia hizo un esfuerzo importante –no sé si suficiente- de definición y de ayuda a la interpretación  de sus predicciones y avisos.

Cuestiones distintas son si se trata de términos adecuados y si el público los conoce. Es indudable que el citado manual necesitaría una cuidada revisión para corregir algún punto, adecuar algunos términos e introducir otros, sobre todo con el fin de orientarlo hacia predicciones de carácter más probabilista. Es necesaria también una difusión mucho más amplia de este tipo de términos y de su interpretación  de cara a que se obtenga el máximo beneficio de predicciones y avisos….pero aquí es donde juegan un papel muy importante los medios de comunicación a  los que desde hace mucho tiempo vengo reclamando una mayor atención a la divulgación meteorológica y climatológica.

Llegado a este punto deseo hacer una reflexión más amplia. La predicción y vigilancia meteorológica es un servicio público de carácter esencial. Es fundamental por tanto aunar y coordinar esfuerzos para ofrecer a la sociedad toda la potencia predictiva que ofrece la meteorología moderna tal como ya he apuntado en alguna otra entrada de este blog. Y para ello la adecuada comunicación es tan importante como la propia predicción. Pues bien, dada su importancia,  y en cierto modo también su complejidad si tenemos en cuenta la calidad y cantidad de la información a comunicar, no puede ni debe ser responsabilidad sólo de los meteorólogos el diseñarla y estructurarla sino que es necesaria también la participación de otros expertos.

Esta reflexión la hicimos hace un par de años en AEMET y nos llevó a organizar un curso de verano en la Universidad Complutense en el que, bajo el título “Meteorología, Comunicación y Servicio Público”, se trataba de promover un encuentro y un diálogo entre meteorólogos, sociólogos y comunicadores que permitiera establecer las bases para lograr la mejor y más eficaz comunicación de avisos y predicciones en distintos ámbitos y medios. Pues bien, cuando el curso estaba perfectamente organizado y listo para su desarrollo hubo de ser suspendido porque sólo se habían inscrito dos personas en el mismo. ¿Poca publicidad?, ¿falta de interés? ¿crisis? ¿excesiva duración?... Probablemente de todo un  poco.

En cualquier caso ahí queda la propuesta por si, bien  AEMET o alguna otra institución, se siente motivada a desarrollar un proyecto de este tipo que, además de aclarar la “noche tropical” o la “nubosidad variable”, optimizaría –y esa sería su gran aportación- un servicio público de extraordinaria importancia y justificaría aún más las importantes inversiones  que se hacen internacionalmente en las infraestructuras meteorológicas tanto terrestres como satelitales de todo punto necesarias para prestarlo.

14 de junio de 2012

Meteoaficionados


Con frecuencia me refiero a los aficionados a la Meteorología como un colectivo en importante crecimiento que debe ser  tenido muy en cuenta  -lo comienza a ser, pero tiene que serlo más aún- en la organización y gestión de la meteorología española.

Hasta hace 15 o 20 años los aficionados a la meteorología eran en su gran mayoría personas  del medio rural que, debido a su contacto y a su dependencia diaria de los fenómenos atmosféricos, los observaban detalladamente y desarrollaban un amplio conocimiento de ellos de forma que su seguimiento, e incluso predicción, llegaba a formar parte de sus vidas. Labradores, maestros, sacerdotes de pequeños y grandes pueblos eran conocidos y consultados por sus convecinos con respeto, cariño y eran también objeto –como no- de alguna que otra broma. Los que gozaban de mayor formación  llegaban  a escribir algún libro u opúsculo mientras que los otros transmitían oralmente sus conocimientos alimentando así  entre todos esa gran fuente de sabiduría arcana que es la meteorología popular.

El desarrollo de la electrónica de bajo coste hizo posible la aparición de estaciones meteorológicas automáticas de fácil instalación a precios muy asequibles. Nuevos colectivos se sumaron a los aficionados. Jóvenes y habitantes de las grandes ciudades descubrieron a través de sus estaciones el placer de observar la atmósfera de forma continuada y desde ahí muchos desarrollaron  un enorme interés por la meteorología y climatología. Pero, como en tantas otras cosas, fue la llegada de Internet lo que dio lugar a un “salto cuántico” en el mundo aficionado. La posibilidad de compartir datos e imágenes en tiempo real, el conocimiento instantáneo del tiempo que hace en cualquier lugar del mundo, la disponibilidad de imágenes de satélite -y posteriormente de radar- y el acceso creciente a las salidas de los modelos numéricos  de predicción dio lugar a un crecimiento exponencial y a una profundización de conocimientos. Junto a ello, la afición creciente por otros temas como la fotografía, las rutas campestres, el deseo de vivir nuevas experiencias o la disponibilidad de las redes sociales y sobre todo twitter como forma instantánea de transmitir informaciones, originó un conjunto de sinergias que ha dado lugar a que los “meteoaficionados”  se hayan convertido ya en un amplio colectivo maduro, especializado y empezado a tener en cuenta por los distintos Servicios Meteorológicos como magníficos colaboradores en distintos campos.

En España, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) organizó hace algo más de un  año una primera reunión con representantes de las asociaciones de aficionados legalmente constituidas hasta ese momento para explorar líneas de colaboración e intereses comunes. El establecimiento de canales adecuados para el envío de informaciones en tiempo real o la colaboración en temas de formación y divulgación fueron algunos de las líneas de actuación acordadas para el desarrollo de un  camino conjunto que es de esperar  que se afiance y fructifique. En cualquier caso AEMET abrió un apartado en su web con las coordenadas de estas Asociaciones y ha dedicado también un espacio periódico en su publicación bimestral de “El Observador”  desde su número 75 a la presentación de las mismas.

Mi opinión es que, además de sus otras actividades, las asociaciones de aficionados pueden desarrollar un papel fundamental  en la divulgación de la meteorología y climatología en España. Bien a través de sus propios medios y conocimientos, o con el apoyo de AEMET o de la Universidad para distintos aspectos formativos e informativos, pueden convertirse, mediante su penetración profunda en el tejido social (escuelas, colegios, otras asociaciones, medio rural…), en un eficaz vector de divulgación de todo ello. Una labor que sólo pueden desarrollar a ese nivel social profundo los aficionados junto con los comunicadores meteorológicos de los medios de comunicación.

Para terminar –y si los aficionados me lo permiten- mi opinión es que sería importante conseguir un mayor grado de organización  mediante la constitución  de una federación de asociaciones que se convirtiera en el interlocutor legal y único para acordar y organizar apoyos y colaboraciones con las distintas instituciones tales como las que me he referido más arriba y seguramente algunas otras de carácter mas administrativo.

Y para aquellos aficionados “por libre” que me lean, mi recomendación de que se integren en alguna de las asociaciones existentes o incluso creen otra si no tienen ninguna cercana. Creo que, unidos, pueden conseguirse más cosas…y disfrutar mucho más de esa experiencia inigualable que es la observación y seguimiento de las evoluciones de la atmósfera.

11 de junio de 2012

El "cuarenta de mayo" y el fin de la primavera


El pasado sábado hemos alcanzado el “40 de mayo”, una fecha muy significativa en el refranero popular que parece responder a  ese deseo casi generalizado de olvidar ya las veleidades de la primavera y sus consecuencias en cuanto al “baile” de ropas del armario a la calle y de la calle de nuevo al armario. Si bien  el refrán básico es “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo” existen algunos añadidos que muestran que la cosa no está tan clara, como por ejemplo “…y si junio es ruin, no lo quites hasta el fin” o bien “…o si vuelve a llover te lo vuelves a poner” o incluso “ …y para más seguro hasta el cuarenta de junio” que es una fecha mucho mas preferida por los frioleros. En cualquier caso, por estos días en los que andamos hay ya muchos deseos, si no de que llegue el verano con sus calores, sí de decir adiós al “tobogán” primaveral. 

Desde el punto de vista astronómico, el verano se inicia coincidiendo con el solsticio que lleva su nombre, es decir el día en que el sol alcanza su máxima altura aparente en el cielo y da lugar por tanto al periodo más largo de iluminación solar, lo que ocurre alrededor del 21 de junio. Sin embargo los climatólogos prefieren trabajar con meses completos y definen como trimestre primaveral el correspondiente a los meses de marzo, abril y mayo; por tanto, desde ese planteamiento, la primavera climatológica ha acabado y ya estamos en el trimestre veraniego que sería el de junio, julio y agosto.

Podemos hacer ya por tanto un balance preliminar. En España, a la vista de los informes mensuales que figuran en la web de AEMET y a la espera de los datos definitivos que hará públicos la Agencia  en los próximos días, el trimestre ha sido cálido debido sobre todo al carácter extremadamente cálido del mes de mayo mientras que por lo que se refiere a las lluvias ha sido seco ya que, si bien llovió por encima de lo normal durante el mes de abril, no lo hizo así en marzo y mayo, meses en que llovió aproximadamente la mitad de lo que hubiera sido normal.

En cualquier caso, donde el trimestre primaveral ha tenido un carácter verdaderamente excepcional ha sido en Estados Unidos. Según el informe que hizo público la semana pasada el National Climatic Data Center, la temperatura media del trimestre fue de 14 grados, lo que supone una anomalía de casi 3 grados por encima del valor normal y superando ampliamente el anterior record para el mismo que se había registrado en 1910. Hay que recordar a este respecto que, tanto marzo como abril, fueron los más cálidos de  sus series y que mayo fue el segundo más cálido de la suya. Por otro lado, desde un punto de vista más amplio, el periodo junio 2011-mayo 2012 ha sido el conjunto de 12 meses continuados más cálido registrado en Estados Unidos desde que hay observaciones y además por un amplio margen. Si bien es verdad que la ocurrencia del fenómeno de “La Niña” ha tenido probablemente algo que ver manteniendo la circulación del chorro polar muy al norte, la extremadamente baja probabilidad de un suceso de este tipo no deja casi lugar a dudas de que está claramente conectado con el cambio climático y es de esperar que en los próximos meses aparezcan trabajos en las revistas científicas estudiando la cuestión. En relación con toda esta cuestión recomiendo el artículo del prestigioso meteorólogo norteamericano Jeff Masters que puede encontrarse aquí.

Y ya que estamos empezando el trimestre veraniego…¿como se presenta? De momento, durante la semana que empieza los mas frioleros no se quitarán del todo el sayo. El chorro polar en niveles altos afectará a España en mayor o menor medida durante toda  ella manteniendo en general temperaturas poco altas y ambiente algo húmedo sobre todo en la mitad norte. Y además todo ello con una cierta probabilidad de extenderse a la primera parte de la siguiente semana.  Pero si lo que queremos es una predicción para todo el trimestre, la última que ha elaborado AEMET para el mismo señala -con todas las reservas- una ligera tendencia a temperaturas superiores a los valores normales en la España peninsular y Baleares mientras que no se aprecian tendencias significativas respecto a dichos valores en Canarias. Esperemos que esa tendencia se quede en “ligera” porque sería tremendo que se presentaran en verano anomalías como las que ha tenido Estados Unidos en primavera y a las que me acabo de referir.

En cualquier caso, y por si algún lector siente curiosidad, yo no me siento todavía en verano. Pienso darle la bienvenida, como desde hace muchos años, en  la madrugada del día de San Juan sintiendo al sol bailar en su salida sobre las tierras de la Mancha. Otra opción para el fin de la primavera.

7 de junio de 2012

De ciencia, comunicación y servicio público


Acabo de asistir a las jornadas sobre “Cambios climáticos bruscos y Comunicación” que, organizadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se han celebrado en el Salón de Actos del Consejo en Madrid en el marco del proyecto científico GRACCIE.

Vaya antes que nada mi felicitación al CSIC y a su estupendo equipo de Comunicación por la organización y realización de las mismas. Me han parecido de todo punto necesarias para ir logrando poco a poco una mejor comprensión entre investigadores y comunicadores sociales. Confío en que, bajo uno u otro marco, sigan celebrándose porque aún queda bastante trabajo por hacer, pero en cualquier caso ha sido muy gratificante ver reunidos a una amplia e importante representación de ambos colectivos compartiendo un claro interés por transmitir mucho mejor a la sociedad los resultados científicos.

Las Jornadas han tenido dos componentes: un conjunto de presentaciones destinadas a informar a los comunicadores sobre la situación actual del cambio climático y de sus impactos en los distintos ecosistemas y por otra parte algunas mesas redondas dedicadas a revisar como transmiten los medios la información sobre cambio climático, la comunicación del cambio climático y catástrofes, la información sobre el cambio climático en nuevos soportes  o el cambio climático en redes sociales. Aunque no asistí a todas las sesiones tengo la sensación de que algunas de las presentaciones se quedaron un poco “altas” para los fines que se perseguían si bien fueron en general muy interesantes. Por lo que se refiere a las mesas redondas me resultaron apasionantes tanto por los temas tratados como por el interesantísimo intercambio de opiniones y puntos de vista.

En el contexto de estas “ruedas” quiero referirme a dos cuestiones que considero de importancia capital. La primera es la tremenda dificultad para que los medios de comunicación difundan informaciones científicas que no den lugar a un titular impactante. Según confiesan los propios periodistas –y sabemos todos los que mínimamente conocemos el tema-  los jefes de redacción o los redactores jefes, presionados por la guerra de audiencias y patrocinadores, solo admiten noticias con titulares impactantes. Desde mi punto de vista esta actitud tiene consecuencias “perversas” de todo tipo más allá de las hipotéticas ganancias de audiencias: no se transmiten informaciones importantes e incluso -bien contadas- de servicio público, se eleva cada vez más el nivel de impacto en el público que se va volviendo más insensible a la “normalidad” o a la sencillez de modo que cada vez necesita más “adrenalina” y, tal como expuso uno de los científicos asistentes, se produce un impacto muy grave en las propias líneas de investigación de los centros ya que se priman investigaciones capaces de generar “titulares” importantes -y por tanto financiación adecuada-  sobre otras de no menor interés pero menos espectaculares.

Si bien esta situación me resulta realmente preocupante puedo llegar, con dificultades, a entenderla en los medios privados pero de ninguna manera en los públicos y menos en Televisión Española en la que debería primar, mucho más aún, el servicio público. Puedo aceptar que algunos temas de carácter científico no los consideren así pero desde luego los temas de cambio climático y los relacionados con una mejor comprensión y utilización de avisos y predicciones meteorológicas lo son en grado sumo… aunque quizás haya que hacérselo ver con más detalle a los responsables. En cualquier caso esta opinión la he expuesto con detalle en mi entrada anterior de este blog y espero que pueda ayudar a una reflexión sobre algo que considero muy grave y preocupante y sobre lo que habrá que seguir insistiendo.

El otro tema al que quiero referirme brevemente es al de la utilización por parte de los científicos de las redes sociales y especialmente twitter. En el debate de la mesa redonda dedicada a este tema quedó patente los escrúpulos de muchos de ellos hacia su utilización debido, según su opinión, a una posible mala comprensión o a un mal uso de las informaciones que allí puedan verterse. Llevo pocos meses en twitter pero mi experiencia es toda la contraria: se trata de una magnífica herramienta de comunicación y de la que, como cualquier herramienta, se puede hacer un buen o mal uso. Twitter fundamentalmente nos redirige a informaciones pero al mismo tiempo nos obliga a sintetizar la esencia de aquello que queremos que capte la atención  de los que nos leen; ello nos obliga a un más que recomendable esfuerzo de síntesis.  Creo sinceramente que aquellas personas, no sólo científicos, con ideas claras y bien documentadas no deben tener ninguna prevención ni temor hacia las redes sociales sino todo lo contrario: felicitarse por disponer de una herramienta de comunicación que hasta hace poco sólo figuraba en nuestros sueños.

Pienso que debemos hacer todos un esfuerzo por devolver a la sociedad de forma aumentada y mejorada todos los costosos recursos que invierte en investigación, tecnología y comunicación y que pueden contribuir a una vida mas justa y equilibrada.  Insisto que para mí esto es irrenunciable en los medios públicos mientras que los privados tendrían que echar quizás un poco mas de imaginación para llegar a una armonía entre sus intereses y los generales e irrenunciables de las sociedad. Esos que, desgraciadamente, estamos empezando a perder.

4 de junio de 2012

¿Para cuándo?


Hace unos meses la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) publicó en  su web algunos de los resultados más relevantes de una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el pasado mes de septiembre en todo el territorio nacional sobre la percepción que la sociedad española tiene de la moderna meteorología así como del servicio prestado por la propia Agencia. Entre los varios resultados interesantes quiero destacar el que asegura que el 69,5% de los españoles se informa habitualmente del tiempo, mientras que de los deportes lo hace el 44,9%.

No es ninguna sorpresa. Es bien conocido que los espacios de información meteorológica están entre los más vistos en televisión y puede comprobarse por otro lado la proliferación de portales de información meteorológica que existen en Internet. Por otra parte, las informaciones sobre fenómenos meteorológicos se multiplican en los servicios informativos y crece sin cesar el número de aficionados que, bien agrupados en asociaciones o por “libre”, comparten datos, estudios, fotografías y vídeos o salen a la “caza” de tormentas.

A la vista de todo ello, ¿recibe un buen servicio la sociedad española en cuanto a información y divulgación meteorológica a través de los medios? Mi opinión es que el nivel de información en cuanto a predicciones es bastante aceptable pero muy escaso el de divulgación. Es verdad que en algunos de estos espacios informativos se  hace también algo de divulgación pero el loable esfuerzo queda limitado por la escasez de tiempo y por la urgencia puramente informativa. Existe divulgación en algunas páginas de Internet, incluyendo el web de AEMET, así como en algunos periódicos regionales mientras que en radio destacan los espacios de fin de semana de Jose Miguel Viñas en RNE. Probablemente existan mas actividades de este tipo pero las desconozco. En cualquier caso,teniendo en cuenta que la fuente primaria de información meteorológica para una parte muy importante de los españoles es la televisión, éste debería ser el gran canal divulgativo meteorológico.

Pero, ¿realmente es necesaria una mayor divulgación meteorológica? Creo firmemente que sí. Como han demostrado algunos estudios y sabemos -aunque sólo sea cualitativamente- las personas que nos dedicamos a esta actividad, el conocimiento que la sociedad posee sobre las características de avisos y predicciones, de las nuevas posibilidades de la moderna meteorología o sobre el clima y el cambio climático es en general insuficiente, fragmentario e inconexo.

El resultado de ello es, por una parte, la dificultad para utilizar gran cantidad de productos de predicción o de proyecciones del cambio climático, sobre todo de carácter probabilista, al no poder “formar” a ese público en su uso o en su interpretación. Otra consecuencia es la, probablemente, no del todo eficaz utilización de los avisos de fenómenos adversos al no poder explicar en detalle toda la información contenida en ellos. Por lo que se refiere al cambio climático una buena divulgación sería muy importante para desvincularlo de su conexión casi exclusiva con ideas catastrofistas y con los fenómenos atmosféricos adversos, que es la forma casi exclusiva en que el tema le llega al público e intentar mostrarlo con toda claridad presentando con sencillez certezas e incertezas.  Y en cualquier caso esa mayor divulgación meteorológica y climatológica satisfaría el gran interés que las personas tienen en general por el medio ambiente en que vivimos y que tanto nos condiciona.

Por tanto, si bien cualquier esfuerzo de divulgación en cualquier medio tendría gran utilidad y sería bienvenido, creo que sería muy importante la existencia de un espacio semanal en la televisión pública o privada. Tendría que ser, eso sí, un espacio a una hora aceptable y no perdido en las altas horas de la madrugada, bien presentado y tratado con gusto y cercanía. Podría disponer de distintos microespacios. Uno de ellos se dedicaría a dar una visión general de la evolución atmosférica prevista, de sus posibles incertidumbres y de los distintos escenarios que podrían presentarse introduciendo así conceptos de predicción probabilista. También se revisaría la evolución de la semana ya transcurrida con un breve resumen de cómo se comportaron las predicciones y la razón de posibles desviaciones respecto a las predicciones establecidas. Otro apartado estaría dedicado a breves entrevistas tanto a científicos como a aficionados, predictores o a cualquier persona cuyas actividades dependan en gran medida de la meteorología. Así mismo podrían explicarse conceptos claves de los avisos meteorológicos, las predicciones probabilistas o del cambio climático y en este caso con una visión integradora, coherente y relacionando los hallazgos científicos con su repercusión en  la vida diaria. Por supuesto podrían comentarse noticias curiosas, anunciar exposiciones, jornadas científicas  o concursos de fotografía. Y tantas cosas mas.

Creo que un programa  de este tipo dispondría de  una audiencia muy estimable, no tendría problemas de patrocinio y desde luego prestaría un servicio público verdaderamente importante. Por todo ello no llego a entender cómo no se ha realizado todavía cuando incluso llegó ya a existir en Televisión Española durante los años 60 y 70 del siglo pasado… En fin, puede que haya alguna buena razón para que no se lleve a cabo…pero honradamente, a mí no se me ocurre.

¿Para cuándo entonces?