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27 de noviembre de 2017

Dos cabalgan juntos (O cómo obtener lluvia del modo que sea)

Mientras seguimos esperando una bajada en bloque del chorro polar que nos traiga un temporal de lluvias atlánticas, o una dana colocada en el lugar adecuado para generar una adecuada situación de lluvias mediterráneas, y con un poco de suerte, también atlánticas, buena es cualquier situación que, mediante un mecanismo u otro, nos regale la deseada precipitación. Pues bien, una de ellas, que no es de los más corrientes, es la que va a tener lugar durante las últimas horas del martes y el miércoles y  podría dar lugar a lluvias, algunas significativas, en la mitad sur peninsular.

Comencemos viendo la imagen del canal de vapor de agua de Meteosat de primera hora de esta mañana. 

Imagen del canal de vapor de agua de Meteosat de hoy, a las 09 UTC. Son de destacar las dos amplias bandas de carácter tropical-subtropical fluyendo casi paralelamente. La más oriental corresponde al chorro subtropical mientras que la más occidental está provocada en buena medida por la circulación asociada a la baja atlántica. 

Destaca con toda claridad la amplia borrasca atlántica situada al suroeste peninsular y la amplia banda de la circulación tropical-subtropical que, por su flanco delantero, se dirige, subiendo poco a poco de latitud, hacia la Península. Si bien la imagen refleja la gran humedad existente entre los 500-600 hPa aproximadamente, la que muestra el agua total precipitable - que de algún modo nos marca la intensidad y recorrido de los denominados "ríos atmosféricos"- nos indica que esa circulación contiene globalmente mucha humedad. Es la que, en combinación con un mecanismo adecuado como ascensos verticales dinámicos, o choques con obstáculos orográficos, puede dar lugar a esas cantidades significativas de precipitación.



Pues bien, a partir de mañana ese "río" va a enfocarse más hacia el sur-suroeste peninsular y la cuestión que cabe preguntarse ahora es sí va a encontrarse con un mecanismo -aparte de los orográficos- que provoque ascensos que, a su vez, sean capaces de generar espesas nubes precipitantes. Pues parece que sí, vamos a buscarlo.

En la zona norte de la imagen de Meteosat empieza a destacarse, aunque todavía se ve con dificultad, una zona oscura sobre Gran Bretaña que va unida a la formación de una vaguada del chorro polar. Esa vaguada se va a ir profundizando más, al tiempo que el chorro, en cuyo seno se encuentra, va a descender de latitud encontrándose ya mañana por la noche sobre el área Cantábrica. Va a ir acompañada por un frente frío en superficie que recorrerá la Península de norte a sur durante la noche del martes al miércoles y el propio miércoles.

Este mapa nos muestra las posiciones e intensidades de los chorros al nivel de 300 hPa a primera hora del miércoles 29. Puede observarse al chorro polar sobre el norte peninsular y, por otra parte, a un ramal de la circulación subtropical que rodea a la baja atlántica y que ha remontado desde el suroeste curvándose anticiclónicamente. Es importante el acercamiento entre ambas circulaciones.

Por sí misma, esta situación daría precipitaciones abundantes de lluvia y nieve en las áreas Cantábrica y pirenaica, mucho más débiles en otros macizos montañosos de la mitad norte y de forma ya muy aislada y casi testimonial en algunas de las sierras béticas. Sin embargo, en este caso, la masa de aire frío del frente, se va a encontrar en el tercio/mitad sur peninsular con el aire húmedo arrastrado por la circulación subtropical. Ese aire frío, al ser más denso, entraría en cuña bajo el aire húmedo y lo levantaría potenciando la formación de nubes. En ese proceso también ayudan los ascensos verticales que normalmente acompañan a zona delantera de la vaguada en altura. Todo ello es ya de por sí suficiente para que se generen precipitaciones; pero hay algo más.

Sin que la circulación subtropical parezca que sea un chorro potente -aunque eso se vería mejor en el nivel de 200 hPa- vemos que los mapas previstos de chorros para el miércoles sí nos muestran el acercamiento del chorro polar a la circulación subtropical. Llegan, no tanto a confluir sus núcleos principales -porque el subtropical suele encontrarse por encima del polar-, sino probablemente a superponerse uno sobre otro y, en cualquier caso, reforzando la intensidad del chorro polar o, ahora, chorro superpuesto (jet superposition o superposed jet en la literatura anglosajona). Debo confesar -y por eso he puesto el título que he puesto- que cuando me encuentro con ese discurrir conjunto de ambos chorros siempre me acuerdo de aquella estupenda película del oeste dirigida por John Ford titulada "Dos cabalgan juntos".

Durante la tarde del miércoles, la circulación del chorro polar ha confluido con la subtropical apareciendo sobre el sureste peninsular un máximo relativo de viento. La zona de "entrada" con curvatura anticiclónica se encuentra sobre el suroeste peninsular e irá acompañando al máximo en su desplazamiento hacia el norte de África. 

Pero ¿que nos puede aportar esa "cabalgada" conjunta?. Pues, como ya hemos visto, una intensificación de una zona del chorro, un máximo de viento que se iría propagando desde el suroeste por el sur peninsular. Es bien sabido que la zona delantera del lado ciclónico de un máximo de viento -zona normalmente difluente- suelen darse marcados ascensos del aire pero, sin embargo, quizás sea menos conocido que también se dan ascensos en esa zona anticiclónica trasera "de entrada", que acompañaría al máximo de viento en su recorrido por el sur. 

Por tanto, como vemos, existen varios potenciales mecanismos que podrían dar lugar a precipitaciones significativas en zonas de la mitad sur, siempre que haya una interferencia "constructiva" más que "destructiva" entre unos y otros. En cualquier caso, potencialidades para algunas precipitaciones interesantes existen.

Precipìtación acumulada desde hoy hasta el próximo jueves, día 30, a las 06 UTC. Pueden verse dos zonas claramente diferenciadas: la del norte, debida a la entrada del aire polar y la de la mitad sur, consecuencia en buena medida de la interacción entre la circulación polar y subtropical y sus masas de aire asociadas. 

A partir del jueves-viernes, esa "cabalgada conjunta" se alejará por el Mediterráneo-norte de África mientras que la Península y Baleares quedaran ya bajo la circulación del chorro polar. Éste, junto con el frío, nos regalará de nuevo nevadas en las áreas cantábrica y pirenaica,  más débiles  y dispersas en el resto de los sistemas montañosos y, quizás, en algunos altos páramos de Castilla y Aragón. A falta -todavía- de grandes temporales, bienvenida sea el agua por uno u otro mecanismo. 

17 de noviembre de 2017

¿Cuándo va a llover?

Antes que nada, y para evitar gasto de tiempo y no llevar a equívocos al lector que, ilusionadamente, haya abierto esta entrada, esperando encontrar la respuesta a esa pregunta, debo decir que, lamentablemente, no va a encontrar aquí una respuesta concreta. Sí la pongo como título es porque refleja la gran cuestión que hoy está en la conversación de muchísimas personas, en los medios de comunicación y en las redes sociales. 

He notado que, en el fondo de esas conversaciones y comentarios, late una cierta decepción y un punto de tristeza al constatar que, en una época de tantos avances científicos y tecnológicos, la meteorología no pueda aún ofrecer una respuesta concreta más allá de unos días vista, al menos para nuestras zonas geográficas. La complejidad del sistema Sol- Océano-Atmósfera, es tanta que, aunque cada vez conocemos un poco más,  no es suficiente todavía para modelizarla adecuadamente de modo que podamos obtener predicciones más certeras. Y a ello hay que unir la propia naturaleza caótica de la atmósfera con la necesidad de establecer siempre predicciones de carácter probabilístico. Todo ello hay que explicarlo con sencillez y asumirlo al igual que también asumimos con satisfacción la espectacular mejora de las predicciones a corto y medio plazo durante los últimos 15 o 20 años. 

Sin embargo, la constatación de esta dificultad predictiva así como la del conocimiento del carácter cíclico de las sequías en la cuenca mediterránea, no parece que aún hayan convencido del todo a los distintos responsables para tomar medidas más eficaces sobre la gestión del agua. Ya en primavera, a la vista de la situación en aquel momento, comentábamos las dificultades que íbamos a experimentar si el otoño venía seco, como así está siendo. No veníamos ya de una situación de superávit hídrico: si tomamos los datos de los informes publicados en los últimos años por AEMET, cabe recordar que el último año con carácter de "muy húmedo" fue el 2010 (el único que ha habido hasta el momento al menos desde 2005). Después, 2011 y 2012 fueron secos, 2013 y 2014 aproximadamente normales, 2015 muy seco, 2016 normal y 2017....ya vemos como se está comportando. 

Pero, más allá del carácter concreto de cada año en los que se refiere a valores absolutos de precipitación, es muy importante tener en cuenta dos cosas más. La primera es la importancia que tiene el "cómo llueve", es decir, si esas lluvias son las más adecuadas para rellenar acuíferos y embalses y ayudar a la agricultura o bien su distribución irregular durante el año y/o su torrencialidad no las hace las más adecuadas, como en buena medida viene ocurriendo. Por otra parte, el carácter cálido o muy cálido predominante de estos últimos años está favoreciendo mucho evaporaciones y evapotranspiraciones contribuyendo así de un modo notable al déficit hídrico. 

Y no nos puede servir de mucho consuelo pensar que, de acuerdo con las proyecciones climáticas, las lluvias, aunque disminuyendo, lo harán de forma muy pausada. Aún en el caso de que eso sea cierto, lo que sí parece muy probable es que su irregularidad o torrencialidad y la acusada evaporación se mantengan o incluso puedan aumentar. Ante este panorama creo que debe ir abandonándose, o al menos matizádose mucho, ese comodín de que las sequías son cíclicas en el área mediterránea y de que, al final, siempre llueve. Más bien deberíamos asumir la alta probabilidad de que nuestros recursos hídricos van a ir siendo menores por las causas expuestas. Y desde esa asunción, planificar a largo plazo una adecuada gestión hídrica si no queremos vernos en serias dificultades. 

En cualquier caso, si algún lector ha llegado hasta aquí, creo que merece que hagamos algún intento de acercamiento, más que de respuesta, a la pregunta que da título a esta entrada. Pues bien, si consultamos los mapas probabilísticos del Centro Europeo, vemos que entre mediados y finales de la próxima semana algunas vaguadas atlánticas pueden acercarse al oeste peninsular y provocar lluvias en el noroeste y puntos de la mitad oeste.  En cualquier caso la incertidumbre es bastante alta y todavía podría haber cambios en uno u otro sentido.
Predicción probabilista del Centro Europeo para el sábado 25 de noviembre. La configuración del modelo determinista facilitaría la aparición de lluvias en la vertiente atlántica, pero los fuertes tonos morados al oeste nos indican todavía bastante incertidumbre, de modo que la vaguada o borrasca fría pudiera quedarse al oeste peninsular y provocar una entrada cálida sobre la Península Ibérica.

No son muy optimistas tampoco los mapas de predicción del mismo Centro para las próximas tres semanas, ya que siguen apuntando a anomalías cálidas y secas sobre nuestras zonas. Y es muy preocupante porque, de cumplirse, noviembre podría acabar muy seco y con él, el trimestre otoñal. 

Anomalías de precipitación y de temperaturas para la semana del 20 al 26 de noviembre. Lluvias en general por debajo de lo normal salvo en el oeste-noroeste peninsular donde serán normales y temperaturas en todas las zonas, por encima de los valores normales. 
Anomalías para el 27 de noviembre al tres de diciembre y del 4 al 10 de ese mismo mes.  Las precipitaciones van tendiendo a la normalidad en la mitad norte y las anomalía cálida se va debilitando. 

Nos toca confiar ahora en el invierno. Aunque es verdad que, en general, el otoño es siempre más lluvioso que el invierno, ha habido algunos de éstos que nos han ofrecido sorpresas interesantes. Recordemos por ejemplo el año 2009 cuando, tras once meses secos o muy secos, la segunda quincena de diciembre fue especialmente lluviosa, algo que se prolongó durante enero y febrero de 2010. ¿Pasará así en esta ocasión? Es posible, pero, al menos desde la meteorología "ortodoxa", no lo sabemos. Ojalá sea así. Lo que sí sabemos es que en una sociedad actual no podemos ligar solamente nuestro bienestar a esa idea, desde mi punto de vista muy peligrosa, de que "al final siempre acaba lloviendo".