Follow by Email

29 de enero de 2013

Un regalo de AEMET: escenarios y probabilidades

Con frecuencia me he referido en este blog a la importancia de la predicción probabilista y a la necesidad de que, para utilizarla, se pueda disponer libremente de productos de los modelos de predicción denominados "ensemble". Es cierto que en la web se pueden disponer de algunos de ellos procedentes del modelo norteamericano así como algún otro, muy poca cosa, del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo que dispone del mejor modelo de este tipo.

Hoy sin embargo, a través de su twitter, AEMET nos proporciona un ejemplo de un producto "ensemble" muy apropiado para conocer la probabilidad de una evolución a medio plazo. Dado que la gran duda en estos momentos es sí va a darse un cambio drástico de tiempo este próximo fin de semana con una irrupción de aire frío y un descenso marcado de la cota de nieve, el gráfico que distribuye AEMET muestra los escenarios mas probables para el sábado día 2 (día de la Candelaria), acompañados de una referencia a su probabilidad de ocurrencia. Todo ello está obtenido a partir del "ensemble" del Centro Europeo calculado durante el día de ayer.

Agrupamiento de escenarios más probables de la situación meteorológica para el 2 de febrero del 2013 calculados a partir de los datos de 12Z del día 28 de enero. El modelo "ensemble" calcula 51 posibles escenarios que posteriormente pueden agruparse en "familias" o "grupos" ,tal como se presentan aquí (Fuente: AEMET)

Sí en el gráfico nos fijamos en la primera línea de mapas, vemos los agrupamientos de los distintos escenarios mas probables de la configuración de 500 hPa para el día 2, ordenados de mayor a menor probabilidad (de forma aproximada la probabilidad se obtiene multiplicando por 2 el número de miembros en cada grupo, que viene indicado en la parte de arriba de cada mapa). Así, vemos que la primera configuración tiene un 46 por ciento de probabilidad de ocurrencia, la segunda un 16, la tercera un 14 y así sucesivamente hasta llegar a la última con sólo un 2 por ciento. Como puede verse, prácticamente todas ellas, menos la última, muestran a la Península Ibérica afectada por una profunda vaguada. Ésta es más profunda en los dos primeros escenarios (probabilidad conjunta de un 62 por ciento) y algo menos en los escenarios tercero, cuarto y quinto pero, en cualquier caso, teniendo en cuenta todos ellos, la probabilidad de que una vaguada afecte de una forma u otra a la Península el próximo fin de semana es muy elevada.

Por su parte, la segunda fila muestra las situaciones correspondientes a la presión en superficie y de la temperatura a 850 hPa para esos mismos escenarios, mientras que en la tercera fila aparecen las probabilides de precipitación superiores a 1 mm en 24 horas con colores azules, más o menos intensos, según la probabilidad es más o menos elevada.

Podrían hacerse bastantes más comentarios sobre estos mapas pero sólo he querido hacer éste de forma rápida, para que el producto no pierda actualidad, y de modo que podamos disponer de otra muestra -casi nunca accesible- de las grandes ventajas y posibilidades de la predicción por conjuntos. Quiero por otra parte agradecer a AEMET que lo haya hecho público, de momento como una muestra y en un momento de predicción muy interesante, y animarla a que lo haga con la mayor frecuencia posible, e incluso a que, si los acuerdos con el Centro Europeo lo permitieran, estuviera siempre disponible en su página web. Sería un producto muy bien acogido.

Jansà, un maestro de la meteorología mediterránea


La meteorología española sorprende por lo diverso de sus manifestaciones geográficas.  Nada tiene que ver la meteorología cantábrica con la atlántica ni ninguna de éstas con la mediterránea. Esta última posee unas características muy específicas, sobre todo en cuanto a intensidad de vientos y de lluvias, que no poseen las otras zonas y que están motivadas por su singular geografía: un mar relativamente profundo rodeado de altas montañas y estrechos valles.

Es difícil y apasionante lograr un buen conocimiento de esta meteorología. Su estudio, y la predicción de los fenómenos adversos que con frecuencia la acompañan, ha constituido siempre un reto para los meteorólogos españoles e incluso ha dado lugar a una "escuela" de meteorología mediterránea centrada básicamente en Baleares, si bien con interesantes aportaciones catalanas y valencianas así como  también por andaluzas, en este caso por lo que se refiere fundamentalmente al mar de Alborán.

Uno de los máximos representantes de esta "escuela balear" ha sido el meteorólogo Agustí Jansà, recientemente jubilado y al que hoy se le rinde una comida-homenaje en Palma de Mallorca. Fue el padre de Agustí, el también meteorólogo Josep María Jansá, quien sentó los conceptos básicos de esta meteorología a través de sus estudios y publicaciones sobre la masa de aire mediterráneo o el frente mediterráneo y en general sobre toda la climatología balear. Discípulos suyos de algún modo fueron Miquel Ballester y Jaume Miró-Granada, y de la enseñanza de ellos surgieron otros grandes especialistas actuales. De entre ellos quiero destacar a mis queridos compañeros Climent Ramis y al propio Agustí; ellos son con los que más directamente he trabajado y he aprendido sobre esta pasión mediterránea que comparto con ellos.

Agustí ha sido una curiosa simbiosis de ciencia y operatividad. Creo que su motivación fundamental ha sido siempre profundizar mediante la investigación en el conocimiento de la meteorología mediterránea, y en concreto sobre sus ciclogénesis -formación de borrascas- a las que siempre contempló como origen de los grandes temporales mediterráneos de lluvia y de viento. Sin embargo, su faceta operativa como integrante del INM/AEMET, le hizo tener siempre muy clara la búsqueda de la aplicación práctica de las investigaciones que dirigía o en las que participaba, y sobre todo de su utilización para la mejora de la predicción y vigilancia de los fenómenos meteorológicos adversos.

Agustí Jansà (Cortesía RAM)

Las iniciativas de Agustí tuvieron casi siempre una vertiente internacional convencido de que el Mediterráneo había que estudiarlo como un todo. Ello le llevó  a ser el representante oficial del INM en todos los proyectos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) relacionados con el Mediterráneo e incluso a promover proyectos conjuntos con otros países ribereños como Francia, Italia, Argelia o Túnez. Quizás el "bautismo de fuego" lo tuvo en el proyecto internacional ALPEX (Alpine Experiment) destinado a conocer mejor el efecto de la cadena alpina en los flujos aéreos para poder mejorar así los modelos y las técnicas de predicción. "Hijo" del ALPEX fue el proyecto PYREX (Pyrénées Experiment) en el que el efecto que se pretendía estudiar era el de los Pirineos. Fue llevado a cabo básicamente por Francia y España y nos ofreció un conocimiento mas exacto de cierzo y tramontana así como de la distribución de presiones y la formación de borrascas en relación con los distintos tipos de flujos aéreos en la zona. 

Muchas otras fueron las iniciativas que Agustí impulsó o participó: el Centro de Estudios del Mediterraneo occidental (CEMMO) , el Plan de Estudios del Mediterráneo Occidental (PEMMOC), el Centro Regional Especializado para el estudio de las ciclogénesis mediterráneas y mas recientemente el MEDEX (Mediterranean Experiment) englobado en el proyecto mas global de la OMM denominado THORPEX. Un mayor detalle de todas estas actividades puede encontrarse en la entrevista que la Revista del Aficionado a la Meteorología (RAM) le hizo en el año 2008.

Tampoco puede olvidarse la gran actividad de Agustí en temas de formación de predictores. Junto con multitud de cursos y seminarios sobre meteorología mediterránea, impartió otros sobre análisis mesoescalar. A partir de ellos,  muchos meteorólogos aprendimos un concepto nuevo de análisis de campos meteorológicos desde una visión distinta o mejor complementaria a la de la meteorología sinóptica y absolutamente necesaria para el estudio y la comprensión de muchos fenómenos regionales y locales.

Siempre he tenido una buena amistad con Agustí así como un gran respeto por sus investigaciones de las cuales he aprendido mucho de lo que yo se sobre meteorología mediterránea. Ello no ha excluido algún debate  entre nosotros sobre la relación entre las ciclogénesis mediterráneas y las lluvias intensas. Agustí siempre contempló una conexión profunda entre ambas. Yo, mas centrado en los modelos conceptuales satelitales de formación de sistemas convectivos, no tenía tan claro la necesaria presencia de una borrasca: pensaba que sólo se necesitaba una convergencia de masa cálida-masa fría en niveles bajos o bien una advección de aire cálido y húmedo también en esos niveles, junto con unas condiciones no inhibidoras de la convección en los niveles medios y altos. Al final, ampliando un poco mi visión, me di cuenta de que esas condiciones que yo consideraba necesarias hacían imprescindible la presencia de un flujo cálido y húmedo de componente este que, a su vez, suponía siempre la presencia de una zona de bajas presiones, más o menos marcada, a su izquierda.

Ahora Agustí está jubilado pero seguro que no lo está en absoluto para la meteorología mediterránea. Le he animado y lo sigo haciendo a que cuente sus experiencias y conocimientos de forma sencilla y atractiva, como él sabe hacerlo, a esa multitud de profesionales y aficionados que le leeríamos encantados y seguiríamos aprendiendo de él. Venga Agustí, anímate, ¿seguimos?

23 de enero de 2013

Nevar en Madrid

Las predicción de nevadas, y sobre todo, la determinación exacta de la altitud a partir de la cual la precipitación va a ser en forma sólida, es uno de los retos más importantes en predicción operativa, debido a los múltiples y a menudo sutiles factores que intervienen en el cambio de fase. Es frecuente que esa cota tenga que ser prevista con una indeterminación de más o menos 100 o 200 metros y, si en esa indeterminación está afectada algún gran núcleo de población, como con frecuencia ocurre en el caso de Madrid, esa predicción se convierte en un difícil reto para los meteorólogos. Hoy me quiero referir a esa dificultad y a sus consecuencias, pero antes quiero revisar sucintamente cuales son las situaciones atmosféricas de invierno mas relacionadas con las nevadas madrileñas. 

La configuración meteorológica más adecuada para producir nevadas importantes en buena parte de Castilla La Mancha y Madrid es la de una borrasca situada al sur o sureste de la Península enviando viento húmedo, frecuentemente mediterráneo, del este-sureste y un anticiclón sobre el norte de Francia o Alemania induciendo sobre la misma zona vientos muy fríos del nordeste. Se produce así una zona de convergencia en superficie sobre el interior peninsular en la que el aire mediterráneo remonta sobre el del interior de Europa, configuración que puede aparecer en los mapas como una especie de frente semiestacionario. Se forman de este modo grandes nimboestratos con una producción muy eficiente de precipitación en forma de nieve, que no se funde al atravesar la capa fría que tiene por debajo. La situación puede tener una evolución bastante lenta y las nevadas pueden ser copiosas.

Otras situaciones están ligadas a la llegada de frentes y son muy distintas dependiendo de la zona por donde lleguen éstos. Cuando un sistema frontal entra por el suroeste peninsular y se encuentra con una capa de aire muy frío pegada al suelo y con un espesor de unos cientos de metros, la precipitación, que ya sale en forma de nieve, no se funde y en esa condición llega al suelo. A diferencia del caso anterior, el aire frontal, más cálido, va sustituyendo progresivamente al aire frío y la precipitación pasa a ser en forma de lluvia, si bien la transición puede durar de unos minutos a algunas horas dependiendo de la naturaleza concreta de las dos masas de aire. 

Las cosas son muy distintas cuando un frente entra por el noroeste. En este caso, la masa de aire es más fría y seca que en el caso de las que entran por el suroeste y además, para llegar a Madrid, tiene que salvar la barrera de la sierra de Guadarrama. En ese tránsito, la circulación ligada al frente sufre muchas distorsiones e incluso el frente puede fragmentarse, con lo cual, o no se produce precipitación en forma de lluvia o nieve sobre Madrid, o ésta es muy escasa. Sólo cuando el frente es "más del oeste" pueden llegar a alcanzar Madrid alguna de sus células nubosas que vienen desde el oeste, sin haber sufrido excesivamente la influencia del Sistema Central, o habiéndose ya regenerado en parte. Creo que ésta fue en buena medida la situación que nos afectó ayer 22 de enero en Madrid.

Las situaciones más complejas están ligadas a las borrascas frías. Éstas tienen dos zonas de precipitaciones. La delantera, sin ser un frente propiamente dicho, se suele comportar como tal, pero con un movimiento algo más errático, lo cual, ya de por sí, complica algo la predicción. Pero además su nubosidad asociada puede ser tanto estratiforme como cumuliforme, o incluso estar mezcladas. En ese caso la presencia de cumulonimbos complica aún más la predicción de intensidad de la nevada e incluso de su "formato" concreto. Justamente es la zona central de la borrasca donde este problema se hace más agudo ya que ahí toda la nubosidad es convectiva. Lo "bueno" en este caso es que la precipitación, aunque intensa, suele ser de corta duración.

Indudablemente los efectos de estas borrascas frías se intensifican o se debilitan dependiendo de la trayectoria que recorren hasta llegar al centro de la Península de forma algo parecida a lo que sucede con los frentes. Lo mas complicado de todo es cuando esas borrascas vienen "marcha atrás", es decir, cuando presentan trayectorias nordeste-suroeste o las mas raras este-oeste. En estos casos la zona que antes llega es esa zona central con cumulonimbos asociados. A las mayores dificultades de los modelos para simular adecuadamente esa "marcha atrás", se une que la precipitación es fundamentalmente convectiva, con sus problemas asociados de intensidad y distribución muy irregular de la precipitación, así como de su "formato" específico (nieve, nieve granulada, granizo, granizo blando...) Una situación de este tipo es la que afectó a Madrid el 9 de enero del 2009 y que creo que mucha gente recuerda -yo desde luego la sigo teniendo muy presente- por las dificultades de todo tipo a que dio lugar.

Pero, por si fueran pocas, la predicción de nieve en Madrid aún presenta más dificultades. Para la determinación de la cota es fundamental la adecuada predicción de las temperaturas en las capas medias y bajas de la troposfera. Pues bien, resulta que los valores de temperatura, sobre todo las de capas bajas, que suelen afectar a la zona centro de la Península en este tipo de situaciones,  son los que conducen a una determinación de la cota de nieve de, alrededor de los 700-800 metros, con ese error de más o menos 100 metros a que antes me refería. Ahí se encuentra de lleno Madrid y toda su zona metropolitana. Y por si fuera poco, se suma también el efecto de "isla urbana de calor" que provoca una distorsión local del campo de temperaturas y que no es tenido en cuenta por los modelos de predicción.

Si, en estos casos, a las puras dificultades meteorológicas se suman las de infraestructuras y las de algunos comportamientos sociales, se entiende que los problemas puedan ser  importantes. En cualquier caso, cabe reconocer que, a partir de aquellas nevadas del 2009, se ha avanzado mucho en la coordinación de las administraciones para minimizar el impacto de situaciones de este tipo. 

Pero, de todos modos, si hay una pregunta que pueda poner los pelos de punta a un predictor, es la de: ¿Va a nevar mañana en Madrid?


18 de enero de 2013

¿Explosiva?

Mañana sábado una borrasca muy profunda y de rápida formación y desarrollo, va a atravesar la Península. Originará lluvias -y en algunas zonas nevadas- importantes, pero lo más significativo serán sus fuertes vientos asociados, lo que aconseja tomar algunas precauciones ante ellos.

El proceso que conduce a la formación de una borrasca de este tipo se ha dado en llamar en la literatura científica meteorológica, y no sé si con mucho acierto, ciclogénesis explosiva o incluso "bomba" meteorológica. En concreto, se estima que, en nuestras latitudes, una borrasca que se profundiza unos 20 hPa en 24 horas o, más o menos la mitad en 12 horas, entra en esta categoría y puede recibir esa denominación. Dejando de lado lo acertado o no del nombre, lo que si puede afirmarse es que se trata de un proceso muy interesante desde el punto de vista meteorológico e incluso para algunos aficionados llega a encerrar una gran belleza, mas allá, como es lógico, de  las dificultades o problemas que su intensidad pueda ocasionar. 

Se trata de una curiosa interacción "a distancia" entre una débil borrasca de superficie y una vaguada de las capas medias-altas de la atmósfera. Cuando la evolución comienza se encuentran aún espacialmente lejanas pero conectadas por interesantes procesos físicos. No suelen ser ajenos a este proceso los fenómenos denominados "calentamientos súbitos estratosféricos" que ocurren a veces en invierno y que dotan a esta vaguada a la que antes me refería de unas características especiales que favorecen un desarrollo de este tipo. Ya desde hace varios días, en los foros de aficionados se comentaba la aparición de estos calentamientos y de las consecuencias que podían tener; ahora aparecen ya algunos de ellos. Y lo digo en plural porque, también y de forma simultánea a "nuestra" ciclogénesis, se va a producir en el Atlántico otra, aún mas intensa, que en este caso se dirigirá hacia Canadá. De todas formas, a quiera conocer más sobre estos procesos, le recomiendo visitar los interesantes foros de "Cazatormentas" y "El Tiempo" así como la revista "RAM" donde podrán encontrar abundante información sobre este tipo de evoluciones y, por supuesto,  de la que está teniendo lugar en estos momentos. También en este mismo blog puede consultarse una entrada sobre un proceso de este tipo, aunque con algunas características curiosas, que se inició sobre la propia Península Ibérica.

En cualquier caso quiero ahora centrarme en la comunicación social de una evolución de este tipo. Dado que los últimos resultados de los modelos muestran que finalmente se producirá, puede hablarse, sin cometer una incorrección, de que estamos ante una ciclogénesis explosiva. La cuestión es: ¿debe utilizarse este término en la comunicación pública de esta situación? ¿Existe un valor añadido útil para el público si la utilizamos? Y sí es así, ¿cual? ¿No sería mas correcto y útil dar simplemente la mejor y más detallada información sobre viento, lluvia y nieve y, de la forma mas conjunta posible, los consejos que se estimen adecuados? ¿No puede dar la utilización de esta información más posibilidades -y más justificaciones- para que algunos medios la amplifiquen creando alarma y sobre todo expectativas de algo "muy gordo" que luego no llega a ser tan extraordinario? ¿No dá lugar todo ello a una valoración negativa posterior de las predicciones y a una pérdida de confianza?

Estas cuestiones, y otras muchas relacionadas, se vienen debatiendo desde ayer en las redes sociales con opiniones y valoraciones para todos los gustos. Por mi parte creo que, aún teniendo rigor científico, es un término que sólo debe utilizarse si hay necesidad de hacerlo. Por tanto, si a mí  me preguntaran sobre lo que va a ocurrir mañana, diría, como al principio de esta entrada, que se trata del paso de una borrasca intensa y rápida que va a provocar precipitaciones, en algunos casos significativas, pero sobre todo vientos muy fuertes, ante los que conviene adoptar medidas de precaución. Y si se me preguntaran sí se trata de una ciclogénesis explosiva diría que sí, pero añadiendo a renglón seguido que, lo de "explosivo" viene fundamentalmente por la rapidez de su desarrollo y evolución, y de ahí pasar inmediatamente a ocuparme de sus posibles  manifestaciones y efectos. 

Sé por experiencia que la utilización excesiva de términos científicos puede llevar a una "perversión" de  los mismos. Así ocurrió en el caso de las "gotas frías". Es verdad que no se trata de una denominación científica -su expresión adecuada es "cut-off low", que en castellano podría traducirse como "borrasca aislada o separada"- pero cuando se acuñó y sobre todo, cuando Mariano Medina la popularizó, conservaba su significado correcto. Con su uso excesivo -y con frecuencia incorrecto- ha perdido en gran manera su significado original y en la actualidad se la identifica directamente con la aparición de lluvias torrenciales. Esperemos por tanto que cualquier temporal un poco fuerte de lluvia y viento no acabe convirtiéndose en una ciclogénesis explosiva.

Y para acabar, lo que si recomiendo, mas allá de tomar cada uno sus precauciones siguiendo las informaciones de AEMET, y en su caso de Protección Civil, es asistir mediante las imágenes de satélite, a una  de las manifestaciones mas interesantes e impresionantes de la formación, desarrollo y finalización de un remolino atmosférico de corta pero interesantísima vida.


14 de enero de 2013

"Rojos", "naranjas"...y "amarillos"

Ya desde aquellos lejanos años finales de los 80, cuando se establecieron en España los primeros planes de aviso de fenómenos meteorológicos adversos -los denominados planes PREVIMET-, el mayor quebradero de cabeza para sus autores fue el establecimiento de los umbrales para los distintos niveles de aviso. En general, se determinaban a través del estudio de series climatológicas de las distintas zonas de España, teniendo en cuenta los valores de los distintos percentiles de las mismas y cruzando a veces esos datos con otros recogidos y estudiados por las autoridades de Protección Civil. Nunca fue fácil: la escasez de datos de situaciones excepcionales, la, a veces escasa, cobertura de observatorios para hacer verificaciones posteriores, y las carencias, todavía significativas, de los modelos de predicción de aquella época, complicaban terriblemente el establecimiento de esos umbrales.

Hasta, aproximadamente el año 2006 o 2007, cada país europeo tenía establecido su propio plan de avisos, sin mayor coordinación entre sus Servicios Meteorológicos salvo algunos acuerdos para zonas fronterizas. Nuestro INM también los estableció con los Servicios francés y sobre todo portugués para unificar, o al menos armonizar, umbrales en zonas geográficas limítrofes.

Fue hacia el año 2001 o 2002 cuando se puso en marcha el proyecto europeo EMMA con el fin de lograr un único sistema europeo de avisos si bien, como es lógico, dejando al criterio de cada Servicio Meteorológico el establecimiento de los valores-umbrales específicos para sus distintas regiones. Lo que sí era común para todos era la existencia de niveles naranja y rojo, así como el criterio cualitativo básico para el establecimiento de sus umbrales correspondientes. Debían estar relacionados con la"rareza" del fenómeno que se esperase para la zona en cuestión sin entrar para nada en valoraciones o estimaciones de impacto, algo que quedaba bajo la responsabilidad de las autoridades de Protección Civil. Como aproximación general se estimaba que un aviso "naranja" debía corresponder a un fenómeno que pudiera presentarse a lo sumo dos o tres veces al año en la zona mientras que un "rojo" podría presentarse, como mucho, una vez al año o incluso con menos frecuencia.

Como el umbral del "naranja" era suficientemente alto, varios participantes expresaron su preocupación sobre algunas situaciones que, sin llegar a ese nivel, podrían provocar situaciones complicadas para actividades muy dependientes del tiempo. Se estimaba que los potenciales afectados no estaban al tanto de un modo rutinario a las predicciones meteorológicas y que, si no existía algún tipo de llamada de atención por parte de los Servicios Meteorológicos, aquellos considerarían que no habría peligro alguno y podrían posiblemente verse seriamente afectados. Para obviar esa situación se propuso el aviso "amarillo". Esta propuesta suscitó bastantes controversias pero al final fue aceptada aún con el convencimiento de muchos participantes de que, como así ha ocurrido, su uso significaría una "inflación" de avisos. Y en ese punto estamos todavía, si bien tengo alguna noticia que el plan METEOALARM se está de algún modo revisando y no sé si ello afectará  a los "amarillos". Lo que si es cierto en cualquier caso es que, algún Servicio europeo como el británico, está evolucionando en el concepto "amarillo", "naranja" y "rojo". Es muy interesante visitar su página de avisos y explorar el apartado denominado "more details", donde se ofrece una novedosa matriz de doble entrada "probabilidad-impacto" en la que se engloban los anteriores niveles de colores.

Mi opinion es que el aviso "amarillo" puede cumplir una misión interesante si no fuera desvirtuado por algunos medios de comunicación. El problema se origina cuando se le da la misma categoría de los otros avisos y se lanzan de este modo mensajes tales como "Cuarenta provincias en aviso..."suponiendo que no se diga ¡"cuarenta provincias en alerta"!.  Debería utilizarse como refuerzo de la predicción en relación con el fenómeno de que se trate pero en absoluto al nivel de los otros avisos. Como ya he expresado en tantas ocasiones, creo que sigue siendo necesario llevar a cabo en España un esfuerzo conjunto entre meteorólogos, psicólogos sociales, geógrafos y expertos en protección civil para que, bajo la coordinación de AEMET, se logre un consenso y un acuerdo sobre la estructura de unos avisos mas útiles y eficaces para todos. Estados Unidos, ya un adelantado desde siempre en estos temas, está llevando a cabo un experimento piloto al que ya me referí en un post anterior y con el que intenta conseguir una mayor comprensión por el público de sus avisos.

No puedo acabar sin hacer una reflexión sobre las denominaciones de los planes. Parece existir un acuerdo general en que los Servicios Meteorológicos emiten "avisos", no "alertas" y desde luego no "alarmas". ¿No sería una buena medida que "Meteoalarm" cambiara un nombre que creo que se puso, si bien no estoy seguro de ello, para ganar la atención y la cercanía de la opinión pública ? Si así fuera, quizás también podría hacerse para "Meteoalerta", una denominación que se adoptó para no alejarse demasiado de la denominación europea, aunque "rebajándola" ya un poco. 

Esperemos que iniciativas tales como el curso de verano que este año se celebrará sobre los riesgos naturales y los avisos de los mismos, sirvan para ir consiguiendo poco a poco esa convergencia y consenso tan necesarios en estos temas. En cualquier caso, sería deseable también que algunos medios de comunicación dirigieran su tiempo y esfuerzo a lograr una mayor formación del público en estos temas de marcada utilidad pública en vez de colaborar a la desinformación y a la "hartura" del mismo con el poco adecuado y sensacionalista tratamiento de las informaciones meteorológicas.

8 de enero de 2013

Subsidencias de enero

Los primeros días de enero se están caracterizando por un tiempo seco, en muchas zonas soleado, con temperaturas relativamente suaves durante el día pero con heladas nocturnas bastante generales. Sin embargo, hay amplias zonas donde la niebla predomina y no llega a levantarse durante todo el día. Ello da  lugar a que, en ellas, máximas y mínimas anden muy cercanas y que el ambiente tenga ese color gris oscuro, casi sin matices, que tanto disgusta a muchas personas. 

La causa de todo ello es una situación atmosferica, bastante típica de esta época del año , caracterizada por unas condiciones en niveles altos que conducen a un aumento de presión en superficie y, por otro, a un lento descenso vertical de masas de aire desde la troposfera superior y media hacia la inferior, con el consiguiente calentamiento y pérdida de humedad. Es lo que se conoce en meteorología como un proceso de subsidencia anticiclónica y provoca una gran estabilidad.

Parece contradictorio que este proceso de descenso y calentamiento del aire sea compatible con heladas y nieblas. Para "reconciliar" una cosa con la otra que tener en cuenta otro proceso más. En las largas noches de invierno, sobre todo con cielo despejado, el suelo se enfría mucho y transmite ese enfriamiento al aire que está sobre él hasta unos cientos de metros de altura llegando a veces a condensarse el vapor de agua y formando la niebla. Tenemos por tanto, hasta uno o dos km. de altura, un aire muy frio y muy denso, imposibilitado por ello de ascender y sobre el que "resbala" y diverge el aire cálido y mas ligero de las capas medias, calentado por el proceso de subsidencia. Por eso, si subimos a altitudes por encima de 1000 o 1200 metros, encontramos un tiempo despejado y vemos bajo nosotros las amplias áreas de niebla....y también capas mas oscuras de aire contaminado, impedido en su ascenso por esa gran "tapadera" que tiene encima. Junto con el aire mas o menos contaminado y las nieblas empiezan a mezclarse ya también en estos días los pólenes de algunas plantas alérgenas de invierno; todo ello produce una combinación verdaderamente molesta e irritante en personas con problemas respiratorios y alérgicos. 


La combinación de las características de la circulación del viento en niveles altos y de ese aire frío y pesado de las capas bajas provoca, como ya decía antes, un marcado aumento de la presión, que se traduce en los mapas del tiempo como un potente anticiclón de superficie. En su zona central se alcanzan presiones muy elevadas, normalmente las más elevadas de todo el año. Si un anticiclón "medio" puede tener en su centro presiones de 1032 o 1034 hPa, estos anticiclones invernales pueden sobrepasar ampliamente los 1040 hPa, llegando, como ha ocurrido estos días pasados, hasta 1043 y 1044 hPa. En realidad, estos valores absolutos de presión sólo se pueden medir a nivel del mar y disminuyen según nos encontramos a mayores altitudes, aunque estén bastante mas altos de lo normal en cualquier sitio. Como los mapas meteorológicos de superficie se dibujan con las presiones medidas en todos los observatorios pero reducidas -para que el mapa sea coherente- a nivel del mar, hay que utilizar algoritmos matemáticos para transformar esos valores. Éstos tienen en cuenta la altitud así como la temperatura de la masa de aire ficticia que se extendería desde la ubicación del observatorio hasta el nivel del mar. Las temperaturas tan frías del aire de capas bajas provoca a veces que algunos de estos algoritmos "se pasen" en el cálculo y den valores mas altos que los que serian correctos. Por eso, estos días pasados se han llegado a dar valores de hasta 1050 hPa en el centro de la Península mientras que los valores en los mapas obtenidos por los distintos Servicios Meteorológicos no pasaban de 1043 o 1044, algo mucho más cercano a la realidad. Aunque la memoria meteorológica es frágil, no recuerdo anticiclones en la Península Ibérica que hayan superado los 1045 o 1046 hPa. Otra cosa son los anticiclones invernales de las grandes llanuras siberianas, con aire aún mucho mas frío donde las presiones pueden llegar hasta los 1080 hPa o aún más.

Estas situaciones de anticiclón suelen comenzar con una entrada de vientos del norte que se corresponden con la llegada de la parte oriental de una gran "dorsal" de la circulación del chorro polar en niveles medios y altos. Ello es lo que provoca ese movimiento descendente o "subsidencia" a que antes me refería. La "entrada" de esa dorsal es a veces muy rápida y va acompañada de vientos fuertes, sobre todo en áreas montañosas. Un fenómeno ligado   a esa situación fue probablemente el que dio lugar hace unos días a las fuertes rachas de viento en la estación de esquí de Panticosa y que originó el cierre de sus instalaciones durante unas horas.

También en estas situaciones se provocan a veces fenómenos curiosos como aumentos bruscos y mas o menos localizados de temperaturas. Con la entrada de vientos del norte, y en determinadas condiciones atmosféricas, aparece en la cara sur de las montañas el denominado efecto "foehn", que no es sino un calentamiento del aire al comprimirse según desciende. Si ese calentamiento actúa sobre aire ya "calentado" por el fenómeno de subsidencia, se provoca un marcado ascenso de la temperatura del mismo, que sorprende por lo anómalo respecto a la época del año y por la marcada diferencia térmica respecto a otras zonas geográficas próximas, pero no afectadas por este fenómeno. Pienso que el brusco aumento de temperaturas de la comarca de L´Empordá de hace unos días estuvo motivado, al menos parcialmente, por un fenómeno de este tipo. En cualquier caso no es una situación que haya podido estudiar mucho y seguro que algún lector puede aportar una explicación más detallada del fenómeno.