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22 de septiembre de 2017

El final del verano

Hoy, 22 de septiembre, finaliza el verano astronómico, tal como ya lo hizo el trimestre veraniego del 1 de junio al 31 de agosto. Es quizás el momento de hacer un rápido y personal balance de lo ocurrido desde el punto de vista meteorológico, así como de reflexionar algo sobre la situación actual y su posible evolución. 


Hoy, 22 de septiembre. La imagen del equinoccio
De acuerdo con las informaciones de AEMET este trimestre veraniego ha sido el segundo más cálido desde 1965, superado sólo por el del 2003 y por delante de los de los años 2015 y 2016.  


A este respecto me sorprendió mucho el comportamiento de junio con una anomalía de nada menos de 3º sobre la media de 1981 a 2010. En el recuerdo permanece ese periodo de temperaturas muy elevadas, que pudo ser considerado como "ola de calor" al menos entre los días 13 al 21, y con la superación de distintos récords de temperatura en muchos observatorios. Ello le convirtió en el junio más cálido desde 1965 y, junto con otras situaciones parecidas, es coherente con los resultados de algunos estudios que indican claramente cómo en España el verano va invadiendo poco a poco a la segunda mitad de la primavera.

Julio también fue cálido pero no de una forma tan exagerada, ya que la anomalía fue de 0,9ºC. Aunque se dieron dos o tres periodos de temperaturas muy altas, sólo puede considerarse como ola de calor el comprendido durante los días 12 al 16. En él se registraron las temperaturas más altas de todo el verano siendo la más alta la de 46,9ºC observada el día 13 en el aeropuerto de Córdoba. Cabe recordar que ello dio lugar a un debate sobre si este dato constituía el récord absoluto de temperatura máxima en España, unido a la cuestión de cómo deben considerarse y usarse los datos de la red secundaria de observación. 

Ya en los últimos días de ese mes de julio comenzó el acercamiento a la Península de una vaguada atlántica en fase de estrechamiento que provocó, nada más comenzar agosto, una marcada entrada de aire africano con una gran elevación de las temperaturas, muy acusada en el área mediterránea. La aparición de fenómenos mesoescalares tales como reventones cálidos y efectos foehn ligados a la marcada circulación del sur-suroeste sobre esta zona,  contribuyeron a otra superación de récords térmicos en algunos observatorios de Baleares. Esta situación, que se prolongó durante algunos días de agosto, dio lugar a un nuevo periodo de ola de calor entre los días 3 y 5. Después sucedieron algunos altibajos aunque predominando el calor, de modo que este mes se caracterizó finalmente por una anomalía positiva de 1ºC. 

Por lo que respecta a las lluvias, la precipitación media ha sido de 79 mm,  muy ligeramente por encima del valor medio que es de 74. En cualquier caso, al estar originadas por la actividad tormentosa con distribuciones e intensidades tan irregulares, no es un dato que pueda considerarse muy relevante y que para nada mejora la grave situación de sequía de gran parte del territorio español. De todos modos no se pueden olvidar algunos episodios de tormentas muy fuertes, tales como las que afectaron a amplias zonas del centro peninsular durante los días 6 al 8 de julio y que dejaron como registro de lluvia más elevado 98 mm en Cuenca el día 7. 


Durante la tarde-noche del 6 de julio y la madrugada del día 7 se produjeron en la zona centro fuertes tormentas, tal como muestra esta foto obtenida a las 2,30 h de la madrugada del día 7 en Toledo por Victor Sanchez Infantes

En septiembre, primer mes del trimestre otoñal, la atención meteorológica se ha orientado fundamentalmente hacia la gran actividad de huracanes que se registra en la cuenca atlántica y que se están caracterizando por su intensidad y también a veces por su tamaño. 



Imagen obtenida por el satélite GOES-16 el 8 de septiembre. En ella aparecen tres huracanes. A la izquierda, Katia, en el centro Irma y a la derecha José (foto: NOAA)

Como no podía ser de otra manera ello ha dado lugar a un recrudecimiento del casi eterno debate sobre sí el cambio climático está siendo responsable de ello. Hay que esperar a los resultados de estudios de atribución que se están llevando a cabo pero, en cualquier caso, ya se han manifestado opiniones para todos los gustos. Sigue predominando la idea de que océanos más cálidos no deben originar en principio más huracanes, pero si hacerlos más potentes. Sin embargo, las opiniones son en general cautas debido a la dificultad de saber cómo van a evolucionar en el contexto del cambio climático las circulaciones del chorro polar y sobre todo del subtropical, responsables de la aparición de una mayor o menor cizalladura vertical que es el otro factor verdaderamente importante en el desarrollo de los ciclones tropicales. Y ello, sin profundizar en cuáles pueden ser los cambios en las corrientes oceánicas, ligados a oscilaciones de mayor escala temporal, y que pudieran conducir a reubicaciones o expansiones de las aguas marinas más cálidas.

Ya en nuestras zonas la preocupación por la falta de lluvias se acentúa dada la situación de grave sequía que afecta a muchas zonas y que se viene prolongando desde al menos tres años como puede comprobarse en los mapas del índice de precipitación estandarizado para varios periodos que se muestran en la web de AEMET. 


Mapa del índice de precipitación estandarizado (SPI) calculado desde septiembre de 2016 a agosto de 2017. Todas las zonas muestran una clara falta de precipitaciones excepto las zonas mediterráneas del Sureste donde cabe recordar que gran parte de  ellas tuvieron carácter muy fuerte y fueron muy concentradas en el tiempo.

Dado que septiembre no parece que nos vaya a dar ya lluvias importantes sino más bien tiempo seco con temperaturas diurnas relativamente elevadas sólo cabe esperar al comportamiento del resto de meses otoñales. si bien las predicciones estacionales obtenidas por distintos modelos no coinciden demasiado, las elaboradas por el Centro Europeo, tras apostar por una tendencia más bien seca en octubre -que no significa necesariamente ausencia de lluvias intensas, concentradas y peligrosas en el Mediterráneo-, apuntan hacia unos meses de noviembre y diciembre con lluvias por encima de la media. 





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Y ello dentro de un escenario en el que el fenómeno de La Niña parece haber ya comenzado casi de forma sorpresiva. No sabemos realmente de una forma clara -aunque muchas conjeturas se han expuesto- el tipo de tiempo que esta evolución periódica pueda dar en Europa occidental, del mismo modo que también se ha especulado mucho sobre cómo puede afectar al otoño-invierno europeo una marcada actividad ciclónica en el Atlántico. 


Si bien con grandes diferencias en cuanto a su intensidad, hay un consenso generalizado en la presencia de La Niña durante los próximos meses ¿Cómo afectará a España?

En cualquier caso, y desde un punto de vista climatológico, siguen -tienen que seguir- las esperanzas puestas en octubre y noviembre ya que, como los estudios científicos parece también demostrar, las precipitaciones más significativas en nuestras zonas tienden a ocurrir más en otoño que en primavera. 

Por tanto, fin del verano y a la espera de que octubre empiece a mostrar sus cartas. ¿Estamos preparados si aparecen lluvias violentas? ¿Se limpiaron cauces y ramblas? ¿Se ha hecho, o está prevista alguna campaña de concienciación sobre potenciales riesgos fundamentalmente  en el área mediterránea?




23 de agosto de 2017

Posibilidad de lluvias intensas mediterráneas: ¿estamos preparados?

La circulación atmosférica sobre España tiende a cambiar a partir  ya del jueves o viernes con la instauración de una vaguada al oeste de España. Dará lugar a vientos del suroeste algo difluentes sobre la Península posibilitando así la aparición de chubascos y algunas tormentas e iniciándose una clara suavización de las altas temperaturas de estos días. 

Existe una marcada posibilidad de que esa vaguada se cierre dando lugar a la formación de una dana que, entre el domingo y lunes, podría situarse en zonas favorecedoras de una extensión de las lluvias a amplias zonas, existiendo el riesgo de que sean muy intensas en zonas mediterráneas todavía imposibles de precisar.

 Hoy por hoy no se puede ir más allá de lo que nos ofrecen los mapas de predicción probabilística. Así en el previsto de 500 hPa para la madrugada del lunes puede verse como el modelo operativo del Centro Europeo coloca la dana en una posición muy favorable para la aparición de esas lluvias, si bien las zonas de color morado indican cierta indefinición sobre su ubicación definitiva. De hecho existe la posibilidad, y así ha ocurrido en otras situaciones, que se desplaze más hacia el Atlántico y lo que provoque sobre la Península sea al final una entrada de aire cálido y seco. Pero, hoy por hoy, no parece lo más probable.

Mapa probabilístico de 500 hPa generado por el sistema de predicción probabilística del Centro Europeo para la madrugada del lunes. El modelo operativo (líneas azules muestra a la dana en una posición propicia para generar lluvias intensas. Los sombreados morados indican zonas de mayor incertidumbre. La dana podría desplazarse hacia el oeste dando lugar sólo a una advección de aire cálido sobre la Península. El movimiento en una otra dirección podría estar subordinado en buena medida a la mayor o menor profundización de la vaguada del chorro que discurre más al norte, algo sobre lo que existe una cierta incertidumbre. Pero el riesgo está ahí y es cuantificable. 

De todas formas, en esta ocasión, no es mi intención profundizar más en los detalles meteorológicos de la situación. Creo que la simple posibilidad de su formación nos debería llevar a preguntarnos sí estamos preparados para recibirla, y es en ésto en lo que quiero incidir. 

A cuatro días o cinco días antes de que esa situación pueda producirse, las preguntas que me hago son: ¿están cauces y ramblas limpios y preparados tras el seco verano para posibles avenidas relámpago? Y, por otra parte, aunque todavía no haya llegado el momento de que AEMET emita sus posibles avisos, ¿convendría ir informando por los medios de la posibilidad de estas lluvias y de los posibles riesgos asociados? ¿Ayudaría un adelanto en la información  en la toma de precauciones por la población y, sobre todo, para  la adopciòn de acciones de prevención que puedan llevar un tiempo realizarse? ¿O es contraproducente por poder generar posibles confusiones o "devaluaciones" de la información al hacerse con ese adelanto?

Por tanto, ¿cuál sería el equilibrio entre la probabilidad de ocurrencia y los "tempos" de aviso al público? ¿Cómo habrían de comunicarse esas informaciones para que ese público no confunda tiempos y mensajes? Estas son, a mi juicio, algunas de las preguntas sobre las que debería hacerse una reflexión multidisciplinar en el marco de la que creo muy necesaria revisión en profundidad del plan de avisos meteorológicos.

Y para finalizar, sin esperar todavía contestaciones y pidiendo excusas por la insistencia...¿están ramblas y cauces preparados? ¿Es el momento de ir haciendo al público consciente del posible riesgo?

3 de agosto de 2017

Récords de temperatura en el Mediterráneo: ¿cambio climático o variabilidad natural?

Siguen cayendo récords de temperatura. Ha sido ahora el turno del área mediterránea y muy singularmente de  Baleares y mitad sur de la Comunidad Valenciana. En estas zonas, tanto las máximas como las mínimas han sido muy altas en estos últimos días; algo que, unido a la alta humedad en esas zonas, ha dado lugar a una situación ambiental difícil de sobrellevar. 

En cualquier caso, más que una enumeración o estudio detallado de esos valores, lo que me interesa analizar en esta entrada son algunos elementos básicos de esta situación y ver si existe alguna singularidad o anomalía que pudiera justificar estos valores extremos. Se trata por supuesto de una aproximación preliminar e incompleta pero que podría dar lugar a un debate interesante. 

Ya el 30 de julio la topografía de 500 hPa muestra una amplia vaguada de la circulación subtropical, todavía poco pronunciada al oeste de Azores. 

Topografía de 500 hPa y de temperatura a 850 hPa del 30 de julio a las 12 UTC. Una extensa y no muy pronunciada vaguada se extiende por el Atlántico norte hasta la Península Ibérica. Una dorsal de aire muy cálido avanza desde el norte de África hacia el Mediterráneo occidental y sureste peninsular.

La imagen de vapor de agua de la misma hora sugiere que la amplia vaguada es al menos en su mitad sur está ligada a una circulación subtropical.

Imagen del canal de vapor de agua de METEOSAT para el día 30 de julio a las 12 UTC. Al norte de Azores una dorsal avanza hacia el este lo que va a provocar una agudización de la vaguada que no se mueve con la misma rapidez hacia el interior de Europa. 

Veinticuatro horas después, el 31 de julio a las 12 UTC, la nueva topografía de 500 hPa muestra ya el marcado estrechamiento de la vaguada con marcada circulación del suroeste sobre la Península y más débil sobre Baleares. En 850 hPa, la isoterma de 28ºC está ya muy cerca del archipiélago.

La situación a 500 y 850 hPa a las 12 UTC del 31 de julio
Un día después, a las 12 UTC del 1 de agosto, y aunque en una evolución muy lenta, la vaguada se ha estrechado aún más y la circulación sobre la Península y Baleares pasa a ser del sur-suroeste. El pico de la advección cálida apunta ahora hacia Cerdeña, pero el archipiélago balear queda bajo los 26ºC  a 850 hPa.

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa a las 12 UTC del 1 de agosto

La imagen de vapor de agua del mismo día y hora es muy ilustrativa al respecto: la vaguada casi a punto de cerrarse y con un eje muy extendido hacia el sur muestra una vigorosa rama ascendente sobre el área mediterránea española:
Imagen Meteosat WV del 1 de agosto a las 12 UTC

Sabemos que este tipo de circulaciones suelen presentar una cierta inestabilidad interna con formación de ondas gravitatorias transversales que bajo determinadas circunstancias pueden dar lugar a fenómenos de menor escala como rissagas o calentamientos locales súbitos. Esas oscilaciones transversales quedan perfectamente reflejadas en esta imagen del canal visible de las 12 UTC de ese mismo día:

Meteosat, canal visible. Uno de agosto a las 12 UTC

De hecho, esa noche ya se habían producido algunos fenómenos de este tipo, siendo quizás lo más llamativo las marcadísimas oscilaciones de temperatura en la estación de Banyalbufar con picos de hasta 36ºC en plena madrugada. Por otra parte, en niveles bajos, la componente del viento era sur y podía dar lugar a efectos tipo foëhn con subidas locales muy fuertes de las temperaturas. 

Gráfica de la evolución de la temperatura en la estación de Banyalbufar (AEMET). Obsérvense las marcadas oscilaciones nocturnas alcanzando valores de hasta 36ºC durante la madrugada (a través de A. Jansà/Facebook)


La topografía de 500 hPa, de ayer día 2, mostraba el rápido debilitamiento de la vaguada convertida ya en una débil vaguada-dana, sobre el centro peninsular, pero dando lugar todavía a flujo del suroeste sobre Baleares y provocando de nuevo algunos valores récord.

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa el 2 de agosto a las 12 UTC

En cualquier caso, creo que ya con estos datos, podemos hacer una cierta diagnosis de la situación o al menos identificar algunos elementos clave de ella:

a) Está claro que la causa básica de esta fuerte ola de calor mediterránea se encuentra en la gran masa cálida que ha afectado estos días a la zona con valores que han rondado los 28ºC a 850 hPa, valor que ya por si mismo es capaz de justificar muchos de los valores registrados.  ¿Es normal esa temperatura en esa zona y en esta época del año? Pues habría que revisar la climatología, pero creo que no es en absoluto desconocida en la zona. Por tanto, y por sí misma, parece condición necesaria pero no suficiente para explicar los récords registrados. Además, y de acuerdo con los sondeos de Palma, no parece que esos 28ºC se hayan sobrepasado en ningún momento de este episodio.

b) Parece claro también que el marcado flujo del sur/suroeste ha sido responsable de la generación de algunos fenómenos de pequeña escala que,a su vez, han originado fuertes calentamientos locales y que, sumados a la temperatura original de la masa podrían explicar al menos algunas de las temperaturas extremas registradas. Pero...¿es algo anormal la presencia en verano en esta zona de estas vaguadas tan profundas? Pues yo diría que sí y no. A veces pasan en verano pero con mucha más rapidez originando tormentas fuertes. No lo suelen hacer de una forma tan lenta y con un eje que alcanza casi  hasta Canarias. Para mí este ha sido un elemento muy distintivo de la situación y pienso que podría estar estrechamente relacionado con los valores alcanzados al potenciar más que otras veces los calentamientos locales o regionales.

c) ¿Alguna relación de esta situación con el cambio climático? Indudablemente esa pregunta no puede contestarse de una forma objetiva -y siempre probabilista- sin hacer unos estudios de atribución, que espero que se lleven a cabo. Por una parte, ese profundo meandro del chorro que ha sido esta vaguada podría estar de acuerdo con la hipótesis, ahora muy en boga, de que un Ártico más caliente puede originar profundos meandros en el chorro, con mayor número de fenómenos extremos. Pero, en pleno verano...¿descenderían tanto esos meandros para alcanzar latitudes como las que alcanzan en invierno? ¿Pueden por otra parte aparecer algunos cambios en las circulaciones subtropicales que ayudaran a ese descenso? ¿O es pura variabilidad natural? No lo sabemos, pero tantos y tantos rècords en los últimos años merecerían la creación de un grupo científico que tuviera como objetivo básico la realización de estos estudios de atribución y conocer con el mayor rigor posible cómo está evolucionando nuestro clima. 

14 de julio de 2017

Sobre récords de temperaturas

Tal como se preveía parece que las máximas de hoy son en general ligeramente más bajas (entre 1 o 2 grados) que las de ayer. Por tanto, parece que van a ser esos valores de ayer los que hay que tener en cuenta al referirnos a los récords de este episodio de ola de calor.

A este respecto ha habido cierta controversia sobre cuál había sido la máxima más alta de ayer y si había constituido récord absoluto a nivel nacional. Hasta ayer ese récord lo ostentaba el aeropuerto de Córdoba con 46,6ºC. Pues bien, ayer ese mismo observatorio alcanzó 46,9ºC, la más alta de la red principal. ¿Quiere decir que esa era la temperatura más alta registrada en España? No exactamente; era la temperatura más alta registrada en la red básica o principal de observación de AEMET, la que cumple prioritariamente con los estándares específicos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la que recibe una atención más prioritaria y cuidadosa, de modo que sus datos pueden ser perfectamente validados.

 Es muy probable que en otras redes de AEMET o de otras instituciones (cientos de estaciones de muy distintos tipos), y como ya ha pasado en otras ocasiones, haya habido valores más altos, pero no están, al menos hoy por hoy, validados, aunque supongo que en un estudio sosegado a posteriori podrían alcanzarse conclusiones sobre su fiabilidad.  Por tanto, con este enfoque teníamos un nuevo récord absoluto nacional de máximas: Córdoba con 46,9ºC el 13 de julio de 2017.

Pero es verdad que enseguida surgieron algunas dudas. La primera al consultar un documento on line de AEMET sobre valores extremos en España en el que el dato de 46,6 ºC de Córdoba figuraba en el ranking en segundo lugar tras un 47,2º de Murcia registrado en 1995. Si eso era así, ayer Córdoba no había batido el citado récord absoluto. Pero más tarde se constató  que el dato de Murcia pertenecía a una estación de la red secundaria. También causó algún desconcierto la máxima de ayer de Montoro con 47,3º C, ...pero también quedó claro que se trataba de nuevo de una estación secundaria.

Tweet de AEMET emitido hoy a mediodía

Por tanto mi opinión, que creo que coincide con lo que AEMET ha establecido en un tweet a última hora de la mañana, es que ayer se produjo un récord absoluto de temperatura en el observatorio de Córdoba con 46,9ºC. Es el dato oficial que cumple todos los requisitos para su homologación a nivel nacional e internacional. 

¿Se registraron ayer temperaturas más altas?: sí. Y desde luego merecería la pena que, bien por AEMET o por alguna entidad dedicada a la investigación, se las estudiara a fondo –al igual que con las mínimas absolutas- para un mejor conocimiento del clima de España y de las implicaciones que esos datos pueden tener.


Pero, más allá de que se bata o no un récord concreto, lo que debería preocuparnos fundamentalmente –y debería estar más en la política, en los debates, en las tertulias- es esta casi  sucesión creciente de episodios cálidos…¿Qué probabilidad hay de que esta tendencia se mantenga, crezca o decrezca? Y si sigue creciendo… ¿Qué estrategia energética sería la más adecuada? ¿Qué otras medidas de adecuación, mitigación o incluso de salud pública, cabría adoptar teniendo en cuenta además escenarios de posible escasez de lluvias? ¿Qué medidas deben recomendarse a la población para bajar gasto de energía y de consumo de agua? 

No dudo, no quiero dudar, de que todo esto se esté tratando a fondo en los despachos del Gobierno, pero creo que es hora ya de que toda la sociedad entre en un debate serio y sosegado sobre algo que nos importa muy, muy  de veras.

7 de julio de 2017

Hay que conocer las respuestas

Escribo todavía bajo la impresión de la trágica noticia de ayer: la muerte de varios miembros de una familia mientras hacían barranquismo, acompañados de un monitor, en un barranco del valle del Jerte. Una de las fuertes tormentas provocadas por la dana que nos afecta estos días debió provocar una avenida relámpago en el barranco sin que pudieran ponerse a salvo.

A la vista de todos las predicciones y avisos emitidos por AEMET y alertas de Protección Civil, de los mensajes de los comunicadores meteorológicos repetidos en los últimos días sobre la potencial peligrosidad de esta situación, de la posibilidad de consultar por móvil, ya casi minuto a minuto, la evolución de las tormentas, la pregunta que cabe formular es ¿qué falló?, ¿Qué información recibieron –o no recibieron- las personas afectadas?...Y si la recibieron..¿la entendieron adecuadamente?...Y si la entendieron adecuadamente…¿por qué salieron? Creo que no nos vale con suponer cuáles serían las respuestas: hay que conocerlas directamente de aquellos que han sufrido el problema en ellos mismos -si es posible- o en sus propios bienes. 

Si no conocemos la contestación a estas preguntas, y no se hace un análisis adecuado de las respuestas, por muchas inversiones en tecnología y avances en modelos que puedan hacerse, no será fácil conseguir una mejor prevención. Por tanto, mi propuesta es que cada vez que ocurra un fenómeno de este tipo, se haga una investigación de oficio por psicólogos sociales sobre estos extremos, además de otras que puedan corresponder.  De este modo se puede ir formando una base de conocimiento con la que, en un trabajo que debería ser conjunto, meteorólogos, técnicos de protección civil, psicólogos sociales y comunicadores meteorológicos deberían llegar a un consenso  sobre cómo realizar, emitir y difundir avisos y alertas. Y todo ello en el contexto, de la a mi juicio, necesaria revisión en profundidad de Meteoalerta.  


El radar es una herramienta crucial en caso de tormentas junto con los avisos y alertas actualizadas. Si se potenciaran y divulgaran adecuadamente las aplicaciones para móviles con estos datos en tiempo real creo que se mejoraría sustancialmente la prevención. 

Mientras tanto, creo que sería necesario desarrollar más y divulgar insistentemente las aplicaciones móviles de avisos y de imágenes radar con mensajes específicos para la zona geográfica donde la persona se encuentre. Y por supuesto, mucha, mucha más atención de los medios de comunicación, al menos los de titularidad pública a una mejor formación del público sobre fenómenos adversos, avisos y alertas. 

5 de julio de 2017

El calor extremo de junio y Climate Central

Me he referido con frecuencia en este blog a las dificultades que entrañaba dar una contestación a los periodistas cuando preguntaban por la relación que podía existir existir entre un fenómeno atmosférico adverso concreto y su relación con el calentamiento global. También me he referido en otra entrada al gran avance que supuso la puesta en marcha de estudios de atribución en los que, mediante enfoques estadísticos o de modelización numérica, se puede establecer la mayor o menor probabilidad de la existencia de esa relación. Y en ese contexto me pareció un gran avance la publicación anual desde hace cinco o seis años por parte de la American Meteorological Society de un número especial de su Bulletin dedicado precisamente a estudios de atribución sobre los fenómenos más inusuales y/o adversos del año anterior ocurridos en distintas partes del mundo.

Sin embargo, desde el punto de vista de la información, divulgación y concienciación de la sociedad, tener que esperar entre uno y dos años para informar sobre esa posible relación es un inconveniente y una penalización muy fuerte.  La noticia -y la experiencia- ya han pasado en gran medida y la interesante historia que podría haberse contado se ha hecho vieja y, con frecuencia, ha sido sustituida por otra. Pues bien, a este problema se ha respondido en Estados Unidos con la creación de Climate Central, una organización independiente de científicos y periodistas de prestigio dedicados a investigar sobre el cambio climático y sus impactos y a divulgar sus resultados y hallazgos de una manera clara y eficaz.

Uno de los servicios que presta Climate Central es el denominado World Weather Atribution (WWA), que tiene precisamente como cometido la realización inmediata de esos estudios de atribución y la difusión pública de los resultados, algo que viene a remediar en gran medida ese importante inconveniente a que antes me refería. En ese contexto el equipo de WWA ha hecho público ya un interesante estudio de atribución sobre las temperaturas récord de junio en Europa occidental y lo ha llevado a cabo tanto por metodología estadística como por las simulaciones efectuadas con modelos climáticos.


Introducción del estudio de WWA sobre junio de 2017 en Europa.


El estudio me ha parecido importante y bien realizado y animo mucho a su lectura. Aunque ofrece mucha información, algunas conclusiones son la rareza del fenómeno en buena parte de Europa occidental, pero sobre todo en Europa y Portugal con periodos de retorno muy altos; la amplia coincidencia entre lo sucedido y lo que muestran los modelos de evolución climática cuando se introduce en ellos el calentamiento antropogénico o la constatación de que el calentamiento global lleva a que estas situaciones sean diez veces más probables en España y Portugal, así como que se vayan extendiendo a meses fuera del estricto trimestre veraniego. 

Es verdad que la rápida publicación de estos resultados no permiten llevar a cabo el proceso típico de publicación de un artículo científico, con sus revisiones anónimas e independientes. Desde luego, esta situación da para ello y estoy seguro de que existirán esos estudios. Sin embargo, me parece irrenunciable y fundamental el camino emprendido por Climate Central: si queremos una mayor concienciación pública y una mayor presión social sobre los gobernantes y toma de medidas eficaces, este tipo de informaciones tienen que obtenerse y difundirse con rapidez, algo que no está reñido -y este estudio creo que lo demuestra- con la seriedad y la sensatez. Eso si: debe quedar claro que es un estudio de alcance hecho en ese contexto y necesidad y, además, los resultados deben difundirse con su probabilidad asociada, porque de ese tipo son los que nos ofrecen una y otra metodología. 

Cuestión distinta es cómo los medios generalistas difundan esa información y con qué titulares. La búsqueda del impacto es difícil de evitar. Sin embargo, creo que iniciativas como la de Climate Central, donde sus periodistas cuidan mucho la comunicación adecuada y cercana de los resultados científicos, van a ir corrigiendo poco a poco ese problema.  

Y por cierto...¿cuando un "Climate Central" español como un proyecto conjunto de nuestras universidades y nuestros comunicadores?


14 de junio de 2017

"Tormentas de calor"


Vuelven a surgir estos días en los medios expresiones como "tormentas de calor propiciadas por las altas temperaturas", algo que, en mi opinión, no es muy adecuado desde el punto de vista conceptual. Por eso me parece oportuno transcribir a continuación algo que ya escribí en este blog hace cinco años, aunque con algún ligero retoque.


En el tiempo veraniego el chorro polar asciende de latitud y por tanto es difícil que sus borrascas afecten a la Península Ibérica. Lo habitual es que predomine sobre ella una gran masa de aire cálido y estable extendiéndose desde el norte de África y dando lugar a un tiempo seco y caluroso. En superficie reina el anticiclón, si bien sobre el centro de la Península la presión baja algo por efecto de ese calor lo que origina una entrada de aire del este-sureste, el llamado viento “solano” en el interior peninsular, que con su sequedad aviva aún mas la sensación de agobio. A veces, el extremo de un frente frío roza el área Cantábrica pudiendo afectar ocasionalmente al resto de la mitad norte. Si lo hace, aparecen tormentas y las temperaturas se suavizan un par de días.

Sin embargo hay una situación veraniega que es la que origina las incidencias meteorológicas más significativas y que, además es la que suele dar más problemas a los predictores. Tiene lugar cuando una débil vaguada o pequeña dana atlántica en niveles medios-altos de la atmósfera, proveniente de un remonte tropical-subtropical, o descolgada de la circulación del chorro que queda muy al norte, y con algo de aire frío en su interior, se acerca lentamente desde el área de Azores-Madeira hacia la Península. Delante de ella predominan los vientos del sur con aire cálido de carácter tropical o subtropical. Si la vaguada está lo suficientemente cerca, este aire proviene del norte de África y llega muy seco con polvo en suspensión. El cielo se torna blanco-plomizo y la sensación de bochorno y agobio es total. Se suelen registrar temperaturas muy altas que, normalmente, pueden ser las más altas del verano si la situación ocurre en la segunda quincena de julio o en los primeros días de agosto.

Unas veces la vaguada se queda estacionaria en esa posición y se suceden los días de temperaturas muy altas: estamos en una ola de calor o, al menos en un periodo de temperatura elevadas. Otras, la vaguada se mueve hacia el oeste o noroeste de la Península con dirección hacia Francia o las Islas Británicas dando lugar a que, tras ella, entre sobre España aire atlántico más fresco limpiando el ambiente y suavizando las temperaturas. La tercera posibilidad es que la vaguada o pequeña (pequeñísima a veces) dana se acerque mucho o finalmente se decida a atravesar la Península dando lugar a una amplia y potente actividad tormentosa.

Este tipo de tormentas no ligadas a frentes o a borrascas frías se las llama a veces “tormentas de calor”. La idea popular que subyace en esa denominación es que “ha hecho tanto calor que al final las tormentas han saltado”. No es así; en una masa de aire cálida y estable a todos los niveles no “saltan” espontáneamente las tormentas.  En ese caso tendríamos tormentas en muchos o todos los días del verano. Lo que a veces ha llevado a esa conclusión es que, justamente durante los dos o tres días anteriores, las temperaturas han sido muy altas  al reforzarse la entrada de aire del  sur o del sureste por el acercamiento de la perturbación en altura.

Un  recordado meteorólogo español -García de Pedraza- decía que las tormentas necesitan “pies calientes y cabeza fría”. Es decir, es necesario que aparezca algo de aire más frío -aunque no sea mucho ni extenso- por las capas medias y altas de la atmósfera de modo que el aire cálido de  las capas bajas pueda ascender y formar las nubes tormentosas. A veces, incluso ocurriendo esto, la humedad del aire que asciende es tan baja que las nubes que se forman tienen su base muy alta y difuminada entre la calima y sólo aparecen algunos amagos tormentosos con  alguna  actividad eléctrica… los también mal llamados “relámpagos de calor” o "fucilazos".  

Esta imagen es de hace dos o tres años, pero ayuda a explicar el concepto. Bajo una amplia dorsal anticiclónica surge toda una familia de tormentas "de calor" eficazmente ayudadas por un débil embolsamiento frío en niveles medios en el seno de una también débil circulación del oest-suroeste.

Por tanto, desde mi punto de vista, no hay estrictamente “tormentas de calor”. Hace falta además que algo ocurra “por arriba” que ayude a subir a la masa cálida de "abajo". Lo que pasa es que a veces es tan poco definido que sólo se ve si se hace un análisis adecuado de los mapas previstos a más de 9000 metros de altura o, sobre todo, mediante una eficaz interpretación de las imágenes de Meteosat, sobre todo en el canal de absorción de vapor de agua. Es probable, por tanto, que el término se acuñase  en tiempos anteriores a los satélites al no disponer de informaciones que pudieran explicar la génesis de estas tormentas en un ambiente aparentemente anticiclónico a todos los niveles. 

En cualquier caso las “tormentas de calor” y los “relámpagos de calor” forman parte de la tradición veraniega española. Esas denominaciones tienen su encanto, -a mi me gustan- y no es mi intención luchar contra ellas. Deseo únicamente que no den lugar a conceptos equivocados.



12 de junio de 2017

Verano en junio

Aunque es verdad que desde el punto de vista climatológico el trimestre veraniego es el formado por los meses de junio, julio y agosto, y que el verano astronómico empieza hacia el 21 de junio, en la calle se identifican como veraniegos los meses de junio y julio.

Sin embargo, al ver la situación de altas temperaturas que ya ha empezado, y que va a afectar durante toda la semana a una buena parte de la Península y Baleares, y teniendo en cuenta otras situaciones de este tipo, uno empieza a pensar si la percepción de la calle no va a acabar coincidiendo con el criterio de los climatólogos, ya que, por supuesto, el de los astrónomos es inamovible. Algunos estudios han ido apuntando a que en la Península Ibérica, el tiempo veraniego se va extendiendo a los meses de junio y septiembre, y por mi parte añadiría que algún zarpazo se ha notado ya también en algún mayo cercano.

Para ver, aunque no sea de una forma del todo científica, esta expansión hacia junio, me ha parecido oportuno consultar la tabla de olas de calor registradas en la Península y Baleares desde 1976 hasta la actualidad de acuerdo con los trabajos de César Rodriguez Ballesteros recogidos en su página web y en el calendario meteorológico de 2016. Con la utilización de esos datos lo que pretendo es disponer de un indicador objetivo de la aparición de periodos muy cálidos durante el mes de junio, sin que ello me lleve a afirmar por el momento si el periodo actual es una ola de calor, -que seguramente lo va a ser en bastantes provincias- algo que ya se verá cuando AEMET presente el correspondiente informe.

Pues bien, de acuerdo con esa tabla, en el periodo 1976-2016, los años cuyos meses de junio han tenido periodos cálidos considerados como olas de calor han sido 1981, 1994, 2001, 2003, 2004, 2011, 2012 y 2015. Como se ve predominan claramente los registrados en el siglo XXI, ya que de 1976 al 2000 sólo hubo dos, mientras que en los 16 años de este siglo llevamos ya seis. Pero también es interesante constatar que, sólo con una excepción, la fecha más temprana de aparición de esos periodos es el 20 de junio. Sólo el año 1981 la ola empezó el día 11 de junio y se extendió hasta el 16.

Por tanto, salvo esa excepción de 1981, los datos indican una progresión de los periodos muy cálidos desde julio hacia junio y quizás -aunque habrá que confirmarlo en próximos años- ya hacia la primera quincena del mes.

Si consideramos la situación actual desde el punto de vista de la circulación atmosférica en el hemisferio norte, vemos que ya en estos días la configuración es muy veraniega con un chorro ondulado, pero alto de latitud, y cuyas ondulaciones -las que nos llegan- lo hacen sin profundizar mucho hacia el interior de la Península. Sólo cabe esperar -salvo la llegada de una vaguada muy profunda, que todavía podría ocurrir durante la segunda mitad del mes- a que nos alcance alguna baja subtropical emigrada desde el sur o alguna débil dana formada por el estrangulamiento de alguna vaguada atlántica. En esos casos  las tormentas y el aire marino refrescarían algo el ambiente.

La situación de la circulación a 500 hPa en la pasada noche (11 al 12 de junio). Es una imagen que podría ser muy típica de los meses de julio o agosto.  Aunque frecuentemente la masa cálida parece provenir de África, las retrotrayectorias nos indican que muchas veces no es así, y que lo que nos llega es una masa de aire tropical-subtropical marítima. A mi juicio, el problema, y lo de algún modo diferente, no es que en junio llegue esa masa, ni que lo haga con esa temperatura (aunque habría que ver si es climatológicamente normal), sino que permanezca tantos días sobre nosotros.
A la vista de los mapas de temperatura de 850 hPa previstos para el próximo domingo por el sistema EPS del Centro Europeo, parece que es todavía bastante posible que la isoterma de 24ºC -que suele ser el umbral para que se alcancen los 40ºC en algunos observatorios- pueda afectar todavía a la mitad sur peninsular. La mayor incertidumbre aparece por el cuadrante nordeste sin que se pueda precisar aún lo que podría dar de sí una entrada de aire relativamente fresco desde el interior del continente. En cualquier caso, es la persistencia de los periodos cálidos, mas que las temperaturas que puedan alcanzarse, lo que creo que debe preocuparnos -y ocuparnos- más

Y de nuevo surge la cuestión: ¿pura variabilidad de la atmósfera -con periodos más o menos largos de retorno- o efecto del cambio climático? No pretendo entrar ahora en debate pero sí creo que el aumento de este tipo de configuraciones de chorro alto y ondulado va en la linea de lo que las proyecciones de los modelos de cambio climático nos dicen.  Y creo que ese aumento podría estar yendo más allá de lo que la variabilidad natural apoyaría.

Es un tema que hay que tomarlo muy seriamente en el marco de las políticas de cambio climático, y ya casi más en el marco de la mitigación, aunque hay que seguir batallando en el de la prevención. Cuanto  me agradaría ver a los políticos debatiendo con seriedad estas cuestiones y planificando acciones concretas.

8 de junio de 2017

El ministro, los meteorólogos y las probabilidades

Hace unos días han sido noticia las declaraciones del ministro ruso de Situaciones de Emergencia con ocasión de la situación de lluvia intensa y vientos muy fuertes que afectó a Moscú la semana anterior dejando varios muertos y grandes pérdidas materiales. En esa declaración el ministro planteaba estructurar un sistema de responsabilidad económica ante predicciones fallidas o mal comunicadas. Es decir, multar a los meteorólogos -¿o a los organismos correspondientes?- cuando fallen en sus pronósticos o no los comuniquen bien. 

Efectos del temporal en Moscú (foto: AP)

Creo que en esta cuestión cabe distinguir dos aspectos. El primero es que los meteorólogos, como los demás trabajadores, son responsables de cumplir su cometido siguiendo los protocolos establecidos por su empresa u organismo, y si se demostrara una clara negligencia en ello deben recibir el apercibimiento o la sanción correspondiente. Esto es evidente y no cabe darle muchas más vueltas. 

Sin embargo, en predicción meteorológica, las cosas no suelen en general ir por ahí. El fallo proviene normalmente de algún error en los modelos de predicción o de la no idoneidad de protocolos de trabajo o de comunicación, que deberían ser renovados con bastante frecuencia respondiendo a las demandas sociales o a las evoluciones tecnológicas. Y en este contexto hay algo a lo que debe prestarse gran atención y que, a mi juicio, debe ser incluido más pronto que tarde en los protocolos técnicos, y sobre todo de comunicación, en situaciones de fenómenos adversos. Me refiero, como no puede ser de otro modo, a la predicción probabilística. 

No conozco en detalle la situación atmosférica que afectó a Moscú, ni que modelos o técnicas emplearon los predictores, o si el problema fue estrictamente de comunicación. En cualquier caso lo sucedido me recuerda a otra situación en Nueva York -en este caso de nevadas- donde ocurrió también un importante fallo de predicción y que hizo que Louis Uccellini, el director del National Weather Service, reconociera que las cosas hubieran ido mejor si se hubieran tenido más en cuenta las predicciones probabilísticas.  

Conviene recordar a este respecto que los distintos escenarios, normalmente no más de tres o cuatro, que nos ofrecen estos modelos, no nos sirven sólo para atribuir un valor porcentual de ocurrencia a la evolución más probable. Nos ofrecen también otros escenarios con menor probabilidad pero también posibles, de los que hay que estar al tanto -y de los que hay que avisar de forma adecuada- sobre todo si presentan caracteres potencialmente adversos.

Creo que este planteamiento debe introducirse cuanto antes en las rutinas de trabajo de los centros meteorológicos -en buena medida en varios de ellos lo está- pero sobre todo en los protocolos de comunicación hacia autoridades y público. Soy consciente de las resistencias y temores que provoca esta cuestión por miedo al rechazo o a una mala comprensión. No estoy seguro de que eso ocurriera si se hacen las cosas bien pero, en cualquier caso, si el reconocido mejor modelo del mundo informa de la probabilidad -aunque sea baja- de que ocurra un fenómeno adverso importante en una zona concreta, el público afectado debe saberlo y saber también la probabilidad, sea la que sea, de modo que se le facilite la toma de decisiones responsables. 

También es posible que este fenómeno de Moscú, pudiera por sus dimensiones, no haber sido bien resuelto por un modelo de relativa -solo relativa- baja resolución como es el del Centro Europeo. Sin embargo,  los modelos probabilísticos de mesoescala van estando ya disponibles ya en algunos países, y en España es probable que los tengamos también muy pronto. Si es así, creo que habría que preparar ya los protocolos de comunicación adecuados para aprovechar toda su capacidad predictiva en el campo sobre todo de los fenómenos adversos.  

Por tanto, creo que el ministro debería exigir más probabilidades que multas. Es el camino a seguir si realmente se quiere informar mejor en este campo.

2 de junio de 2017

Tormentas...¿qué más podemos hacer?

Las imágenes de las últimas e intensas tormentas en Ágreda, Teruel y Minglanilla...y las que me temo que todavía podamos ver durante este fin de semana, me plantean algunas reflexiones y preguntas sobre sí podríamos hacer algo más en cuanto a un conocimiento más profundo de estos fenómenos en nuestro país así como para aumentar la autoprotección de la población. 

Granizada de Ágreda (foto: El Mirón de Soria)
Destrozos por la tormenta en Teruel (foto: El Heraldo)
Inundación relámpago en Minglanilla (foto: Cadena SER)

Cuando se ven  esas tremendas inundaciones "relámpago", o las ingentes cantidades de granizo caídas en muy poco tiempo, las preguntas que uno tiende a hacerse son: ¿tenemos cada vez más tormentas? ¿son más intensas que antes?... Una primera e inmediata respuesta es que, ahora, lo que hay son muchas más posibilidades de observación y de comunicación. De este modo, muchas tormentas que antes pasaban desapercibidas ahora no lo hacen y, por tanto, la gran cantidad de información sobre ellas no quiere decir necesariamente que estén aumentando en número o en intensidad. Y puede que sea así..., pero sería interesante intentar comprobarlo.

Es muy difícil llevar a cabo una climatología de tormentas, algo que sería la única forma de estudiar su evolución, y sobre todo sus tendencias. No cabe hacerlo sino por sus fenómenos asociados. En el ámbito de la teledetección pueden serlo las descargas eléctricas o mediante su caracterización y clasificación por datos de radar y satélite. Y por lo que se refiere a datos más convencionales pueden utilizarse las medidas de las intensidades de precipitación, y, en el caso de algunas tormentas severas, la observación directa o indirecta de tornados, algo que ya se inició algunos años y que espero que continúe. 

En relación a los métodos de teledetección, AEMET lleva ya bastantes años desarrollando una climatología de rayos que ha ofrecido y puede seguir ofreciendo informaciones muy importantes sobre la caracterización y tendencia de la actividad eléctrica ligada a tormentas. Creo que son informaciones que deberían difundirse más hacia los medios -adecuadamente comentadas- a través, quizás, de algunas de las ruedas de prensa periódicas que ofrece la Agencia y por supuesto de su web.

Por lo que se refiere a otro indicador indirecto, pero tambièn de gran importancia, como es el de la intensidad de las precipitaciones, es verdad que,  hasta hace no mucho tiempo, la poca densidad de estaciones dotadas de este tipo de medida y lo complejo de su caracterización y normalización, hacía muy difícil trabajar con ese indicador, y aún así, algunos trabajos existen. Sin embargo, muchas estaciones automáticas ofrecen ya este dato de modo sistemático y por otra parte son también muchas las estaciones de redes de aficionados que lo miden. ¿Sería por tanto posible la preparación de un protocolo de observación y recepción de estos datos por parte de AEMET? Se construiría así una nutrida base de datos de intensidades que permitiera el desarrollo de estudios climatológicos más profundos sobre su evolución en tiempo y espacio. Sé que es complejo, pero pienso sinceramente que es importante disponer de una actualización continuada de esas informaciones para múltiples actividades y proyectos, y más en el contexto del cambio climático. 

Cuestión aparte es el tema de la prevención. Está claro que, aunque existan avisos, no hay forma de salvar cosechas o evitar grandes destrozos urbanos cuando se presentan trombas de estas características. Pero sí creo que con una utilización más intensiva de las informaciones de la red de radares de AEMET y de los teléfonos móviles, podría avanzarse en la autoprotección de las personas y de bastantes bienes domésticos, algo difícil de lograr con la actual sistemática de avisos convencionales que, en cualquier caso, necesita una revisión.

Actualmente ya existen en la web de AEMET y accesibles por móvil imágenes radar.  Existe también una app comercial para móviles que también las proporciona, y que incluso puede enviarnos un mensaje cuando la precipitación se encuentra a una cierta distancia de nuestra ubicación. 

Pues bien, creo que se podría ir más allá. Existen algoritmos que, aún con sus fallos, nos indican el desplazamiento más probable de esas precipitaciones en los próximos quince o treinta minutos, una información que puede difundirse tanto como imagen o como datos. Por tanto, al igual que ya se hace con muchos otros temas de interés público, podría desarrollarse -creo que por parte de AEMET- una aplicación para móviles que enviara imágenes reales y previstas (informando claramente de sus limitaciones) a cualquier persona interesada añadiendo incluso algún consejo o recomendación desde el punto de vista de la autoprotección.

Naturalmente, un uso amplio, adecuado y útil de estas informaciones, exigiría una acción continuada de difusión y divulgación por televisión y redes sociales. Además, una acción de este tipo iría abriendo camino a la futura difusión de avisos probabilísticos a muy corto plazo, quizás con una sistemática muy distinta a la actual, que serán posibles una vez que AEMET tenga en operación su sistema de predicción probabilística a muy corto plazo. 

Vamos a intentarlo. Merece la pena.

11 de mayo de 2017

¿Quién dará agua a quién? (Reflexiones ante un nuevo Plan Hidrológico)

Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico de la Universidad de Alicante y responsable de su Instituto de Climatología, ha pronunciado una conferencia en la localidad de Rojales bajo el título "Cambio Climático y riesgos en el litoral mediterráneo español"en la que se ha mostrado contrario a que en el nuevo Plan Hidrológico Nacional se consideren acciones de trasvases entre cuencas. 




Me parecen importantes algunos párrafos que sobre la conferencia publica el periódico "La Crónica Independiente", y los transcribo a continuación:

"...el nuevo Plan Hidrológico Nacional (PHN) no debe ni puede, ante la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea,  presentar  modelos trasvasistas  de unas cuencas hidrográficas a otras. Como mucho  hay que mantener los que hay (en referencia  al trasvase Tajo-Segura), el cual  sufre una gran sequía en su zona de cabecera, que va a más por el cambio climático y trae cada vez menos agua al Levante."

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"El catedrático estimó que en la coyuntura climática actual  se deben arbitrar  una serie de estudios y ponerlos en marcha de  “como deben  funcionar los territorios sin trasvases de otras cuencas, definir políticas de abastecimientos  territoriales basados en la desalación y reutilización, y en algunos casos crear y mejorar infraestructuras para la recogida y aprovechamiento de agua de lluvia"

No puedo estar más de acuerdo con los planteamientos de Olcina, aunque difiero en que se mantenga "como mucho" el trasvase Tajo-Segura.  Y ello no por una cuestión de solidaridad o insolidaridad entre territorios -que si es justa y bien entendida debe existir-, sino simplemente, y como cada vez está más claro, porque los embalses de la cabecera del Tajo no tienen frecuentemente recursos ni para abastecer adecuadamente las necesidades de su cuenca, y es probable que cada vez tengan menos.

Es posible que cuando se diseñaron los grandes embalses de esta cabecera, las lluvias anuales pudieran generar un cierto superávit de agua para las necesidades de la cuenca, pero, más allá de que esas necesidades han aumentado, lo cierto es que, como muchas veces he hecho notar, desde finales de la década de los setenta o principios de la de los ochenta, la percepción de muchos meteorólogos, aficionados y campesinos es que el régimen de precipitaciones sobre la Península Ibérica ha cambiado. De frecuentes y continuadas entradas de vientos ábregos y llovedores del Atlántico, que dejaban precipitaciones abundantes de lluvia y nieve en los ríos de la vertiente atlántica, se ha pasado a otro régimen de carácter más irregular y bastante menos eficiente para el llenado de acuíferos y pantanos. 

Se trata con frecuencia de chubascos más o menos intensos que provocan rápidas escorrentías con poco almacenamiento, al tiempo que las grandes nevadas en las cordilleras disminuyen en gran medida. Por tanto, y más si esa es la tendencia a la que apuntan las proyecciones climáticas, los embalses de la vertiente atlántica tendrán -salvo algunas excepciones- muy mermadas sus reservas. Y todo ésto en un contexto más general de una moderada disminución general de las precipitaciones, más notable en primavera.

Lo que si reconozco en cualquier caso es que las decisiones que se tomen en la planificación de un nuevo Plan Hidrológico Nacional deben estar basadas no en percepciones sino en los estudios científicos rigurosos. A tal efecto creo que deberían divulgarse más los trabajos de investigación que muestren este cambio de régimen en tipos y distribución de precipitaciones y, de no existir tales, deberían llevarse a cabo lo antes posible.  Pienso que con los reanálisis meteorológicos disponibles ahora ya desde finales del siglo XIX, no parece que sea difícil caracterizar y catalogar cuatro o cinco modelos o patrones de la circulación atmosférica en la zona geográfica de la Península Ibérica y ver su evolución con el tiempo así como el cambio de frecuencias entre ellos. 

Y del mismo modo que se estudia el pasado, me parece que sería también muy interesante hacer una investigación parecida con los patrones futuros de la circulación atmosférica que nos ofrezcan las proyecciones de evolución climática. Además de saber -siempre en un sentido probabilístico, claro está- lo que a llover, deberíamos saber también cuál va a ser el carácter de esas precipitaciones. Así podría diseñarse cuál es el mejor uso que podemos hacer de ellas y cuáles son las alternativas. Además, el conocimiento del tipo de circulación, aunque sea a grandes rasgos, nos permitiría ir conociendo la distribución territorial de las precipitaciones...¿Podría ser cada vez más frecuente que -como ha ocurrido en los últimos doce meses- el índice de precipitación haya sido mayor en las Comunidades de Valencia y Murcia que en amplias zonas de la vertiente atlántica?



Pero aunque, al menos por ahora, ésto sea una singularidad y la escasez de precipitaciones haya castigado mucho también a la zona mediterránea en los últimos años, el problema de esa escasez es común para todos. No cabe sino fijarse en el mapa del índice de precipitación de los tres últimos años y ver la situación en las distintas comunidades:



Por tanto creo necesario que un Plan Hidrológico Nacional tenga en cuenta este tipo de estudios -que debe tenerlos-  además de otras consideraciones socioeconómicas. Y también que las soluciones que plantea Olcina son de todo punto necesarias. ¿Sólo para el área mediterránea? 

No sabemos en el futuro quien abastecerá de agua  a quien...pero hay que intentar conocerlo.