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17 de noviembre de 2017

¿Cuándo va a llover?

Antes que nada, y para evitar gasto de tiempo y no llevar a equívocos al lector que, ilusionadamente, haya abierto esta entrada, esperando encontrar la respuesta a esa pregunta, debo decir que, lamentablemente, no va a encontrar aquí una respuesta concreta. Sí la pongo como título es porque refleja la gran cuestión que hoy está en la conversación de muchísimas personas, en los medios de comunicación y en las redes sociales. 

He notado que, en el fondo de esas conversaciones y comentarios, late una cierta decepción y un punto de tristeza al constatar que, en una época de tantos avances científicos y tecnológicos, la meteorología no pueda aún ofrecer una respuesta concreta más allá de unos días vista, al menos para nuestras zonas geográficas. La complejidad del sistema Sol- Océano-Atmósfera, es tanta que, aunque cada vez conocemos un poco más,  no es suficiente todavía para modelizarla adecuadamente de modo que podamos obtener predicciones más certeras. Y a ello hay que unir la propia naturaleza caótica de la atmósfera con la necesidad de establecer siempre predicciones de carácter probabilístico. Todo ello hay que explicarlo con sencillez y asumirlo al igual que también asumimos con satisfacción la espectacular mejora de las predicciones a corto y medio plazo durante los últimos 15 o 20 años. 

Sin embargo, la constatación de esta dificultad predictiva así como la del conocimiento del carácter cíclico de las sequías en la cuenca mediterránea, no parece que aún hayan convencido del todo a los distintos responsables para tomar medidas más eficaces sobre la gestión del agua. Ya en primavera, a la vista de la situación en aquel momento, comentábamos las dificultades que íbamos a experimentar si el otoño venía seco, como así está siendo. No veníamos ya de una situación de superávit hídrico: si tomamos los datos de los informes publicados en los últimos años por AEMET, cabe recordar que el último año con carácter de "muy húmedo" fue el 2010 (el único que ha habido hasta el momento al menos desde 2005). Después, 2011 y 2012 fueron secos, 2013 y 2014 aproximadamente normales, 2015 muy seco, 2016 normal y 2017....ya vemos como se está comportando. 

Pero, más allá del carácter concreto de cada año en los que se refiere a valores absolutos de precipitación, es muy importante tener en cuenta dos cosas más. La primera es la importancia que tiene el "cómo llueve", es decir, si esas lluvias son las más adecuadas para rellenar acuíferos y embalses y ayudar a la agricultura o bien su distribución irregular durante el año y/o su torrencialidad no las hace las más adecuadas, como en buena medida viene ocurriendo. Por otra parte, el carácter cálido o muy cálido predominante de estos últimos años está favoreciendo mucho evaporaciones y evapotranspiraciones contribuyendo así de un modo notable al déficit hídrico. 

Y no nos puede servir de mucho consuelo pensar que, de acuerdo con las proyecciones climáticas, las lluvias, aunque disminuyendo, lo harán de forma muy pausada. Aún en el caso de que eso sea cierto, lo que sí parece muy probable es que su irregularidad o torrencialidad y la acusada evaporación se mantengan o incluso puedan aumentar. Ante este panorama creo que debe ir abandonándose, o al menos matizádose mucho, ese comodín de que las sequías son cíclicas en el área mediterránea y de que, al final, siempre llueve. Más bien deberíamos asumir la alta probabilidad de que nuestros recursos hídricos van a ir siendo menores por las causas expuestas. Y desde esa asunción, planificar a largo plazo una adecuada gestión hídrica si no queremos vernos en serias dificultades. 

En cualquier caso, si algún lector ha llegado hasta aquí, creo que merece que hagamos algún intento de acercamiento, más que de respuesta, a la pregunta que da título a esta entrada. Pues bien, si consultamos los mapas probabilísticos del Centro Europeo, vemos que entre mediados y finales de la próxima semana algunas vaguadas atlánticas pueden acercarse al oeste peninsular y provocar lluvias en el noroeste y puntos de la mitad oeste.  En cualquier caso la incertidumbre es bastante alta y todavía podría haber cambios en uno u otro sentido.
Predicción probabilista del Centro Europeo para el sábado 25 de noviembre. La configuración del modelo determinista facilitaría la aparición de lluvias en la vertiente atlántica, pero los fuertes tonos morados al oeste nos indican todavía bastante incertidumbre, de modo que la vaguada o borrasca fría pudiera quedarse al oeste peninsular y provocar una entrada cálida sobre la Península Ibérica.

No son muy optimistas tampoco los mapas de predicción del mismo Centro para las próximas tres semanas, ya que siguen apuntando a anomalías cálidas y secas sobre nuestras zonas. Y es muy preocupante porque, de cumplirse, noviembre podría acabar muy seco y con él, el trimestre otoñal. 

Anomalías de precipitación y de temperaturas para la semana del 20 al 26 de noviembre. Lluvias en general por debajo de lo normal salvo en el oeste-noroeste peninsular donde serán normales y temperaturas en todas las zonas, por encima de los valores normales. 
Anomalías para el 27 de noviembre al tres de diciembre y del 4 al 10 de ese mismo mes.  Las precipitaciones van tendiendo a la normalidad en la mitad norte y las anomalía cálida se va debilitando. 

Nos toca confiar ahora en el invierno. Aunque es verdad que, en general, el otoño es siempre más lluvioso que el invierno, ha habido algunos de éstos que nos han ofrecido sorpresas interesantes. Recordemos por ejemplo el año 2009 cuando, tras once meses secos o muy secos, la segunda quincena de diciembre fue especialmente lluviosa, algo que se prolongó durante enero y febrero de 2010. ¿Pasará así en esta ocasión? Es posible, pero, al menos desde la meteorología "ortodoxa", no lo sabemos. Ojalá sea así. Lo que sí sabemos es que en una sociedad actual no podemos ligar solamente nuestro bienestar a esa idea, desde mi punto de vista muy peligrosa, de que "al final siempre acaba lloviendo".

20 de octubre de 2017

Ophelia, el fuego y la lluvia

En mi entrada anterior me refería al interesante y relativamente extraño proceso de formación del huracán Ophelia y de su trayectoria hacia el occidente europeo. Al mismo tiempo expresaba mi convencimiento de que cada vez debemos estar más atentos a los desarrollos y trayectorias de las circulaciones ciclónicas tropicales y subtropicales y, en general, del comportamiento del chorro subtropical en nuestra área geográfica.


Imagen del canal 5 (WV) de Meteosat a las 19 UTC del sábado 14 de octubre. Se ve claramente a Ophelia a mucha distancia de la Península Ibérica

Pues bien, una vez que la profunda borrasca extratropical en que, finalmente, se convirtió Ophelia se ha desvanecido en el seno de la atmósfera, me parece interesante incidir sobre dos consecuencias relacionadas con ella en mayor o menor medida, que me han llamado la atención y que  nos han afectado en los últimos días. Una, la ocurrencia de los incendios en el noroeste peninsular. La otra, las fuertes lluvias que siguieron en gran parte de la Península, provocando una rotura muy transitoria del régimen anticiclónico en el que llevamos instalados de forma casi permanente. 

Por lo que se refiere a los incendios, antes de nada, me parece importante recordar el escenario general ambiental en el que se desarrollaron y que queda en buena parte reflejado por el mapa del Standard Precipitation Index (SPI) de octubre de 2016 a septiembre de 2017, y que nos da una idea de la escasez de lluvias en ese periodo: 


Los colores "cálidos" aparecen en zonas de déficit de precipitación respecto a valores normales desde octubre de 2016 a septiembre de 2017. Impresiona la situación del noroeste peninsular

En cualquier caso, la escasez de lluvias en el noroeste peninsular viene ya de largo, como puede verse en este otro mapa de SPI correspondiente al conjunto de los tres últimos años. 

Entre octubre de 2014 y septiembre de 2017, el déficit de precipitación se extendió por todas las zonas aunque con mayor intensidad en el noroeste y nordeste. 

Pues bien, en ese contexto de extrema sequedad, ocurrió el fuerte remonte  de aire tropical, cálido y seco, del suroeste que afectó desde mediados de la semana pasada a la Península, y que lo hizo con mayor incidencia en el tercio occidental de la misma, tal como se ve en este mapa del Centro Europeo.


Topografía de 500 hPa y campo térmico a 850 hPa del sábado 14 de octubre a las 12 UTC (fuente: Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo)
Y fue en este escenario cuando durante la tarde-noche del domingo 15,  huracán Ophelia, ya en plena transición extratropical, pasó a no gran distancia de las costas occidentales peninsulares produciendo un aumento del viento cálido y seco, facilitando el traspaso del peligroso umbral 30-30-30 en las regiones del noroeste. Unas condiciones que han ocurrido en Galicia en más ocasiones, pero supongo que no tantas en octubre y tras una escasez de lluvias tan prolongada.



A las 19 UTC del 15 de octubre, 24 horas después de la imagen anterior, y cuando los incendios surgían con gran intensidad en el noroeste peninsular. Ophelia pasaba cerca de Galicia y provocaba sobre estas zonas una notable entrada de aire tropical al menos en la troposfera media, con un claro aumento del viento en superficie. 

No soy muy experto en incendios forestales pero creo que, en esas condiciones, las chispas procedentes de pequeños fuegos, voluntarios o involuntarios, pudieron prender con facilidad en piñas o ramas de árboles que el fuego transportó a gran velocidad y con tremenda eficiencia.

Sin embargo, sí hay un detalle meteorológico que probablemente no tuvo ninguna relevancia en el rápido desarrollo y propagación de los incendios pero que sí quiero comentar por si alguien experto en su dinámica le puede resultar interesante. En las imágenes de algunos canales de Meteosat, muy especialmente, en el 6 y en el 9, se observa sobre Galicia, aunque con cierta dificultad, una nubosidad típica de ondas gravitatorias. No se generaron allí sino que se vinieron propagando a lo largo del día 15 sobre la primera banda o filamento nuboso  que se acercaba desde el océano.


En esta imagen del canal 6 de Meteosat correspondiente a las primeras horas de la noche del día 15, se observa como Ophelia  está completando su transición extratropical cerca de Galicia, al tjempo que advecta sobre el occidente peninsular una masa de aire tropical relativamente húmedo en los niveles troposféricos medios. En el seno de esa masa, y al menos sobre la mitad oriental de Galicia, se observan esas nubes transversales, típicas de ondas gravitatorias. 

Ese tipo de estructuras conviene tenerlas en cuenta porque, a veces, su rotura provoca movimientos verticales del aire que puede producir reventones cálidos o, al menos, cierta turbulencia. No tengo ninguna constancia de que ello ocurriera, y casi con toda seguridad fue el viento en aumento el responsable de la rápida propagación del fuego...pero me parecía interesante reseñarlo. 

Por lo que se refiere al temporal de lluvias fuertes que nos afectó a continuación he de confesar que me "chirriaban" un poco algunas expresiones que apuntaban a que Ophelia podía abrir el paso de las borrascas atlánticas hacia la Península. Sin embargo, vista la evolución de las topografías de 500 hPa de los días 16 al 19, sí que considero la posibilidad de que pudo ser la interacción de Ophelia con la vaguada del chorro polar  la que forzó a la circulación a reestructurarse, dando lugar a que la vaguada que venía a continuación se frenara, se estrechara después y, finalmente, acabara dando lugar a la dana que nos ha acaba de afectar.  Esa evolución puede verse en los siguientes análisis de las topografías de 500 hPa:



Análisis del 16 de octubre a 00 UTC. La vaguada con la que ha interaccionado Ophelia se encuentra al noroeste de Galicia. Una segunda vaguada del chorro polar la sigue en pleno Atlántico. 

Análisis del 17 de octubre a 00 UTC. La segunda vaguada ha bajado de latitud y se acerca al noroeste peninsular


Análisis del 18 de octubre a las 00 UTC. La vaguada se estrecha, al tiempo que avanza muy lentamente hacia el este.


Análisis del 19 de octubre a las 12 UTC. La vaguada ha dado ya lugar a una dana sobre el interior peninsular.

Tiende a reafirmarme más en ello, el hecho de que, tras su paso, la gran dorsal norteafricana se vuelve a extender sobre España y parece que va a seguir haciéndol0 al menos hasta fin de mes. Sin embargo, a favor de que Ophelia no hubiera intervenido significativamente, está el hecho de que la dana se haya formado en unas fechas climatológicamente muy proclives para procesos de este tipo  en nuestra zona. 

De una forma u otra, supongo que no tendremos que esperar a una nueva interacción de alguna estructura tropical o subtropical con el chorro polar para que vuelvan las necesarias lluvias. En cualquier caso, y como apuntaba anteriormente, creo que debemos estudiar, conocer y vigilar cada vez más la atmófera tropical y subtropical, esa atmósfera que parece ascender cada vez más hacia el norte.





11 de octubre de 2017

Ciclones tropicales y España

Seguimos instalados de forma casi permanente en el seno de una masa de aire tropical o subtropical que mantiene durante el día un ambiente prácticamente veraniego. Al mismo tiempo, la circulación del chorro polar se mantiene muy alta, de forma que las ondulaciones profundas del mismo -y que pudieran dar lugar a danas- no llegan a nuestra zona geográfica. Todo ello está dando lugar a un otoño, no del todo desconocido, pero sí bastante atípico, tanto por la práctica ausencia de lluvias con problemas ya serios de sequía y de suministro de agua, como por los curiosos récords de temperaturas máximas alcanzados. Y todo ello en el contexto de un año que apunta, una vez más, a ser el más cálido o uno de los más cálidos de los registrados hasta ahora en España.

Sin embargo esa atmósfera tropical, que poco a poco va subiendo de latitud en el hemisferio norte, no es una estructura estática sino que tiene sus propios vórtices o estructuras ciclónicas de mayor o menor entidad provocadas por circulaciones del chorro subtropical o por otras que no llegan a tener características de chorro.  Un ejemplo de ello ha surgido estos días con la formación del la hasta ahora tormenta tropical Ophelia algo al sur del archipiélago de Azores. 

A diferencia del proceso típico de formación de estas estructuras, que suele estar unido a la presencia de ondas del este circulando en latitudes más meridionales, en este caso, el desarrollo está teniendo lugar bajo el núcleo de una dana. Ésta le proporciona aire frío en niveles medios-altos que alimenta y mantiene una potente actividad convectiva y una casi total ausencia de cizalladura. En esta situación esa potente convección da lugar a descensos de presión en superficie que, si se mantienen en el tiempo, originan una débil circulación ciclónica que pasa a ser depresión y luego, como en este caso, evoluciona a tormenta tropical y a huracán. 

La tormenta tropical Ophelia a las 06 UTC de hoy 11 de octubre y a punto de convertirse en huracán de categoría 1

La evolución de este tipo de situaciones puede ser básicamente de dos tipos, ligados a su vez a la evolución de la propia dana: o bien acaban desapareciendo en pleno océano por debilitamiento de la convección ligada al debilitamiento de su dana madre, o bien la siguen en su desplazamiento en el caso de que sea captada por alguna circulación del chorro polar o  subtropical. 

En el caso de Ophelia todo parece indicar que va a ser una vaguada algo más profunda del chorro polar la que va a arrastrar a la dana en su zona delantera, al tiempo que la debilita y la hace desaparecer englobada en su propia circulación.

Topografía de 500 hPa prevista por el Centro Europeo para las 00 UTC del sábado 14 de octubre. Puede verse al sur de Azores la pequeña dana que da soporte a Ophelia y el acercamiento de la vaguada del chorro polar que la va a conducir hacia zonas cercanas a Galicia al tiempo que la absorbe en su circulación. Ello contribuirá a la transformación de Ophelia de ciclón postropical a borrasca extratropical.

De esta forma, Ophelia va a ser conducido hacia zonas marítimas cercanas a Galicia sin que en este momento sea posible conocer de una forma determinista que áreas concretas van a ser afectadas, algo que conduce, por supuesto, a establecer una vigilancia continuada y a la emisión en su caso de los correspondientes avisos. Por otra parte, además de la trayectoria concreta que pueda seguir, hay que estar muy al tanto a la profundización e intensificación que, según algunos modelos, podría experimentar en su viaje hacia nuestra zona y que podría ser debido -aunque es algo que habría que estudiar con más detalle- a su interacción con la zona baroclina de la vaguada que lo arrastra. 

La situación de Ophelia al oeste de Madeira prevista para las 00 UTC del sábado 14 de octubre.

Situación de Ophelia a las 00 UTC del lunes 16 de octubre. Puede observarse la gran profundización que ha experimentado y que puede estar relacionada con su transformación a borrasca extratropical pero que, en cualquier caso, hay que vigilar muy de cerca. 

En cualquier caso, en lo que me interesa detenerme un poco más es en la génesis de este ciclón. La formación de estructuras de este tipo en el seno de danas en latitudes medias no es algo desconocido. Están bien documentados casos tanto en pleno Atlántico (recordemos entre otros el caso de "Vince" casi en estos mismos días del año 2005), o incluso en el Mediterráneo bajo la forma de "medicanes" y de una manera al menos todavía muy anecdótica en el Cantábrico bajo el nombre, probablemente prematuro, de "biscane", tal como puede verse en este artículo recientemente publicado en la revista Weather.

Si volvemos al caso actual, de desarrollo atlántico, me parece muy interesante profundizar un poco en el origen de la, en principio, dana que ha permitido el nacimiento de Ophelia. Si se examinan las imágenes hemisféricas del canal de absorción de vapor de agua de Meteosat desde el día 6 hasta hoy, todo parece indicar que no proviene del estrangulamiento de una vaguada del chorro polar, sino más bien de la formación de una onda en el seno de un chorro -o al menos una corriente- subtropical que arranca prácticamente desde el ecuador. Da la impresión de que esa onda se cierra pronto y origina esa ¿dana? en cuyo seno se inicia la marcada convección que acabará dando nacimiento a Ophelia. 

Imagen de vapor de agua a las 06 UTC del 6 de octubre. A la izquierda de la imagen, la gran vaguada del chorro subtropical



Veinticuatro horas más tarde, a las 06 UTC del 7 de octubre se ha desarrollado con mucha rapidez una onda ¿proceso ciclogenético? en el seno del ramal ascendente del chorro


Y otras 24 horas después y a partir de un proceso que no parece ser similar al del estrangulamiento del chorro polar aparece una circulación cerrada en cuyo seno comienza a desarrollarse la potente convección que acabará dando lugar al nacimiento de la depresión tropical que acabará siendo la, hasta ahora, tormenta tropical Ophelia

¿Puede haber algo "nuevo" en este tipo de procesos que pudiera hacerlos más frecuentes o activos en el futuro?, ¿ Podrían llegar a ser un mecanismo de producción de lluvias en nuestras zonas geográficas si  sigue esta escasez de visitas de estructuras ligadas al chorro polar? 

Mi opinión es que este tipo de aparición de ondas en las circulaciones subtropicales probablemente han ocurrido siempre, si bien las observamos desde que disponemos de las imágenes de vapor de agua de los satélites geoestacionarios. Lo que cabría preguntarse es si el impacto del calentamiento global puede dar cambios en la frecuencia de su formación o en que lo hagan en distintas zonas geográficas. Pero, más allá de eso, aunque con cierta relación, lo que me parece más interesante es que el aumento de temperaturas de los océanos, y en este caso del Atlántico, puede dar lugar a una actividad convectiva, cada vez más potente, en el seno de estas estructuras. Una convección  que podría llegar a ser capaz, como en este caso de Ophelia, de dar lugar a la formación cada vez más frecuente de ciclones tropicales en zonas relativamente cercanas a Canarias y a la propia Península.

Otra cuestión es cómo podrían llegar hasta nuestras zonas desde el lugar de su formación, es decir, qué estructuras podrían conducirlos y cómo serían modificados. Pero eso ya es especular demasiado. Afortunadamente empiezan a desarrollarse trabajos científicos sobre estas cuestiones que darán luz sobre estas cuestiones que aún se mueven en el terreno de las hipótesis. 

22 de septiembre de 2017

El final del verano

Hoy, 22 de septiembre, finaliza el verano astronómico, tal como ya lo hizo el trimestre veraniego del 1 de junio al 31 de agosto. Es quizás el momento de hacer un rápido y personal balance de lo ocurrido desde el punto de vista meteorológico, así como de reflexionar algo sobre la situación actual y su posible evolución. 


Hoy, 22 de septiembre. La imagen del equinoccio
De acuerdo con las informaciones de AEMET este trimestre veraniego ha sido el segundo más cálido desde 1965, superado sólo por el del 2003 y por delante de los de los años 2015 y 2016.  


A este respecto me sorprendió mucho el comportamiento de junio con una anomalía de nada menos de 3º sobre la media de 1981 a 2010. En el recuerdo permanece ese periodo de temperaturas muy elevadas, que pudo ser considerado como "ola de calor" al menos entre los días 13 al 21, y con la superación de distintos récords de temperatura en muchos observatorios. Ello le convirtió en el junio más cálido desde 1965 y, junto con otras situaciones parecidas, es coherente con los resultados de algunos estudios que indican claramente cómo en España el verano va invadiendo poco a poco a la segunda mitad de la primavera.

Julio también fue cálido pero no de una forma tan exagerada, ya que la anomalía fue de 0,9ºC. Aunque se dieron dos o tres periodos de temperaturas muy altas, sólo puede considerarse como ola de calor el comprendido durante los días 12 al 16. En él se registraron las temperaturas más altas de todo el verano siendo la más alta la de 46,9ºC observada el día 13 en el aeropuerto de Córdoba. Cabe recordar que ello dio lugar a un debate sobre si este dato constituía el récord absoluto de temperatura máxima en España, unido a la cuestión de cómo deben considerarse y usarse los datos de la red secundaria de observación. 

Ya en los últimos días de ese mes de julio comenzó el acercamiento a la Península de una vaguada atlántica en fase de estrechamiento que provocó, nada más comenzar agosto, una marcada entrada de aire africano con una gran elevación de las temperaturas, muy acusada en el área mediterránea. La aparición de fenómenos mesoescalares tales como reventones cálidos y efectos foehn ligados a la marcada circulación del sur-suroeste sobre esta zona,  contribuyeron a otra superación de récords térmicos en algunos observatorios de Baleares. Esta situación, que se prolongó durante algunos días de agosto, dio lugar a un nuevo periodo de ola de calor entre los días 3 y 5. Después sucedieron algunos altibajos aunque predominando el calor, de modo que este mes se caracterizó finalmente por una anomalía positiva de 1ºC. 

Por lo que respecta a las lluvias, la precipitación media ha sido de 79 mm,  muy ligeramente por encima del valor medio que es de 74. En cualquier caso, al estar originadas por la actividad tormentosa con distribuciones e intensidades tan irregulares, no es un dato que pueda considerarse muy relevante y que para nada mejora la grave situación de sequía de gran parte del territorio español. De todos modos no se pueden olvidar algunos episodios de tormentas muy fuertes, tales como las que afectaron a amplias zonas del centro peninsular durante los días 6 al 8 de julio y que dejaron como registro de lluvia más elevado 98 mm en Cuenca el día 7. 


Durante la tarde-noche del 6 de julio y la madrugada del día 7 se produjeron en la zona centro fuertes tormentas, tal como muestra esta foto obtenida a las 2,30 h de la madrugada del día 7 en Toledo por Victor Sanchez Infantes

En septiembre, primer mes del trimestre otoñal, la atención meteorológica se ha orientado fundamentalmente hacia la gran actividad de huracanes que se registra en la cuenca atlántica y que se están caracterizando por su intensidad y también a veces por su tamaño. 



Imagen obtenida por el satélite GOES-16 el 8 de septiembre. En ella aparecen tres huracanes. A la izquierda, Katia, en el centro Irma y a la derecha José (foto: NOAA)

Como no podía ser de otra manera ello ha dado lugar a un recrudecimiento del casi eterno debate sobre sí el cambio climático está siendo responsable de ello. Hay que esperar a los resultados de estudios de atribución que se están llevando a cabo pero, en cualquier caso, ya se han manifestado opiniones para todos los gustos. Sigue predominando la idea de que océanos más cálidos no deben originar en principio más huracanes, pero si hacerlos más potentes. Sin embargo, las opiniones son en general cautas debido a la dificultad de saber cómo van a evolucionar en el contexto del cambio climático las circulaciones del chorro polar y sobre todo del subtropical, responsables de la aparición de una mayor o menor cizalladura vertical que es el otro factor verdaderamente importante en el desarrollo de los ciclones tropicales. Y ello, sin profundizar en cuáles pueden ser los cambios en las corrientes oceánicas, ligados a oscilaciones de mayor escala temporal, y que pudieran conducir a reubicaciones o expansiones de las aguas marinas más cálidas.

Ya en nuestras zonas la preocupación por la falta de lluvias se acentúa dada la situación de grave sequía que afecta a muchas zonas y que se viene prolongando desde al menos tres años como puede comprobarse en los mapas del índice de precipitación estandarizado para varios periodos que se muestran en la web de AEMET. 


Mapa del índice de precipitación estandarizado (SPI) calculado desde septiembre de 2016 a agosto de 2017. Todas las zonas muestran una clara falta de precipitaciones excepto las zonas mediterráneas del Sureste donde cabe recordar que gran parte de  ellas tuvieron carácter muy fuerte y fueron muy concentradas en el tiempo.

Dado que septiembre no parece que nos vaya a dar ya lluvias importantes sino más bien tiempo seco con temperaturas diurnas relativamente elevadas sólo cabe esperar al comportamiento del resto de meses otoñales. si bien las predicciones estacionales obtenidas por distintos modelos no coinciden demasiado, las elaboradas por el Centro Europeo, tras apostar por una tendencia más bien seca en octubre -que no significa necesariamente ausencia de lluvias intensas, concentradas y peligrosas en el Mediterráneo-, apuntan hacia unos meses de noviembre y diciembre con lluvias por encima de la media. 





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Y ello dentro de un escenario en el que el fenómeno de La Niña parece haber ya comenzado casi de forma sorpresiva. No sabemos realmente de una forma clara -aunque muchas conjeturas se han expuesto- el tipo de tiempo que esta evolución periódica pueda dar en Europa occidental, del mismo modo que también se ha especulado mucho sobre cómo puede afectar al otoño-invierno europeo una marcada actividad ciclónica en el Atlántico. 


Si bien con grandes diferencias en cuanto a su intensidad, hay un consenso generalizado en la presencia de La Niña durante los próximos meses ¿Cómo afectará a España?

En cualquier caso, y desde un punto de vista climatológico, siguen -tienen que seguir- las esperanzas puestas en octubre y noviembre ya que, como los estudios científicos parece también demostrar, las precipitaciones más significativas en nuestras zonas tienden a ocurrir más en otoño que en primavera. 

Por tanto, fin del verano y a la espera de que octubre empiece a mostrar sus cartas. ¿Estamos preparados si aparecen lluvias violentas? ¿Se limpiaron cauces y ramblas? ¿Se ha hecho, o está prevista alguna campaña de concienciación sobre potenciales riesgos fundamentalmente  en el área mediterránea?




23 de agosto de 2017

Posibilidad de lluvias intensas mediterráneas: ¿estamos preparados?

La circulación atmosférica sobre España tiende a cambiar a partir  ya del jueves o viernes con la instauración de una vaguada al oeste de España. Dará lugar a vientos del suroeste algo difluentes sobre la Península posibilitando así la aparición de chubascos y algunas tormentas e iniciándose una clara suavización de las altas temperaturas de estos días. 

Existe una marcada posibilidad de que esa vaguada se cierre dando lugar a la formación de una dana que, entre el domingo y lunes, podría situarse en zonas favorecedoras de una extensión de las lluvias a amplias zonas, existiendo el riesgo de que sean muy intensas en zonas mediterráneas todavía imposibles de precisar.

 Hoy por hoy no se puede ir más allá de lo que nos ofrecen los mapas de predicción probabilística. Así en el previsto de 500 hPa para la madrugada del lunes puede verse como el modelo operativo del Centro Europeo coloca la dana en una posición muy favorable para la aparición de esas lluvias, si bien las zonas de color morado indican cierta indefinición sobre su ubicación definitiva. De hecho existe la posibilidad, y así ha ocurrido en otras situaciones, que se desplaze más hacia el Atlántico y lo que provoque sobre la Península sea al final una entrada de aire cálido y seco. Pero, hoy por hoy, no parece lo más probable.

Mapa probabilístico de 500 hPa generado por el sistema de predicción probabilística del Centro Europeo para la madrugada del lunes. El modelo operativo (líneas azules muestra a la dana en una posición propicia para generar lluvias intensas. Los sombreados morados indican zonas de mayor incertidumbre. La dana podría desplazarse hacia el oeste dando lugar sólo a una advección de aire cálido sobre la Península. El movimiento en una otra dirección podría estar subordinado en buena medida a la mayor o menor profundización de la vaguada del chorro que discurre más al norte, algo sobre lo que existe una cierta incertidumbre. Pero el riesgo está ahí y es cuantificable. 

De todas formas, en esta ocasión, no es mi intención profundizar más en los detalles meteorológicos de la situación. Creo que la simple posibilidad de su formación nos debería llevar a preguntarnos sí estamos preparados para recibirla, y es en ésto en lo que quiero incidir. 

A cuatro días o cinco días antes de que esa situación pueda producirse, las preguntas que me hago son: ¿están cauces y ramblas limpios y preparados tras el seco verano para posibles avenidas relámpago? Y, por otra parte, aunque todavía no haya llegado el momento de que AEMET emita sus posibles avisos, ¿convendría ir informando por los medios de la posibilidad de estas lluvias y de los posibles riesgos asociados? ¿Ayudaría un adelanto en la información  en la toma de precauciones por la población y, sobre todo, para  la adopciòn de acciones de prevención que puedan llevar un tiempo realizarse? ¿O es contraproducente por poder generar posibles confusiones o "devaluaciones" de la información al hacerse con ese adelanto?

Por tanto, ¿cuál sería el equilibrio entre la probabilidad de ocurrencia y los "tempos" de aviso al público? ¿Cómo habrían de comunicarse esas informaciones para que ese público no confunda tiempos y mensajes? Estas son, a mi juicio, algunas de las preguntas sobre las que debería hacerse una reflexión multidisciplinar en el marco de la que creo muy necesaria revisión en profundidad del plan de avisos meteorológicos.

Y para finalizar, sin esperar todavía contestaciones y pidiendo excusas por la insistencia...¿están ramblas y cauces preparados? ¿Es el momento de ir haciendo al público consciente del posible riesgo?

3 de agosto de 2017

Récords de temperatura en el Mediterráneo: ¿cambio climático o variabilidad natural?

Siguen cayendo récords de temperatura. Ha sido ahora el turno del área mediterránea y muy singularmente de  Baleares y mitad sur de la Comunidad Valenciana. En estas zonas, tanto las máximas como las mínimas han sido muy altas en estos últimos días; algo que, unido a la alta humedad en esas zonas, ha dado lugar a una situación ambiental difícil de sobrellevar. 

En cualquier caso, más que una enumeración o estudio detallado de esos valores, lo que me interesa analizar en esta entrada son algunos elementos básicos de esta situación y ver si existe alguna singularidad o anomalía que pudiera justificar estos valores extremos. Se trata por supuesto de una aproximación preliminar e incompleta pero que podría dar lugar a un debate interesante. 

Ya el 30 de julio la topografía de 500 hPa muestra una amplia vaguada de la circulación subtropical, todavía poco pronunciada al oeste de Azores. 

Topografía de 500 hPa y de temperatura a 850 hPa del 30 de julio a las 12 UTC. Una extensa y no muy pronunciada vaguada se extiende por el Atlántico norte hasta la Península Ibérica. Una dorsal de aire muy cálido avanza desde el norte de África hacia el Mediterráneo occidental y sureste peninsular.

La imagen de vapor de agua de la misma hora sugiere que la amplia vaguada es al menos en su mitad sur está ligada a una circulación subtropical.

Imagen del canal de vapor de agua de METEOSAT para el día 30 de julio a las 12 UTC. Al norte de Azores una dorsal avanza hacia el este lo que va a provocar una agudización de la vaguada que no se mueve con la misma rapidez hacia el interior de Europa. 

Veinticuatro horas después, el 31 de julio a las 12 UTC, la nueva topografía de 500 hPa muestra ya el marcado estrechamiento de la vaguada con marcada circulación del suroeste sobre la Península y más débil sobre Baleares. En 850 hPa, la isoterma de 28ºC está ya muy cerca del archipiélago.

La situación a 500 y 850 hPa a las 12 UTC del 31 de julio
Un día después, a las 12 UTC del 1 de agosto, y aunque en una evolución muy lenta, la vaguada se ha estrechado aún más y la circulación sobre la Península y Baleares pasa a ser del sur-suroeste. El pico de la advección cálida apunta ahora hacia Cerdeña, pero el archipiélago balear queda bajo los 26ºC  a 850 hPa.

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa a las 12 UTC del 1 de agosto

La imagen de vapor de agua del mismo día y hora es muy ilustrativa al respecto: la vaguada casi a punto de cerrarse y con un eje muy extendido hacia el sur muestra una vigorosa rama ascendente sobre el área mediterránea española:
Imagen Meteosat WV del 1 de agosto a las 12 UTC

Sabemos que este tipo de circulaciones suelen presentar una cierta inestabilidad interna con formación de ondas gravitatorias transversales que bajo determinadas circunstancias pueden dar lugar a fenómenos de menor escala como rissagas o calentamientos locales súbitos. Esas oscilaciones transversales quedan perfectamente reflejadas en esta imagen del canal visible de las 12 UTC de ese mismo día:

Meteosat, canal visible. Uno de agosto a las 12 UTC

De hecho, esa noche ya se habían producido algunos fenómenos de este tipo, siendo quizás lo más llamativo las marcadísimas oscilaciones de temperatura en la estación de Banyalbufar con picos de hasta 36ºC en plena madrugada. Por otra parte, en niveles bajos, la componente del viento era sur y podía dar lugar a efectos tipo foëhn con subidas locales muy fuertes de las temperaturas. 

Gráfica de la evolución de la temperatura en la estación de Banyalbufar (AEMET). Obsérvense las marcadas oscilaciones nocturnas alcanzando valores de hasta 36ºC durante la madrugada (a través de A. Jansà/Facebook)


La topografía de 500 hPa, de ayer día 2, mostraba el rápido debilitamiento de la vaguada convertida ya en una débil vaguada-dana, sobre el centro peninsular, pero dando lugar todavía a flujo del suroeste sobre Baleares y provocando de nuevo algunos valores récord.

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa el 2 de agosto a las 12 UTC

En cualquier caso, creo que ya con estos datos, podemos hacer una cierta diagnosis de la situación o al menos identificar algunos elementos clave de ella:

a) Está claro que la causa básica de esta fuerte ola de calor mediterránea se encuentra en la gran masa cálida que ha afectado estos días a la zona con valores que han rondado los 28ºC a 850 hPa, valor que ya por si mismo es capaz de justificar muchos de los valores registrados.  ¿Es normal esa temperatura en esa zona y en esta época del año? Pues habría que revisar la climatología, pero creo que no es en absoluto desconocida en la zona. Por tanto, y por sí misma, parece condición necesaria pero no suficiente para explicar los récords registrados. Además, y de acuerdo con los sondeos de Palma, no parece que esos 28ºC se hayan sobrepasado en ningún momento de este episodio.

b) Parece claro también que el marcado flujo del sur/suroeste ha sido responsable de la generación de algunos fenómenos de pequeña escala que,a su vez, han originado fuertes calentamientos locales y que, sumados a la temperatura original de la masa podrían explicar al menos algunas de las temperaturas extremas registradas. Pero...¿es algo anormal la presencia en verano en esta zona de estas vaguadas tan profundas? Pues yo diría que sí y no. A veces pasan en verano pero con mucha más rapidez originando tormentas fuertes. No lo suelen hacer de una forma tan lenta y con un eje que alcanza casi  hasta Canarias. Para mí este ha sido un elemento muy distintivo de la situación y pienso que podría estar estrechamente relacionado con los valores alcanzados al potenciar más que otras veces los calentamientos locales o regionales.

c) ¿Alguna relación de esta situación con el cambio climático? Indudablemente esa pregunta no puede contestarse de una forma objetiva -y siempre probabilista- sin hacer unos estudios de atribución, que espero que se lleven a cabo. Por una parte, ese profundo meandro del chorro que ha sido esta vaguada podría estar de acuerdo con la hipótesis, ahora muy en boga, de que un Ártico más caliente puede originar profundos meandros en el chorro, con mayor número de fenómenos extremos. Pero, en pleno verano...¿descenderían tanto esos meandros para alcanzar latitudes como las que alcanzan en invierno? ¿Pueden por otra parte aparecer algunos cambios en las circulaciones subtropicales que ayudaran a ese descenso? ¿O es pura variabilidad natural? No lo sabemos, pero tantos y tantos rècords en los últimos años merecerían la creación de un grupo científico que tuviera como objetivo básico la realización de estos estudios de atribución y conocer con el mayor rigor posible cómo está evolucionando nuestro clima. 

14 de julio de 2017

Sobre récords de temperaturas

Tal como se preveía parece que las máximas de hoy son en general ligeramente más bajas (entre 1 o 2 grados) que las de ayer. Por tanto, parece que van a ser esos valores de ayer los que hay que tener en cuenta al referirnos a los récords de este episodio de ola de calor.

A este respecto ha habido cierta controversia sobre cuál había sido la máxima más alta de ayer y si había constituido récord absoluto a nivel nacional. Hasta ayer ese récord lo ostentaba el aeropuerto de Córdoba con 46,6ºC. Pues bien, ayer ese mismo observatorio alcanzó 46,9ºC, la más alta de la red principal. ¿Quiere decir que esa era la temperatura más alta registrada en España? No exactamente; era la temperatura más alta registrada en la red básica o principal de observación de AEMET, la que cumple prioritariamente con los estándares específicos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la que recibe una atención más prioritaria y cuidadosa, de modo que sus datos pueden ser perfectamente validados.

 Es muy probable que en otras redes de AEMET o de otras instituciones (cientos de estaciones de muy distintos tipos), y como ya ha pasado en otras ocasiones, haya habido valores más altos, pero no están, al menos hoy por hoy, validados, aunque supongo que en un estudio sosegado a posteriori podrían alcanzarse conclusiones sobre su fiabilidad.  Por tanto, con este enfoque teníamos un nuevo récord absoluto nacional de máximas: Córdoba con 46,9ºC el 13 de julio de 2017.

Pero es verdad que enseguida surgieron algunas dudas. La primera al consultar un documento on line de AEMET sobre valores extremos en España en el que el dato de 46,6 ºC de Córdoba figuraba en el ranking en segundo lugar tras un 47,2º de Murcia registrado en 1995. Si eso era así, ayer Córdoba no había batido el citado récord absoluto. Pero más tarde se constató  que el dato de Murcia pertenecía a una estación de la red secundaria. También causó algún desconcierto la máxima de ayer de Montoro con 47,3º C, ...pero también quedó claro que se trataba de nuevo de una estación secundaria.

Tweet de AEMET emitido hoy a mediodía

Por tanto mi opinión, que creo que coincide con lo que AEMET ha establecido en un tweet a última hora de la mañana, es que ayer se produjo un récord absoluto de temperatura en el observatorio de Córdoba con 46,9ºC. Es el dato oficial que cumple todos los requisitos para su homologación a nivel nacional e internacional. 

¿Se registraron ayer temperaturas más altas?: sí. Y desde luego merecería la pena que, bien por AEMET o por alguna entidad dedicada a la investigación, se las estudiara a fondo –al igual que con las mínimas absolutas- para un mejor conocimiento del clima de España y de las implicaciones que esos datos pueden tener.


Pero, más allá de que se bata o no un récord concreto, lo que debería preocuparnos fundamentalmente –y debería estar más en la política, en los debates, en las tertulias- es esta casi  sucesión creciente de episodios cálidos…¿Qué probabilidad hay de que esta tendencia se mantenga, crezca o decrezca? Y si sigue creciendo… ¿Qué estrategia energética sería la más adecuada? ¿Qué otras medidas de adecuación, mitigación o incluso de salud pública, cabría adoptar teniendo en cuenta además escenarios de posible escasez de lluvias? ¿Qué medidas deben recomendarse a la población para bajar gasto de energía y de consumo de agua? 

No dudo, no quiero dudar, de que todo esto se esté tratando a fondo en los despachos del Gobierno, pero creo que es hora ya de que toda la sociedad entre en un debate serio y sosegado sobre algo que nos importa muy, muy  de veras.

7 de julio de 2017

Hay que conocer las respuestas

Escribo todavía bajo la impresión de la trágica noticia de ayer: la muerte de varios miembros de una familia mientras hacían barranquismo, acompañados de un monitor, en un barranco del valle del Jerte. Una de las fuertes tormentas provocadas por la dana que nos afecta estos días debió provocar una avenida relámpago en el barranco sin que pudieran ponerse a salvo.

A la vista de todos las predicciones y avisos emitidos por AEMET y alertas de Protección Civil, de los mensajes de los comunicadores meteorológicos repetidos en los últimos días sobre la potencial peligrosidad de esta situación, de la posibilidad de consultar por móvil, ya casi minuto a minuto, la evolución de las tormentas, la pregunta que cabe formular es ¿qué falló?, ¿Qué información recibieron –o no recibieron- las personas afectadas?...Y si la recibieron..¿la entendieron adecuadamente?...Y si la entendieron adecuadamente…¿por qué salieron? Creo que no nos vale con suponer cuáles serían las respuestas: hay que conocerlas directamente de aquellos que han sufrido el problema en ellos mismos -si es posible- o en sus propios bienes. 

Si no conocemos la contestación a estas preguntas, y no se hace un análisis adecuado de las respuestas, por muchas inversiones en tecnología y avances en modelos que puedan hacerse, no será fácil conseguir una mejor prevención. Por tanto, mi propuesta es que cada vez que ocurra un fenómeno de este tipo, se haga una investigación de oficio por psicólogos sociales sobre estos extremos, además de otras que puedan corresponder.  De este modo se puede ir formando una base de conocimiento con la que, en un trabajo que debería ser conjunto, meteorólogos, técnicos de protección civil, psicólogos sociales y comunicadores meteorológicos deberían llegar a un consenso  sobre cómo realizar, emitir y difundir avisos y alertas. Y todo ello en el contexto, de la a mi juicio, necesaria revisión en profundidad de Meteoalerta.  


El radar es una herramienta crucial en caso de tormentas junto con los avisos y alertas actualizadas. Si se potenciaran y divulgaran adecuadamente las aplicaciones para móviles con estos datos en tiempo real creo que se mejoraría sustancialmente la prevención. 

Mientras tanto, creo que sería necesario desarrollar más y divulgar insistentemente las aplicaciones móviles de avisos y de imágenes radar con mensajes específicos para la zona geográfica donde la persona se encuentre. Y por supuesto, mucha, mucha más atención de los medios de comunicación, al menos los de titularidad pública a una mejor formación del público sobre fenómenos adversos, avisos y alertas. 

5 de julio de 2017

El calor extremo de junio y Climate Central

Me he referido con frecuencia en este blog a las dificultades que entrañaba dar una contestación a los periodistas cuando preguntaban por la relación que podía existir existir entre un fenómeno atmosférico adverso concreto y su relación con el calentamiento global. También me he referido en otra entrada al gran avance que supuso la puesta en marcha de estudios de atribución en los que, mediante enfoques estadísticos o de modelización numérica, se puede establecer la mayor o menor probabilidad de la existencia de esa relación. Y en ese contexto me pareció un gran avance la publicación anual desde hace cinco o seis años por parte de la American Meteorological Society de un número especial de su Bulletin dedicado precisamente a estudios de atribución sobre los fenómenos más inusuales y/o adversos del año anterior ocurridos en distintas partes del mundo.

Sin embargo, desde el punto de vista de la información, divulgación y concienciación de la sociedad, tener que esperar entre uno y dos años para informar sobre esa posible relación es un inconveniente y una penalización muy fuerte.  La noticia -y la experiencia- ya han pasado en gran medida y la interesante historia que podría haberse contado se ha hecho vieja y, con frecuencia, ha sido sustituida por otra. Pues bien, a este problema se ha respondido en Estados Unidos con la creación de Climate Central, una organización independiente de científicos y periodistas de prestigio dedicados a investigar sobre el cambio climático y sus impactos y a divulgar sus resultados y hallazgos de una manera clara y eficaz.

Uno de los servicios que presta Climate Central es el denominado World Weather Atribution (WWA), que tiene precisamente como cometido la realización inmediata de esos estudios de atribución y la difusión pública de los resultados, algo que viene a remediar en gran medida ese importante inconveniente a que antes me refería. En ese contexto el equipo de WWA ha hecho público ya un interesante estudio de atribución sobre las temperaturas récord de junio en Europa occidental y lo ha llevado a cabo tanto por metodología estadística como por las simulaciones efectuadas con modelos climáticos.


Introducción del estudio de WWA sobre junio de 2017 en Europa.


El estudio me ha parecido importante y bien realizado y animo mucho a su lectura. Aunque ofrece mucha información, algunas conclusiones son la rareza del fenómeno en buena parte de Europa occidental, pero sobre todo en Europa y Portugal con periodos de retorno muy altos; la amplia coincidencia entre lo sucedido y lo que muestran los modelos de evolución climática cuando se introduce en ellos el calentamiento antropogénico o la constatación de que el calentamiento global lleva a que estas situaciones sean diez veces más probables en España y Portugal, así como que se vayan extendiendo a meses fuera del estricto trimestre veraniego. 

Es verdad que la rápida publicación de estos resultados no permiten llevar a cabo el proceso típico de publicación de un artículo científico, con sus revisiones anónimas e independientes. Desde luego, esta situación da para ello y estoy seguro de que existirán esos estudios. Sin embargo, me parece irrenunciable y fundamental el camino emprendido por Climate Central: si queremos una mayor concienciación pública y una mayor presión social sobre los gobernantes y toma de medidas eficaces, este tipo de informaciones tienen que obtenerse y difundirse con rapidez, algo que no está reñido -y este estudio creo que lo demuestra- con la seriedad y la sensatez. Eso si: debe quedar claro que es un estudio de alcance hecho en ese contexto y necesidad y, además, los resultados deben difundirse con su probabilidad asociada, porque de ese tipo son los que nos ofrecen una y otra metodología. 

Cuestión distinta es cómo los medios generalistas difundan esa información y con qué titulares. La búsqueda del impacto es difícil de evitar. Sin embargo, creo que iniciativas como la de Climate Central, donde sus periodistas cuidan mucho la comunicación adecuada y cercana de los resultados científicos, van a ir corrigiendo poco a poco ese problema.  

Y por cierto...¿cuando un "Climate Central" español como un proyecto conjunto de nuestras universidades y nuestros comunicadores?