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17 de junio de 2014

No podemos escaparnos de las probabilidades.

El meteorólogo sueco Anders Persson, muy conocido en la comunidad meteorológica europea tanto por su excelente trayectoria profesional en el Servicio Meteorológico sueco y en el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo como por ser uno de los mayores defensores del uso de la predicción probabilística,  ha publicado muy recientemente un artículo en la revista Tiempo y Clima de la Asociación Meteorológica Española (disponible bajo suscripción), un interesante artículo bajo el título ¡Los meteorólogos no podemos escaparnos de las probabilidadades!. Curiosamente, su publicación ha coincidido con la participación del propio Persson en el Segundo Seminario de la Asociación de Comunicadores de Meteorología (ACOMET) dedicado esta vez a la comunicación de la predicción probabilística. Creo que es por tanto un momento muy adecuado para comentar algunas de las ideas básicas que Persson plantea y que amplían o complementan algunas otras que ya he expuesto por mi parte en alguna entrada anterior de este blog.


Anders Persson entre Benito Elvira y José Antonio García-Moya, ambos especialistas de AEMET en predicción probabilística. La imagen está tomada durante la celebración de la mesa redonda del Segundo Seminario de ACOMET celebrado en la sede central de la Agencia Estatal el pasado 14 de junio.(Foto ACOMET)

Persson comienza su artículo planteando un pensamiento bastante extendido en bastantes de los Servicios Meteorológicos europeos que podría resumirse en: ¿Por qué vamos a molestarnos en hacer predicciones probabilísticas si el público no las quiere?. En una entrada anterior del blog yo reaccionaba a este argumento diciendo que lo que el público no quiere son las escasas y mal presentadas predicciones de este tipo que se le dan en la actualidad. Por su parte, Persson encuentra tres posibles causas: a) la actitud del público ante la información acerca de la incertidumbre, b) el papel de la estadística en la predicción meteorológica y c) la historia de la predicción por conjuntos.

Respecto a la actitud del público, si bien es verdad que una pequeña parte del mismo entiende y desea este tipo de predicciones, es cierto que la mayoría quiere predicciones categóricas. Coincido con Persson en que ello proviene de la necesidad de tener un chivo expiatorio al que responsabilizar cuando las cosas no salen como se quisiera. He expuesto varias veces mi opinión en el sentido de que el predictor no puede ser el hechicero de la tribu sobre el que se delegan las responsabilidades propias y al que se lleva a la hoguera cuando sus pronósticos fallan. En una sociedad adulta cada cual debe asumir las responsabilidades y la del predictor es la de explicar, con la mayor claridad posible, lo que la ciencia meteorológica puede ofrecer y añadir de forma sencilla e imaginativa, la información sobre su mayor o menor certidumbre. Hay casos muy interesantes -y Persson expone alguno en su artículo- que demuestran que cuando al público se le explican las cosas con claridad y sinceridad, admite la información sin problemas e incluso satisfecho de que se le haga partícipe de las incertidumbres.

Cuando el autor analiza la siguiente causa de los problemas de aceptación de la predicción probabilística que la centra en el papel de la estadística en la predicción meteorológica, se pregunta si, más que en el público, el problema está en la propia comunidad meteorológica. Junto a la, en muchos casos, escasa formación estadística, muchos meteorólogos han visto en estos métodos unos competidores de los dinámicos deterministas y casi unos sustitutos de los predictores experimentados. Debo confesar que ese fue mi sensación durante algunos años y creo que estaba basada en buena medida en el miedo provocado por una no muy buena formación estadística que debí ir corrigiendo con celeridad.

Por lo que respecta a la tercera dificultad que proviene por la propia historia de la implantación y desarrollo de la predicción por conjuntos, Persson desarrolla unas ideas muy interesantes y también muy técnicas que pueden resumirse en esta expresión suya tomada literalmente: "el uso de las probabilidades del sistema por conjuntos del ECMWF se ha visto obstaculizado no sólo por la razón comúnmente citada de que “las probabilidades son difíciles de entender”,sino también debido a los planes meteorológicos internos y la mala comprensión de los conceptos estadísticos básicos".

Por tanto, del artículo de Persson se desprende una conclusión lúcida pero amarga para los que nos dedicamos o nos hemos dedicado a la predicción: Son nuestros miedos y nuestra -en muchos casos- deficiente formación estadística, lo que se ha constituido en obstáculos para ofrecer al público predicciones probabilísticas. Coincido con él en buena medida pero mantengo un cierto optimismo de que las cosas cambien e incluso de que lo estén empezando a hacer ya. Así lo demuestra el adecuado tratamiento probabilístico y orientado al público de algunos productos del Servicio Meteorológico británico y sobre todo de sus avisos de tiempo adverso o bien, aunque en otra escala, el reciente seminario de ACOMET al que me he referido más arriba y en el que la asociación ha podido contar con el eficaz apoyo de la Agencia Estatal de Meteorología y con la intervención de algunos de sus mejores expertos. Los participantes en el mismo, muchos de ellos comunicadores meteorológicos en distintos canales de televisión, han comprobado cómo la predicción probabilística ofrece más información que la determinista y se han mostrado receptivos y dispuestos a colaborar en su introducción o asentamiento siempre que se les faciliten algunos otros productos además de los escasos que ahora se facilitan libremente y se les asesore en su correcta interpretación.

En cualquier caso, y aún asumiendo la gran responsabilidad de meteorólogos y de Servicios Meteorológicos, hay que plantearse por qué a la sociedad en general le cuesta tanto aceptar una vida que es esencialmente probabilística. Creo que reside en buena medida en la educación recibida: una educación básicamente determinista en fondo y forma.  Un signo de madurez sería convencernos de que, parafraseando de algún modo a Anders Persson, no sólo los meteorólogos, sino todos los seres humanos, ¡no podemos escaparnos de las probabilidades! Y quizás sea mejor así.

4 comentarios:

  1. hola Ángel !

    como bien dices en tu artículo, " Persson expone en su artículo- ejemplos que demuestran que cuando al público se le explican las cosas con claridad y sinceridad, admite la información sin problemas e incluso satisfecho de que se le haga partícipe de las incertidumbres. "
    Porque esto hace al meteorólogo humano,,, errare humanum est ,, y las personas saben que muchas veces el tiempo puede variar rápidamente .....

    Creo que la gran labor que hace el equipo de TVE El Tiempo , explicando las causas y los porqués .... hace que el público entienda mejor los pronósticos meteorológicos...

    un abrazo

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    1. Gracias por tu comentario Empar. Siempre hace falta una "narración" con planteamiento, nudo y desenlace. Es lo que realmente llega al público.
      Un abrazo

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  2. Incertidumbre,Ángel,más que una certeza científica induce en la mente de muchos la sensación de impotencia y falta de control.Un poco habría que combatir eso y eso se torna muy difícil cuando muchos de nosotros nos hemos criado en el determinismo.Se trata de destruir un paradigma que,más o menos,se remonta a la concepción mecanicista del mundo allá por el siglo XVII y que ni la Física cuántica han logrado derribar de la mente de muchos.Es por eso por lo que la predicción probabilista necesita de muy duchos comunicadores para,poco a poco,abrirse paso,en la imaginería del gran público.Saludos,Ángel.

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  3. Gracias Mario. A mi juicio es ante todo un problema de educación general. Es mucho más cómodo y fácil educar y educarnos en un modo determinista. Pero nos perdemos mucha información y, probablemente, mucho aprendizaje y disfrute.

    Saludos

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