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26 de enero de 2016

Jonás, la primavera ibérica y El Niño

La borrasca -que no tormenta- invernal Jonás (según denominación unilateral de The Weather Channel) que afectó con un gran blizzard y una fortísima marea de tempestad a amplias zonas del este de Estados Unidos, ha dejado cantidades insólitas de nieve acumulada en las ciudades, así como grandes destrozos en zonas costeras donde se afirma que, esa marea de tempestad, fue incluso algo mayor que la que provocó el famoso huracán/tormenta tropical Sandy

En este caso no ha habido críticas a los predictores y parece que los dos grandes modelos (NOAA y Centro Europeo) ofrecieron predicciones bastante correctas y en general coincidentes. De nuevo se presentaron algunas dudas para el área metropolitana de Nueva York, ya que en esa ubicación, los modelos daban una zona donde la acumulación de nieve pasaría con rapidez de ser muy importante a sólo moderada. Sin embargo, la adecuada utilización de la predicción probabilística -ahora sí- proporcionó una información eficaz y útil.

Sobre la gran intensidad de los fenómenos provocados por esta gran borrasca se han expresado distintas opiniones entre los meteorólogos norteamericanos. Se apunta de forma bastante unánime a que tuvo mucho que ver la anomalía positiva de temperatura en las aguas atlánticas de aquella zona, ya que dotó a la borrasca de una muy importante fuente de energía y de humedad (aunque ambas cosas no vayan separadas). Se comenta también que, quizás, esa anomalía pudo ser debida a la práctica ausencia de huracanes en la pasada temporada, ya que las aguas no se enfriaron como cuando hay una mayor presencia de ellos. Y como esa escasez de huracanes suele ser normal en años con presencia de "El Niño", se ha establecido una posible conexión entre éste y la intensidad de la borrasca.

Por mi parte, y viendo las imágenes del canal WV del GOES-East de esos días, se me ocurre, sólo a modo de hipótesis, la posibilidad de otra contribución más inmediata. Puede verse en ellas como la circulación de la vaguada del chorro polar que soporta a la borrasca acaba de algún modo captando a una circulación tropical/subtropical que procede de una zona del Pacífico donde las aguas cálidas de "El Niño" alimentan una intensa y amplia convección, que inyecta grandes cantidades de humedad en la troposfera media y superior. ¿Contribuyó ese transporte de humedad a hacer más eficiente la precipitación de la borrasca norteamericana e incluso a dotar de más energía a sus vientos? Si fuera así, -habría que probarlo- la contribución de "El Niño" hubiera sido muy directa. 

En esta imagen del satélite GOES East correspondiente a las 08 UTC del 22 de enero, se observa sobre el centro-sur de EstadosUnidos, la vaguada que originaría la borrasca invernal. Al sur fluye una circulación tropical-subtropical que arranca de zonas convectivas unidas a las aguas cálidas de "El Niño"

La misma imagen pero 24 horas después. Aparentemente la circulación de la vaguada ha captado a la subtropical que puede estar aportando a la borrasca mayor energía y eficiencia. La convección en la zona del Pacífico se ha incrementado considerablemente.

Mientras tanto en la Península Ibérica seguimos sumidos -como hace tantos meses- en el seno de una masa de aire subtropical con poquísimas y débiles -para ser invierno- incursiones del aire polar. Ello da lugar a temperaturas muy suaves de caracter primaveral que, en presencia ocasional de viento sur, está llevando a batir algunos récords del mes de enero, sobre todo en observatorios de la mitad norte peninsular. 

Y aunque las temperaturas sean de algún modo primaverales, ya que las todavía largas noches no pueden dejarlas subir más, la circulación atmosférica que nos afecta -alguien pensará que digo una barbaridad-  es casi más típica de principios de verano que de primavera. El chorro polar está en general alto de latitud, cuando en estas fechas podría bajar hasta las latitudes canarias, y sólo algunas vaguadas/danas débiles desprendidas de una circulación polar más bien secundaria, hacen bajar algo las temperaturas, al tiempo que "encrespan" un poco al aire subtropical llegando a producir incluso -como la pasada noche- algunas tormentas. 

Topografía prevista de 500 hPa para las 00 UTC del próximo viernes. Parece una situación de principios de verano: chorro polar muy al norte y circulación secudaria al sur que "suelta" de vez en cuando algunos embolsamientos fríos. Lo que es más primaveral son las temperaturas de 850 hPa que también se muestran en el mapa.
Dado que no parecen verse cambios significativos hacia el frío en los próximos días, todos tenemos puesta nuestra esperanza en febrero. Es curioso que, aún con la mala fama que tiene este mes, tal como reflejan muchos refranes, este año estemos esperando con interés su llegada por ver si nos regala algo de invierno que sentimos como "robado", como algo muy nuestro que algo o alguien nos está quitando.

¿Tiene que ver, una vez más, esta situación con "El Niño? No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí me permito recordar es que se está cumpliendo la predicción del  Servicio Meteorológico británico cuando dijo que la ocurrencia simultánea del cambio de signo de la Oscilación Decadal Pacífica (PDO) y la ocurrencia de "El Niño", podía originar un periodo de tres años -2014, 2015 y 2016- muy cálidos. Hasta ahora se está cumpliendo puntualmente. Esperemos que el declive de "El Niño" -que parece ya a punto de empezar- nos devuelva en 2017 a unas temperaturas más "normales"....y se agradecería también que esa suavización empezara ya este verano.

Pero como vamos de sorpresa en sorpresa...vamos a ver qué pasa con febrero. 

19 de enero de 2016

La vida de Alex

Aunque no existe todavía un estudio en profundidad de las razones para la aparición del huracán Alex en pleno mes de enero, son muchas las hipótesis que circulan por Internet sobre las causas de su temprano desarrollo.  Al mismo tiempo se recuerda su rareza, tanto por ser el tercer huracán aparecido en enero desde que se registran observaciones (año 1851) así como por ser -junto con el, famoso para España, Vince- el único ciclón tropical convertido en huracán al norte de los 30º norte y al este de los 30º este, es decir en zonas en principio muy poco propicias para alcanzar estas intensidades. Esta conversión en huracán "tan al norte" no parece ser un hecho aislado de acuerdo con este artículo publicado en Nature en 2014.


Alex pasa sobre Azores el 15 de enero de 2016 (imagen MODIS)

Pues bien, en este contexto de libre circulación de ideas sobre Alex, quiero compartir algunas reflexiones sobre todo ello, reconociendo antes que nada su carácter de meras intuiciones avaladas únicamente por mi experiencia de muchos años analizando situaciones meteorológicas diversas y complejas.

Partamos del criterio de que las condiciones físicas básicas para la formación de un ciclón tropical deben ser las mismas en cualquier estación del año. Se necesita, por una parte, una amplia zona con convección potente y mantenida que provoque una amplia liberación de calor latente. Ello, a su vez, da lugar a una caída de presión en superficie y al establecimiento de una convergencia de masas de aire, con características más o menos homogéneas. Si esta convergencia se mantiene, acaba apareciendo una circulación ciclónica -una depresión tropical- que puede seguir profundizándose hasta originar una tormenta tropical e incluso un huracán, o bien acabar deshaciéndose si las condiciones dejan de ser adecuadas. Por otra parte es necesaria la ausencia de cizalladura vertical o su presencia sólo en forma muy ligera, de modo que la citada actividad convectiva y la estructuración del giro ciclónico no sea perturbe significativamente. 

También se da como condición básica que la temperatura de la superficie del océano se encuentre entre los 26 y 27ºC. Sin embargo, la condición necesaria no sería tanto esa, sino que la diferencia de temperatura entre esa superficie y la de niveles medios y altos de la troposfera sea la adecuada para originar y mantener esa potente convección a que antes me refería. Lo que ocurre es que, en la temporada típica de aparición de ciclones -de julio a noviembre en la cuenca atlántica-, las temperaturas "normales" en esos niveles medios y altos "casan" bien con esos valores de 26-27ºC en la superficie para originarla y mantenerla. Pero, en principio, nada impide que, si otra estructura térmica vertical genera unas condiciones adecuadas para la convección, ésta se desarrolle, estemos en una u otra estación del año. Y eso es lo que parece que ocurrió en este caso.

Sin embargo, existe otra condición que es mucho más fácil que se de en la citada temporada de huracanes: la ausencia de esa cizalladura vertical a la que antes me refería. En el resto de estaciones del año el chorro polar suele -digo "suele"- bajar de latitud y mantener unas condiciones de cizalladura que hacen difícil el mantenimiento durante varios días de la "calma" que necesita la estructura ciclónica para desarrollarse. Pero, cuando el chorro no baja tanto, sí pueden existir unas estructuras atmosféricas capaces de facilitar el desarrollo en su seno de estas circulaciones ciclónicas: son las depresiones aisladas de niveles altos o danas o incluso  las borrascas frías. En su centro puede establecerse el perfil térmico adecuado para originarse la convección y existir además muy poca cizalladura. De este modo se facilita la "calma" para que esa convección sea duradera y el proceso de formación del ciclón pueda seguir adelante. La situación descrita ocurre con relativa frecuencia y es un mecanismo en parte distinto al más habitual de formación de ciclones tropicales en el que están presentes las ondas del este y que suelen darse en latitudes más meridionales. 


Imagen del canal WV del GOES E. del 6 de enero. Entre el Caribe, Florida y Cuba, la dana o borrasca fría en cuyo seno se desarrolló Alex

Pues bien en este entorno de dana/borrasca fría  tuvo su nacimiento hacia el seis de enero la depresión tropical que luego sería Alex. Esa estructura se puso luego en marcha hacia el este, al tiempo que en su seno la depresión pasaba a tormenta subtropical y después a huracán. 



En esta imagen del canal WV de Meteosat, del 11 de enero, puede verse a la dana/borrasca fría en pleno Atlántico. En su seno  se formaría Alex
El día 14, cuando se encontraba algo al sur de Azores, la dana/borrasca fría fue atraída por una vaguada de la circulación del chorro polar y hacia ella se dirigió -junto con Alex- en un profundo y nada corriente giro hacia el norte. En esa trayectoria atravesó el archipiélago de Azores, pero encontrando ya aguas muy frías. Esa circunstancia dio lugar a que la convección se debilitara mucho y por consiguiente también la propia circulación ciclónica de Alex que acabó desapareciendo algo al sur de Groenlandia. 


Imagen WV de Meteosat del 15 de enero. Alex atraviesa Azores en una curiosa trayectoria recta sur-norte


A la vista de todo ello, surgen algunas preguntas. La primera  sería: Y si es un mecanismo que puede darse con relativa frecuencia...¿ por qué no se generan mas tormentas tropicales o huracanes de este tipo, incluso en invierno? Pues porque no se dan unas condiciones tan adecuadas en la estructura térmica vertical y, sobre todo, porque no son situaciones que se dilaten tanto en el tiempo como para poder llegar a completar el proceso, tal como sin embargo ha ocurrido esta vez.

La segunda cuestión ha estado en los medios continuamente: ¿Tiene relación este temprano huracán con el actual fenómeno de El Niño? Este planteamiento está siendo bastante debatido entre los meteorólogos norteamericanos; según alguno de ellos la dana en la que se acabó originando Alex tuvo su origen en una importante reintensificación del chorro subtropical sobre el Pacífico central, probablemente a causa de la inyección energética que El Niño provoca en esa zona. Si eso fue el origen de esa dana, entonces El Niño ha tenido que ver de forma indirecta. En cualquier caso, desde mi punto de vista, lo importante sería investigar la estructura interna de esa dana por ver si ha gozado, por su origen, de alguna característica poco común. De todas formas, también es posible que, aún sin la inyección energética, alguna dana podría haber aparecido en la zona. ¿Hubiera sido de las mismas características?

La siguiente cuestión también tiene relación con El Niño. Se dice que los años de El Niño son proclives al desarrollo de pocos huracanes en el Atlántico debido probablemente a un exceso de cizalladura. Entiendo que esos estudios están hechos -como no puede ser de otra manera- en relación con los huracanes que ocurren en primavera, verano u otoño....pero ¿valdría el criterio para desarrollos en pleno invierno? 

La otra cuestión tiene que ver  la posible relación con el calentamiento global. Estrictamente hablando no parece que exista esa relación porque, aunque las aguas atlánticas subtropicales tenían y tienen una cierta anomalía cálida, no es muy significativa. Sin embargo, puede explorarse un poco más: ¿se hubiera formado esta dana con un chorro polar más bajo de latitud? Desde luego hubiera sido más difícil y, sobre todo, no sabemos si, de formarse, hubiera tenido otras características distintas a ésta que nos ocupa, que ha estado ligada más bien al chorro subtropical. Y esa "no bajada" del chorro polar, ¿podría estar ligada al calentamiento del Ártico, tal como algunos estudios sugieren? De ser así, el calentamiento global lógicamente sí tendría que ver. 

Creo que esta tendencia del chorro polar a no bajar de latitud es la que nos ha llevado durante todo el año a vivir en una atmósfera -y quizás un océano- subtropical causante en buena medida de los señalados episodios de calor del pasado año y de los, en general ,benignos otoño e invierno que estamos viviendo. Un invierno en el que están naciendo brotes y flores en muchas plantas antes de tiempo. Es posible que  esos nacimientos puedan tener muchos más puntos de contacto con el nacimiento y vida de Alex de lo que en principio pudiéramos pensar.

14 de enero de 2016

De sorpresa en sorpresa: Un huracán en enero ...y más

En estos extraños tiempos meteorológicos en los que vivimos, donde la aparición de récords está pasando casi a ser algo normal, hace unos seis o siete días los meteorólogos nos vimos muy sorprendidos. En los mapas previstos por el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo para estos días aparecía algo así como un ciclón tropical viniendo desde las costas norteamericanas en el seno de una dana y discurriendo por una zona entre Azores y Canarias, con dirección hacia el norte o nordeste. Naturalmente, aún habiendo visto todo lo que ya hemos visto, pensamos que era un "artifact", un ente ficticio creado por el modelo y pensamos que, como mucho, la cosa quedaría en una borrasca más o menos fuerte. No obstante, los que llevamos muchos años trabajando con estos mapas, sabemos que el Centro Europeo "no suele dar puntada sin hilo" y yo mismo expresaba en twitter mi opinión de que, aunque pudiera ser una exageración, convenía no perder en absoluto de vista a esta estructura de carácter al menos subtropical.

Pero el paso de los días ha ido dando la razón al Centro y hemos asistido sorprendidos, primero a su desarrollo, después a su clasificación por el Centro Nacional de Huracanes como ciclón subtropical y hace muy pocas horas a su conversión en huracán de categoría uno, bautizado con el nombre de Alex.


En el centro de la imagen, Alex dirigiéndose hacia Azores (14 de enero a las 15 UTC)

 Naturalmente, se trata de un hecho muy raro, ya que la temporada oficial de huracanes en el Atlántico norte comienza en junio y acaba en noviembre y se supone que, para generarse un huracán, las aguas superficiales del océano no deben estar por debajo de los 26,5º. La rareza es tal que, según el citado Centro, Alex es el primer huracán que se forma en el mes de enero desde 1938 cuando un huracán sin nombre afectó a las Antillas menores, aunque también hay que recordar que en enero se han llegado a formar dos tormentas tropicales, una en 1951 y otra en 1978.

El Centro Nacional de Huracanes ha dado una primera explicación diciendo que, aunque las aguas atlánticas están alrededor de los 20º C, la troposfera superior está inusualmente fría con valores cercanos a los -60ºC, bastante por debajo de lo que suele ser usual en las zonas de formación de estos ciclones. Aunque es seguro que la aparición de Alex generará muchos estudios por lo que respecta a las causas de su formación, ya desde hace tiempo existe mucho debate sobre el citado umbral de los 26,5ºC a que antes me refería, dado que existe evidencia de ciclones -como Alex- formados y activos con temperaturas más bajas, sobre todo aquellos que se forman en el seno de borrascas frías donde la troposfera superior pueden estar, efectivamente, más fría que lo habitual existiendo por tanto la inestabilidad vertical necesaria en presencia de muy poca cizalladura. Si algún lector está muy interesado en profundizar en estas cuestiones puede leer este excelente artículo publicado el pasado mes de noviembre en el Bulletin of the American Meteorological Society. 



De acuerdo con la trayectoria prevista, Alex va a afectar de lleno de Azores y seguirá hacia el norte, contribuyendo al marcado transporte de calor y humedad hacia zonas polares. Pero con una situación un poco distinta pudiera haber afectado a Canarias o a la propia Península Ibérica, originando en pleno invierno lluvias de origen tropical. Aunque todo esto parezca una exageración, con alguna frecuencia me he referido (la última vez en un capítulo de mi libro Compartiendo el tiempo) a la posibilidad de que los cambios oceánicos y atmosféricos inducidos por el calentamiento global de que Canarias y la Península puedan verse afectadas por estructuras de carácter tropical o subtropical con lluvias que podrían llegar a ser más significativas que las provenientes de las borrascas del frente polar.

Pero, por si fueran pocas las sorpresas, por si fuera poco un huracán en enero en el hemisferio norte, también surgió hace unos días otra tormenta tropical en el Pacífico central -también hemisferio norte- denominada Pali. Y, además de ocurrir en enero... otra sorpresa más: Pali se ha llegado a acercar hasta una distancia de 2 0 3º de latitud del Ecuador, una zona prácticamente prohibida para estos sistemas por razones de dinámica atmosférica. Parece que, en cualquier caso, Pali tiende a irse disipando sin tocar el Ecuador y por supuesto sin cruzarlo... lo que hubiera ya sido algo así como una "herejía meteorológica".

¿Causas de todo ello? Es fácil atribuírselo todo una vez más al El Niño; pero creo que no es tan evidente y que necesita estudios detallados. Quizás lo más importante sea la investigación de la dana en cuyo seno se ha formado y viajado Alex desde Norteamérica y ver su estructura y características. Ahí pueden estar algunas claves, junto a las anomalías cálidas, aunque no exageradas, de las aguas oceánicas sobre las que se ha desarrollado.

¿Próxima sorpresa?


11 de enero de 2016

Ante la incertidumbre... más y mejores probabilidades

Tras el temporal de poniente que nos ha afectado desde los últimos días de diciembre, se inicia ahora una evolución atmosférica que parece llevarnos hacia un tiempo más seco y frío. Sin embargo, existe aún bastante incertidumbre sobre cuál va ser el escenario sinóptico que va a predominar a partir del próximo fin de semana y cuál va a ser por tanto, la intensidad de ese frío que puede llegarnos. Son días complicados para predictores, pero muy atrayentes para los aficionados, que siguen cada doce horas las salidas de los modelos numéricos de medio plazo al tiempo que comentan sus "bandazos" en cuanto al resultado final del cambio de circulación que se aproxima. Y debo reconocer que, con frecuencia, esos comentarios demuestran un importante y creciente conocimiento del uso e interpretación de esos modelos.

Es evidente que la única solución aceptable en estos casos es la predicción probabilística. Sus productos muestran claramente la dispersión de las posibles alternativas a que me estoy refiriendo; sin embargo las presentaciones para mostrarlas son muy distintas y tienen también distintas utilidades. Si bien disponemos de forma libre de epsgramas locales y de mapas de desviaciones, mantengo desde hace mucho tiempo que, desde el punto de vista de la comunicación y divulgación, es la presentación de los cuatro, cinco o seis posibles escenarios sinópticos (obtenidos a partir de la agrupación de los escenarios individuales más parecidos), con sus probabilidades de ocurrencia asociadas, lo que permite una comprensión más clara y una presentación más sencilla de las posibles evoluciones e incluso del escenario más adverso que cabría esperar a medio plazo.

Por otra parte, el  modelo más ampliamente difundido en Internet y el que está al alcance de cualquier persona es el GEFS norteamericano que, como sabemos, es más "pobre" que el del Centro Europeo ya que sólo cuenta con un sistema "ensemble" de veinte miembros frente a los cincuenta que tiene el segundo, aparte de otras diferencias.

El mapa de 500 hPa y desviación estandard proveniente del modelo probabilístico del Centro Europeo para la noche del miércoles nos proporciona una certidumbre bastante alta sobre la evolución prevista por el modelo determinista.
Para la noche del jueves al viernes, la certidumbre, aunque todavía elevada, empieza a disminuir

Para la noche del sábado al domingo, la incertidumbre es ya bastante elevada en algunas zonas. Hay reservas sobre lo que "dice" el modelo determinista, sobre todo en la vaguada atlántica y en la zona sur de la mediterránea. Una ligera basculación de su eje hacia el este podría dar lugar a una entrada bastante fría del nordeste. Este mapa es un producto excelente, pero de cara a la divulgación y comunicación, sería mucho más interesante contar con las agrupaciones (de tres a seis) de los distintos escenarios o soluciones que nos ofrece el sistema probabilístico con sus probabilidades asociadas.


Este es el epsgrama para los próximos días en Madrid, proveniente en este caso del modelo GEFS norteamericano. Para las personas más o menos expertas, es un producto muy interesante y útil, pero no me parece adecuado para la comunicación hacia el público general. Se trata además de un producto local.

Por todo ello, reitero una vez más mi sugerencia a AEMET sobre el interés que tendría la puesta a disposición a través de su página web de estos escenarios. Es verdad que, si bien durante una época compartimos la idea -yo la compartí también- de que esos escenarios eran un producto demasiado "técnico", creo que la evolución acaecida tanto en el colectivo de comunicadores meteorológicos como de aficionados, hace posible y deseable esa difusión. 

Por otra parte aunque en este contexto, reconozco el paso adelante que se dio con la difusión de los mapas de probabilidad de precipitación para los días D+1, D+2 y D+3 provenientes del citado modelo del Centro Europeo. Sin embargo, teniendo en cuenta la calidad que tiene el modelo determinista, creo que deberían difundirse también los D+5 a D+7, periodo en el que ese determinista tiene muchos más problemas y donde el sistema probabilístico puede aportar mucha información relevante. 

Dados los pasos que AEMET viene dando en los últimos tiempos con la renovación de su página web y el anuncio de una mayor liberalización de datos, confío en que también estimen oportuno y sobre todo útil la difusión de estos importantes productos probabilísticos.

5 de enero de 2016

Ponientes, Niños...Niñas...

"Cambio de aires" fue el título que puse a mi anterior entrada de este blog cuando, recién transcurrida la Navidad, ya parecía evidente que la circulación atmosférica sobre España experimentaba un cambio sustancial. Casi sin darnos cuenta, estamos ahora inmersos en pleno temporal de poniente, con vientos que han removido la contaminación que nos venía afectando de forma preocupante y con lluvias que, aunque no están siendo importantes salvo en zonas montañosas y algunas de la mitad norte, han logrado humedecer sustancialmente el ambiente, sobre todo de la vertiente atlántica. Y, al menos en esta zona,  -no tanto en la mediterránea- existe la sensación -física y psicológica- de que, al fin, el invierno ha empezado a asomarse.

Aunque hoy martes 5 de enero estamos afectados por una vaguada con entrada de aire frío del noroeste (el clásico "escobazo" tras un frente activo), nuevas bandas nubosas asociadas a la circulación de los oestes sobre el Atlántico, nos afectarán durante los próximos días.

Todo parece indicar que esta situación de ponientes -aún con sus correspondientes intervalos de tiempo seco y frío- puede prolongarse hasta mediados de mes. Para esas fechas se ven algunos indicios de retrogresión en la dorsal atlántica, lo que pudiera originar una entrada de vientos fríos del nordeste sobre la Península, acompañados o no -depende de cual fuera la posición de la borrasca mediterránea- de precipitaciones de nieve.


Aunque la incertidumbre todavía es muy alta, hay síntomas de que, hacia mediados de mes, podría interrumpirse el flujo de ponientes por el establecimiento de una dorsal atlántica al oeste de la Península. Está por ver si se va a dar una retrogresión de esa dorsal, que, de ser así,  induciría aire frío continental sobre nuestra zona geográfica, algo normal en el mes de enero. Mucho más difícil aún es saber si se formaría una borrasca mediterránea y donde podría ubicarse. De ello dependería la aparición de nevadas extensas. 

Por tanto, empezamos a estar en un tiempo más "normal", al menos en nuestra zona geográfica, si bien el impresionante impacto informativo originado por la presencia de un fenómeno de "El Niño" bastante intenso ha conducido y conduce a una, probablemente excesiva, atribución al mismo de las poco frecuentes circulaciones atmosféricas en distintas zonas del mundo. A este respecto, ayer, yo mismo me preguntaba y preguntaba en twitter sí este temporal de lluvias tendría que ver con esos estudios que relacionan un tiempo más húmedo de lo normal durante el otoño el la vertiente atlántica con la presencia de "El Niño" y que pudiera haber llegado "retrasado".

Impactos de precipitación a nivel mundial en situaciones de "El Niño" publicado por el Meteorological Office británico. A la Península Ibérica se le atribuye un periodo agosto-noviembre más húmedo de lo normal. Otros estudios apuntan a que esa anomalía sólo afecta a zonas de la vertiente atlántica. No parece que haya sido así en la situación actual en la que este periodo ha sido normal tirando a seco.

La respuesta de algunos amigos coincidió con la que yo tenía en mente:  No parecía probable que fuera así, dado que se trataba de una circulación relativamente "alta" de latitud cuando ese supuesto otoño "más húmedo" parecería más unido a una circulación más baja y con  presencia de más entradas húmedas desde el suroeste. 

Por otra parte, la ocurrencia de este "Niño" en un año en que, junto con el anterior, se están produciendo récords en la temperatura  media de la Tierra, debidos muy probablemente al calentamiento global, ha hecho que se multiplicaran las hipótesis y las cábalas sobre la posible acción conjunta de tales fenómenos o, hasta qué punto, un fenómeno potenciaba o debilitaba al otro. Todo ello ha llevado, como suele ocurrir en estos casos, a un exceso informativo sobre las posibles relaciones de los distintos fenómenos adversos con "Niños", cambios climáticos o combinaciones varias. Ante esta situación, profesionales y aficionados nos quejamos de esa mezcolanza informativa pero hay que reconocer que son las informaciones de las distintas organizaciones mundiales y la inevitable ebullición de las redes sociales lo que alimenta a las informaciones periodísticas. Recordemos a este respecto el gran despliegue informativo de la OMM sobre los récords de calor de los años 2014 y 2015 en un esfuerzo de concienciación ante la Cumbre del Clima de París y también la rara actitud de la NASA al referirse en un nota oficial a que "El Niño" estaba creando un "caos meteorológico" mundial...¿Qué es un "caos meteorológico" desde el punto de vista científico?

También en estos días se han escuchado o leído declaraciones que se van hacia el otro extremo, es decir, a la supuesta imposibilidad de atribuir un único fenómeno al cambio climático o, incluso, a la acción de "El Niño". Es verdad que ese el "discurso" era el necesario hasta hace tres o cuatro años, pero el encomiable esfuerzo que están llevando a cabo científicos de todo el mundo coordinados por la American Meteorological Society, está haciendo que esta afirmación deba revisarse. Ahora ya, antes de que acabe cada año, se publica un completo estudio sobre la mayor, menor o nula relación con el cambio climático de las situaciones atmosféricas más adversas del año anterior. Por tanto es muy posible que en el último trimestre de este nuevo año 2016, tengamos muchas respuestas a las preguntas que ahora nos hacemos. 


Portada del informe sobre fenómenos meteorológicos extremos del año 2014 y su posible atribución. Puede descargarse aquí

Ahora los modelos de predicción a largo plazo apuntan hacia un rápido declive de las actuales condiciones de "El Niño" para pasar a finales de la primavera o comienzos del verano a una situación neutral o incluso de "Niña". 

Aunque con la incertidumbre propia de una predicción probabilística, el diagrama del Centro Europeo apunta claramente hacia una rápida desaparición de El Niño e incluso algunos escenarios llevan hacia una Niña débil a comienzos del verano


Me temo que, aún sin haber cerrado los impactos de este "Niño", se empiecen a mezclar con los potenciales de la futura "Niña" (¿será fácil distinguir unos de otros o detectar sus posibles conexiones?). Y el temor no proviene de que empecemos a hablar de ello, sino de cómo se va a trasladar al público sin aumentar la confusión, la desinformación y desde ahí la excesiva alarma o el desinterés. Ello me lleva a insistir de nuevo, una vez más, en la importancia de que existiera en España un informe periódico de referencia, claro  y asequible para no expertos que diera coherencia a todas estas informaciones así como a las posibles impactos sobre España.