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29 de diciembre de 2017

Meteo 2017: Hechos y opiniones

Se acaba un año pródigo en acontecimientos meteorológicos. De varios de ellos me he ocupado en este blog, bien desde un punto de vista analítico, o desde las preguntas y retos que con frecuencia nos han planteado. 

Si damos un rápido vistazo a las entradas de 2017 nos encontramos para empezar con el fuerte temporal de nieve en la Comunidad Valenciana y zonas del bajo Aragón en enero, con graves problemas originados en el tráfico ferroviario y automovilístico y que destacó, entre otros aspectos, por su actividad convectiva y la aparición de algunas posibles lluvias engelantes, extremo éste que quedó sin determinar claramente. 




A mediados de marzo destacaron los fortísimos vaivenes térmicos con caídas de 12 a 14ºC en 24 horas y algunas precipitaciones muy significativasEn este contexto es impresionante el caso de Alicante que pasó de batir el récord de temperatura máxima de marzo y abril con nada menos de 34,8ºC en su aeropuerto a alcanzar, tres días después, otro récord: el de máxima precipitación en 24 horas, con 137 mm, algo verdaderamente significativo ya que las lluvias mediterráneas más intensas siempre las hemos atribuido al periodo otoñal.

Ya en junio nos sorprendió con una fortísima ola de calor -no sólo en España sino también en buena parte de Europa- que batió muchos récords y que no hizo sino seguir confirmando los estudios que indican que el verano le va robando días a la primavera.



 Julio tampoco se quedó atrás en temperaturas máximas de modo que Córdoba alcanzó la máxima absoluta nacional con 46,9ºC el 13 de julio, algo que provocó un gran debate sobre la obtención y validación de temperaturas en los distintos observatorios de la red secundaria donde, al parecer, se registró algún valor todavía más elevado. 



Pero julio también tuvo en su comienzo unos días de fuertes tormentas con crecidas relámpago en algunos torrentes que originaron algunas víctimas mortales, de modo que volvió a plantearse la eficacia en la difusión de los avisos de fenómenos adversos. 

Justo en su comienzo, agosto nos proporcionó un nuevo episodio de altas temperaturas que afectó al área mediterránea con la aparición de algunos fenómenos locales que intensificaron más si cabe el efecto de la propia entrada cálida. Fue muy destacable en esta situación la gran extensión meridional de la estrecha vaguada en cuya zona delantera se produjo la advección cálida. 

Imagen de Meteosat canal WV del 1 de agosto

En octubre nos sorprendió la trayectoria del huracán "Ophelia" pero sobre todo su mantenimiento como tal huracán hasta latitudes muy elevadas así como su posible relación, más o menos directa, con los fortísimos incendios forestales que se registraron coincidiendo con su paso -aunque a cierta distancia- en Portugal y Galicia. Una cuestión -la de esta posible relación, no sólo por viento- que, como ya indiqué en la entrada correspondiente, creo que debería estudiarse más a fondo.

A las 19 UTC del 15 de octubre, cuando los incendios surgían con gran intensidad en el noroeste peninsular. Ophelia pasaba cerca de Galicia y provocaba sobre estas zonas una notable entrada de aire tropical al menos en la troposfera media, con un claro aumento del viento en superficie. 

Y ya, en diciembre, la novedad ha sido el inicio del bautismo de borrascas intensas habiendo recibido hasta ahora a "Ana" y "Bruno", que no han dejado de ser las típicas borrascas, sobre todo muy ventosas, del principio del invierno. Como decía en la entrada correspondiente, bienvenida la decisión de bautizar si éste es el acuerdo de tres Servicios Meteorológicos si bien sigo pensando que debería ser una decisión de la OMM. En cualquier caso creo que sigue existiendo el riesgo de que se asocien biunívocamente nombres y peligrosidad. 

Pues bien, en el contexto de todas estas situaciones he ido expresando mis opiniones sobre aquellas cuestiones que a mi juicio deberían abordarse para lograr un mejor servicio público en un sentido amplio. En cualquier caso, ahora, a punto de finalizar el año, me quedo con dos de ellas que me parecen fundamentales. 

Por una parte, y como tantas veces he apuntado, creo muy importante la revisión en profundidad del Plan de Avisos Meteorológicos o Meteoalerta.  Pienso que esa revisión debería abordarse desde un punto de vista multidisciplinar para mejorar sobre todo la determinación de los umbrales de aviso y asegurar la mejor difusión y comprensión de los mensajes. Es un servicio público fundamental que no es sólo responsabilidad de AEMET, aunque sea "el actor" principal, sino también de las Protecciones Civiles, expertos en gestión del territorio, psicólogos sociales y comunicadores. 

Por otro lado, algunas de las situaciones atmosféricas que se han producido enmarcadas en el contexto de una tendencia ya observada durante varios años, hacen pensar en cambios en las circulaciones a gran escala que afectan a la Península. Estudiar -y explicar- la mayor o menor relación de ellas con el calentamiento global, así como la evolución que cabría esperar en esas circulaciones atmosféricas -polares y subtropicales-, y su impacto en nuestra vida, me parece también de gran importancia.

Y antes de finalizar, no quiero dejar de señalar algo que me resulta muy positivo y es la mayor accesibilidad gratuita a productos del Centro Europeo tanto a través de las webs de AEMET y Tiempo.com. Además, y aún con las dificultades que subsisten, el uso y la comprensión de los productos probabilísticos  por parte de los aficionados va creciendo lentamente, así como su presencia -todavía muy discreta- en algunos espacios  de información meteorológica. Al menos para mí, es un avance significativo. 

Y ahora ya esperemos la evolución de todo ello en 2018....y las nuevas sorpresas de la atmósfera. Mientras tanto, mis mejores deseos para todos los amigos y seguidores de este blog en este nuevo año.

9 de diciembre de 2017

Recibiendo a "Ana"

En varias ocasiones he expresado mi opinión contraria al hecho cada vez más extendido de "bautizar" con nombres propios a borrascas intensas o con potencial peligrosidad con el fin -se dice- de llamar más la atención del público sobre los riesgos asociados. He justificado esa opinión por dos razones. La primera, por la posibilidad de que se asocie necesariamente nombres con peligrosidad, de tal modo que, sí una borrasca u otro fenómeno atmosférico no lo tiene, se pueda bajar la guardia al suponer que no se van a producir fenómenos adversos. Es algo parecido a lo que ocurrió hace unos años en Estados Unidos con "Sandy" cuando dejó de ser "Sandy" o el ejemplo de aquí mismo con la asociación entre "gotas frías" e inundaciones, asociación que, aún dándose en ocasiones, no se verifica siempre ni en uno ni en otro sentido. La segunda razón estaba basada en mi convencimiento de que una decisión de este tipo debe adoptarse en el seno de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) con unos criterios y normas que afecten a todos los Servicios Meteorológicos, y a las que podrían incluso sumarse algunas empresas privadas de meteorología que también han decidido utilizar esta práctica. 

La verdad es que esperar a que la OMM tome una decisión en este aspecto implica aguardar pacientemente, incluso años, dada el complejo funcionamiento de una estructura de este tipo y la necesidad de buscar consensos ante opiniones muy distintas. Quizás sea esa razón, junto con la de que no quede una iniciativa de este tipo en manos de organizaciones privadas, la que ha llevado a AEMET, Météo-France y el Instituto Portugués del Mar y la Atmósfera a establecer un acuerdo para nombrar a borrascas de especial peligrosidad con nombres propios. En él, se establecen unos criterios conjuntos de funcionamiento, y también una coordinación con los Servicios Meteorológicos de Gran Bretaña y de Irlanda que ya utilizan esta práctica desde hace algún tiempo. Se pretende, además, ir extendiendo esta iniciativa al resto de Servicios europeos.

Si bien sigo todavía sin ver la utilidad real o el beneficio de una acción de este tipo más allá de un primer impacto mediático, creo que, una vez tomada la decisión, los criterios establecidos son bastante adecuados y prácticos. Quizás, como ya pasó en el caso de los avisos meteorológicos agrupados en Meteoalarm, sea una demostración de este tipo a nivel europeo, y la constatación de su posible eficacia, lo que abriría camino a la iniciativa de la OMM a escala mundial. En cualquier caso creo que habrá que hacer hincapié en que el hecho de que una borrasca no lleve nombre no quiere decir necesariamente que haya que bajar la guardia ante ella y a eso va a ayudar desde luego que en estas situaciones siempre tienen que darse en paralelo con avisos rojos o al menos naranjas. Y ésto es, si cabe, aún más necesario teniendo en cuenta que, al menos en principio, sólo recibirán nombre las borrascas atlánticas y no las mediterráneas. 

Pues bien, nada más puesta en vigor esta iniciativa (lo ha sido el 1 de diciembre) ya se presenta la primera aplicación práctica en una época climatologicamente muy adecuada como es el inicio del trimestre invernal. A partir de mañana domingo se pone en marcha un proceso de ciclogénesis explosiva que va dar lugar a una borrasca muy profunda, con paso rápido por el Golfo de Vizcaya hacia el interior europeo, que va a provocar vientos muy fuertes, temporal duro en la mar y lluvias copiosas en algunas zonas. De acuerdo con la lista consensuada de antemano, ya tiene nombre: "Ana" y así figura ya en algunos productos de los Servicios Meteorológicos afectados. AEMET ya la denomina de este modo en su último aviso especial  o en su mapa de superficie previsto para las 00 UTC del próximo lunes:
Mapa de presión en superficie previsto por AEMET para las 00 UTC del próximo lunes. "Ana" aparece en el golfo de Vizcaya.
También lo hace el Servicio Meteorológico portugués en este comunicado especial . Por su parte, Météo France, aún haciendo ya referencia a esta situación no parece que aún haya hecho referencia explícita a "Ana" aunque pueda hacerlo en cualquier momento.  Por su parte, en los mapas del Met. Office británico no aparece aún esta denominación:

Mapa de presión en superficie previsto por el Met. Office para las 00 UTC del próximo lunes. Como no puede ser de otra manera es casi idéntico al emitido por AEMET aunque, al menos hasta ahora, a la borrasca del golfo de Vizcaya no se la distingue con ningún nombre. 
Por otra parte, tengo curiosidad por conocer cuál será la decisión adoptada por el departamento de Meteorología de laUniversidad Libre de Berlin que lleva ya muchos años bautizando borrascas y anticiclones de acuerdo con una lista propia. ¿Será respetada la denominación de "Ana"?

En fin, aunque sigo siendo algo escéptico, acojo con mucho interés esta iniciativa y deseo que se vaya demostrando su utilidad. Recibimos pues a "Ana" por una parte con alegría por las lluvias y nieves que pueda traer, y con preocupación por otra, por los posibles destrozos y problemas que el viento pueda ocasionar. Esperemos que no sean tan graves como, al igual que en el caso de los huracanes muy dañinos, se decida quitar su nombre de sucesivas listas, algo que podría llegar a plantearse en alguna ocasión con este tipo de borrascas. De momento, tras Ana, llegará "Bruno" aunque aún no atisbamos su nacimiento.